Banca y finanzas

Debate sobre la mesa: ¿el euro digital extingue o aviva las crisis financieras?

El euro digital enfila meses clave. La Comisión Europea ultima el reglamento que lo regulará y la fecha de octubre está fijada en calendario para decidir si arranca la fase de pruebas, aunque la acuñación efectiva se retrasaría, al menos, tres años. Pero la proximidad del proyecto ha despertado un viejo debate sobre nuevas fórmulas para atacar la gran vulnerabilidad de la banca: el riesgo de retiradas compulsivas de depósitos, que en volúmenes masivos matan a la entidad más solvente, y que ha alentado el colapso de entidades como Silicon Valley Bank (SVB) y Credit Suisse.

Hay voces, como el exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que ven en el euro digital la mágica herramienta para taponar de manera preventiva la herida bajo la tesis de que es un activo seguro y cierto que permitiría al cliente estar tranquilo con su dinero (digital) en el BCE frente a la alerta masiva del sector y expertos sobre tal receta.

Las advertencias las enarbolan también autoridades de primera línea como Ignacio Angeloni, miembro del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE), que en un documento reciente elaborado para el Europarlamento a petición del Ecofin pide no precipitarse porque los riesgos de lanzar la divisa digital de manera precipitada son mayores que los argumentos a favor.

El economista italiano reitera el aviso formulado antes por el mismo BCE de convertir al propio banco central en la gasolina que alimente una corrida bancaria si permite al ciudadano, vía euro digital, sacar los ahorros a golpe de clic del banco para llevarlos a su ventanilla.

Para soslayar esa eventual canibalización mortal se espera que el BCE limite el depósito minorista en su balance a rangos por definir, pero que ya se barajan de 3.000 o 4.000 euros.

Fabio Panetta, miembro de la Junta Ejecutiva del BCE y encargado del proyecto del euro digital, defendía recientemente su gran utilidad para hacer posibles pagos a coste mínimo y con rapidez entre diferentes geografías donde no existen soluciones interoperables. En entrevista con Les Echos refería que se fijará un límite en las tenencias digitales para evitar riesgos de estabilidad financiera. Y, si un cliente se excede, avanzó que el ahorro extra se convertiría de forma automática en un depósito en la cuenta bancaria elegida por el destinatario. "Queremos que el euro digital sea un medio de pago, no una forma de inversión", zanjaba.

Medio de pago ágil

A pesar de las salvaguardas, el debate sigue sobre el tapete porque hay viejos partidarios, incluso en el seno del BCE, de que la banca acuda al mercado y no capte depósitos como fórmula para acopiar los recursos que presta. Los expertos consultados para esta información coinciden en que ese cambio de paradigma en los modelos de negocio perjudicaría al cliente y, por extensión, a las economías sin atacar la raíz del problema. Como captar fondos en los mercados resulta más gravoso, una medida así amenazaría con opturar el grifo del crédito y dar como resultado una financiación menor, más costosa y focalizada en los clientes más solventes, y el incentivo de empujar al ahorrador hacia productos de mayor riesgo se abonaría.

Querer atajar un pánico bancario con fórmulas similares es, para los expertos consultados, desenfocar el análisis porque el origen de las vulnerabilidades en las entidades no reside en los depósitos.

Una sangría de fondos ocurre por la desconfianza a raíz de un problema ocasionado por una mala gestión que, con frecuencia, parte de una asunción excesiva de riesgos. La crisis financiera, la más grave vivida desde el crack de 1929, se cebó con el colapso de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos y la explosión de las hipotecas supbrime o concedidas a colectivos nada solventes que dejaron de pagar. Al arreciar la morosidad, la deuda vendida con subyacente en esos préstamos contaminó el problema a los bancos que compraron dicha deuda.

España se libró de ese activo tóxico, pero el sector financiero sufrió un shock similar: el crash inmobiliario congestionó los balances de impagos por la alegría previa en concesión de hipotecas y a promotores. Con los graves episodios últimos ocurre algo parecido: Silicon Valley Bank gestionó de manera imprudente el riesgo de tipos al invertir grandes bolsas de liquidez en deuda a largo plazo, especialmente bonos hipotecarios, cuyo valor se deprime cuando la Reserva Federal endurece la política monetaria. Vende con minusvalías por no tener bien equilibrado el balance y las alarmas saltan cuando anuncia una macro ampliación de capital para compensar esos quebrantos, propagando la corrida de depósitos. El derrumbe de Credit Suisse se remonta a malas decisiones de inversión en firmas como Archegos o Greensill, que también generan pérdidas, y por no reconducir de forma acertada la situación.

El desarrollo lo marcará el tiempo

La decisión de fijar un límite de tenencia entre particulares al euro digital depositado en el BCE calma temores, aunque la contestación al proyecto es recia. En su origen, en 2019 o principios de 2020, el BCE empezó a estudiar los beneficios y riesgos de crearlo ante la aparición de rivales como la Libra, el proyecto de criptomoneda estable liderado por Meta (Facebook) que prometía revolucionar los pagos y la eclosión de las criptomonedas.

La reactiva respuesta, siguiendo los pasos de muchos otros bancos centrales, perseguía entre sus objetivos esenciales evitar la amenaza que representaba el fuerte auge de esas "divisas" para el euro y para la transmisión de la política monetaria. El proyecto de Meta se evapora, muchas criptomonedas parecen tocar techo tras las profundas volatilidades experimentadas y se limitará su uso con nuevas normativas para atajar cualquier interferencia en la política monetaria.

Hoy proyectos de euros digitales como el de Japón o Estados Unidos han pausado el desarrollo y en China, de los más decididos, no rinde los resultados esperados. El BCE siempre ha dicho que no sustituiría al efectivo ni al resto de fórmulas de pago, aunque sí dará una alternativa europea común ágil y eficiente. Que se pondrá en marcha no se cuestiona, el rol a jugar lo marcará su desarrollo y el contexto internacional.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud