Andalucía

"El futuro del aceite pasa por que se consuma como si fuera un vino"

  • "El marketing permite al aceite español superar desventajas frente a otros productores"
  • "La marca blanca viene bien al industrial: Deoleo consume 1 millón de litros al día"
Miguel Guillén, presidente del Real Betis y bróker aceitero. Foto: Fernando Ruso

Miguel Guillén, representante de la quinta generación de empresarios aceiteros de la familia sevillana Guillén (parte su familia es la propietaria de Acesur), llegó a la presidencia del Real Betis en junio de 2011 tras estar sentado en su consejo desde diciembre del año anterior.

Una responsabilidad pública que, a diferencia de lo que ocurre con los presidentes de otros clubes, no le beneficia en su actividad empresarial privada: la intermediación en la compraventa de aceite de oliva en los países de la ribera del Mediterráneo. Se diría que ambas ocupaciones son como agua y aceite, aunque dentro de él sí se mezclan y de las dos habla con total claridad.

P. ¿Cómo entra en el sector aceitero?

R. Por tradición. Aunque la verdad es que llevo toda la vida adaptándome. Tras suspender inglés con 13 años, mi padre me envió a un colegio super estricto de Gales. Después estudié la carrera en EEUU, donde era todo lo contrario: la libertad total. Volví a España en 1992 y entré en el sector bancario. Pero en 1996, hablando con mi padre [Manuel Guillén, que es consejero de Acesur y hermano de su actual presidente, Juan Ramón] estudiamos qué se podía hacer en aceite y vimos que la industria estaba saturara, pero que en la intermediación internacional había un hueco. Creé mi empresa y me lancé al Mediterráneo. Soy bróker, es decir, pondo en contacto a compradores y vendedores a cambio de una comisión; hay otros agentes que son los traders, que compran, pagan y luego revenden. Tengo 45 años y ya llevo 16 como bróker.

P. Hay quien en los últimos meses critica la entrada de aceite de otros países en España ante la caída de la producción tras la última campaña?

R. Yo ayudo a los industriales españoles a ser competitivos frente a otros operadores de otros países. Y trabajo con todos los grandes grupos de España: con Borges, con Hojiblanca, con Acesur, con Migasa. Pensemos por ejemplo en el mercado de EEUU: allí llega aceite procedente de todos los países productores. Y, más allá de marcas muy reconocidas como Bertolli o Carapelli, se va a puro precio. Quien pueda vender a precios bajos, puede abrirse un hueco. Además, la importación de aceite a la UE desde terceros países está protegida por un sistema fiscal que hace no competitivo su venta dentro de la UE: el aceite que yo compro en Túnez para Bertolli, por ejemplo, va todo a la exportación a EEUU.

Educar al consumidor

P. En España el mercado vive una doble tendencia: crecimiento de la marca blanca, y caída del consumo de aceite, no ya sólo del oliva sino incluso del girasol, que en otras crisis servía de refugio. ¿Qué opina de todo ello?

R. La marca blanca al industrial le viene muy bien pues le permite mantener su capacidad productiva en marcha, no parar las máquinas, por decirlo así. Sólo Deoleo, por ejemplo, consume 360.000 toneladas de aceite al año, es decir, un millón de litros de aceite al día. Esa cadencia no puede parar. Con respecto al consumo, creo que la marca blanca en el fondo puede traer problemas y que, en cualquier caso, el reto de todo el sector es educar mejor al consumidor. Ya se ha dado un gran paso previo logrando diferenciar las denominaciones entre oliva, oliva virgen, y oliva virgen extra. En el futuro, mediante denominaciones de origen o varietales como picual, hojiblanca o gordial, tenemos que lograr que el aceite de elija y consuma como si fuera vino. Que cada uno tenga su aceite preferido.

P. ¿Es esto lo principal que entiende que le falta al aceite español o afronta también otros retos?

R. El aceite ha sufrido una gran transformación, brutal. En la posguerra no se hacía un producto de calidad y, mientras, los italianos se estaban preocupando de introducirlo en EEUU y hoy son dueños del mercado allí. Ahora le hemos dado un giro monumental. Pero creo que nos sigue faltando más inversión en marketing y promoción en mercados emergentes como China o India. También, como decía antes, falta que el consumidor lo perciba siempre como un producto de alta calidad. El marketing, en cualquier caso, es fundamental para el aceite español porque con él podemos superar al que nos gana por otros factores, sobre todo por los menores costes de recolección de la aceituna que tienen en Turquía, Túnez o Marruecos.

Fútbol y aceite

P. ¿Se cruzan sus actividades profesionales, el fútbol y el aceite?

R. En mi actividad aceitera, presidir el Real Betis me aporta poco. Importo aceite a España desde países mediterráneos y exporto algo a EEUU o China. En este mundo no me conocen. Las dos actividades conviven, pero no se generan sinergias. Si hubiera sido industrial envasador, pues otro gallo cantaría.

P. ¿Cómo llegó a presidir el club y por qué?

R. Sucedo a Rafael Gordillo, que hizo una gran labor en un momento complejo. Soy un profesional independiente, que estaba en el consejo meses antes de que me propusieran ser presidente. Sé que otras personas con capacidad profesional y más representativas que yo rechazaron esa oferta. Yo acepté por responsabilidad con el club y con un consejo lleno de gente muy profesional que lo estaba haciendo muy bien. Y quería que se continuara en esa línea. Firmamos en marzo de 2012 el convenio de acreedores, lo cual es un hito clave y que nos permitió encarar el reto principal: mantenernos en primera división porque eso nos da ingresos de 30 millones al año por derechos televisivos, frente a 2,8 millones si bajas a Segunda.

P. La multimillonaria deuda del fútbol español, ¿qué te parece? ¿Y la nueva actitud de Hacienda ante ella, en el sentido de que hay que acabar con ese pasivo?

R. Es intolerable el trato privilegiado del fútbol, pese a que sea espectáculo global. Esa deuda hace que se compita en desigualdad de condiciones. La nueva actitud de las administraciones públicas me parece perfecta. No creo que ponga en peligro la existencia de ningún club: van a seguir existiendo todos pero ajustándose. No puede permitirse que siga habiendo quien cuente con lo que va a dejar de pagar para aumentar los fichajes.

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