15 Aniversario

Mercados de inversión post-Covid: cómo vemos los próximos 15 años

  • La empresa es el activo invertible por excelencia, al ser el que crea más valor potencial a medio plazo
Juan Carlos Ureta, presidente de Renta 4.

Si algo caracteriza los quince primeros años de vida de El Economista es la continua transformación que, desde su nacimiento, han experimentado la economía, los mercados financieros y las inversiones. Y si de algo podemos estar seguros a la hora de intentar imaginar cómo van a ser los próximos quince años es de que tras el Covid esa transformación va a ser mucho más intensa, acelerada e irreversible.

Superado el shock inicial, la pandemia ha pasado de ser vista como un terrible drama a ser vista como una oportunidad para crear un modelo de crecimiento económico más sostenible y mejor. La transformación positiva de la economía y de los estilos de vida se ha convertido así en la narrativa dominante del mundo post Covid, con base en la innovación tecnológica y contando con el generoso apoyo financiero de los Bancos Centrales.

Las políticas monetarias ultra expansivas han pasado de ser medidas de choque transitorias a ser instrumentos ordinarios y permanentes de la política económica. La consecuencia principal es que ha desaparecido el llamado "activo sin riesgo" ya que los bonos de alta calidad no dan ningún retorno y además tienen riesgo. Los ahorradores se ven obligados a invertir y su única opción es permanecer en liquidez, lo cual deteriora el valor de su patrimonio, o invertir en activos que conllevan inevitablemente riesgos. La gestión del riesgo y el cambio de enfoque hacia la creación de valor a medio y largo plazo se convierten así en ejes fundamentales de la gestión del ahorro, incluido el ahorro más conservador.

La empresa se convierte en el activo invertible por excelencia, al ser el activo creador de mayor valor potencial en el medio plazo, y la selección de las empresas en las que invertir se vuelve clave para obtener retornos y gestionar riesgos. Ese cambio coincide con otro de gran calado, a saber, el desplazamiento progresivo pero irreversible del centro de gravedad del sistema financiero desde los balances bancarios hacia los mercados de activos. Es el nuevo mundo de las finanzas descentralizadas y de la desintermediación, que recibirá un impulso adicional con la difusión en los próximos años de la tecnología blockhain. Se trata de avanzar desde unas finanzas pensadas para la sociedad industrial hacia un sistema financiero del siglo XXI que sea válido para la sociedad digital.

Son cambios apasionantes y en cierto modo prometedores, aunque no fáciles, que coinciden con la transición hacia la economía del conocimiento del siglo XXI. La enorme deuda que se está generando, la inflación, la desaceleración del crecimiento económico una vez se consigan los niveles pre Covid, la desigualdad creciente entre propietarios de activos y perceptores de rentas, y la inquietud que genera la perspectiva de un mundo dominado por las grandes redes digitales, son algunos de los factores que pueden perturbar a los mercados financieros en los próximos años.

Deseo a El Economista y a su magnífico equipo de profesionales el mayor éxito en esta nueva etapa.

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