Comunidad Valenciana

García Reche: "O tomamos en serio que la I+D llegue al sistema productivo o quedaremos fuera de juego"

  • Andrés García, vicepresidente ejecutivo de la Agencia Valenciana de la Innovación
Andrés García Reche, vicepresidente ejecutivo de la Agencia Valenciana de la Innovación. Guillermo Lucas.

Andrés García Reche se sitúa al frente de uno de los proyectos más ambiciosos de la Comunitat Valenciana, la configuración de un nuevo sistema y una nueva generación de políticas de innovación que aprovechen todo el conocimiento disponible en el territorio para impulsar su tejido productivo, sobre la base de la Agencia Valenciana de la Innovación (AVI), de la que es vicepresidente ejecutivo. (Más noticias, reportajes, análisis y entrevistas en la revista digital gratuita 'eE Comunitat Valenciana').

Profesor de Economía Aplicada en la Univèrsitat de València, García Reche fue conseller de Industria entre 1987 y 1993 -con el PSPV-, etapa en la que, entre otras acciones, sentó las bases de la actual red de institutos tecnológicos, así como del Instituto Valenciano de la Exportación (Ivex). El vicepresidente ejecutivo de la AVI defiende que "tenemos una enorme capacidad científica y tecnológica para resolver problemas que jamás nos habíamos planteado que aquí se podían resolver. Muchas veces buscamos soluciones fuera, cuando, si tuviésemos un buen sistema de innovación, no haría falta. El objetivo de la AVI es conectar, con la máxima eficacia operativa, a todos los agentes presentes en el sistema de innovación".

La AVI ha sido una de las grandes apuestas de la Generalitat. ¿Con qué recursos arranca?

Vamos a comenzar con una estructura básica, aunque la previsión es contar con unas 40 personas cuando esté a pleno rendimiento. Aparte de las convocatorias de programas previstas, desarrollaremos una serie de actuaciones nominativas, a través de convenios. Por ejemplo, la creación de unidades científicas de innovación (UCI), de las que preveemos poner en marcha ocho este primer año. Partimos con un presupuesto inicial de 24,5 millones para 2018. Según la memoria económica, en velocidad de crucero tendría que rondar unos 150 millones. Pero, para lograrlo, hay que avanzar en otros aspectos, como el sistema de financiación. Por poner un ejemplo, solo el fondo de innovación del Gobierno de Dinamarca contaba con 250 millones en 2015.

Afirma que tenemos buenos científicos e investigadores, pero no llegan al sector productivo. ¿Qué falla y qué propone para solucionarlo?

El problema que tienen España, en general, y la Comunitat Valenciana, en particular, es que no solo gastamos poco en I+D, que gastamos poco, sino que lo que gastamos no se transfiere, ni de lejos, al sistema productivo. Solo llega una parte pequeña, pero no hay, en general, repercusiones potentes y sistemáticas en el sistema productivo. Como dato, en España necesitamos casi 300 publicaciones científicas en las revistas de prestigio internacional para conseguir una patente internacional -triádica-. En Alemania, la cifra es de 27; en Corea del Sur, 24; en Israel, 49, igual que en Francia. Tenemos buenos científicos, pero no están orientados a la mejora del sistema productivo, como en otros países -por ejemplo, Estados Unidos-. De todos los gastos en I+D del sistema universitario, no llega al 5 por ciento en los que participan empresas. Algo está pasando. La AVI se explica porque sus objetivos y programas se dirigen a conectar el mundo de la ciencia con los tecnólogos -que en nuestro territorio son, básicamente, la red de institutos tecnológicos, bastante potente- y con las empresas. Queremos que los científicos se incorporen activamente a la mejora del sistema productivo, para definir un modelo de crecimiento económico sostenible, integrador y eficiente, en línea con la estrategia europea. Necesitamos innovaciones de alto calado, porque estamos hablando de un cambio transcendental en los productos, en la forma de gestionar la empresa, de organizar la producción. Los científicos deben estar integrados desde el principio.

Constantemente se advierte de que España -y, sobre todo, la Comunitat Valenciana- está retrasada en materia de innovación y digitalización. ¿Estamos a tiempo de reaccionar y ser competitivos?

Con la revolución tecnológica que se nos viene encima, se impondrán solo aquellos países que tengan un sistema de innovación muy fuerte. Ya no se puede esperar a ver qué pasa. Hay un problema grave, porque el cambio de modelo productivo no se está acometiendo. Ahora estamos creciendo mucho, pero dentro de 10 años tendremos los mismos problemas. O el modelo productivo mejora, incorporando el conocimiento, nos tomamos en serio la I+D y que llegue al sistema productivo, que no lo estamos haciendo, o estaremos fuera de los circuitos. El coche eléctrico va a venir con o sin concurso nuestro. La energía solar, lo mismo. La alimentación del futuro, ¿la inventaremos nosotros o la van a inventar fuera? La inteligencia artificial, la genética... El mundo es muy incierto, pero nosotros tenemos que tener un objetivo claro: que nuestros sectores no solo tienen que adaptarse, sino reinventarse. Tenemos que redefinir nuestra estructura productiva, incorporando valor y haciéndola más sostenible. Hay que enfrentarse al problema de fondo de la economía española, que es incorporar el valor añadido en vena, a través del conocimiento científico, añadido al tecnológico. Hasta que eso no lo tengamos claro, no vamos a tener éxito.

¿En qué modelo de gestión de la innovación se ha inspirado la AVI?

Somos pioneros en Europa en acciones como la creación de unidades científicas de investigación. Creemos que estamos construyendo un modelo que va a ser una referencia para el resto de España. Tenemos 953 grupos de investigación en la Comunitat, entre las siete universidades, los institutos tecnológicos y los 11 centros del CSIC, y vamos a contar con todos ellos. El conocimiento es ahora más importante, incluso, que lo era antes, porque lo que se nos avecina, la gran oleada de tecnologías que viene, algunas muy maduras y otras en proceso de maduración, que, además, se interconectan entre sí, va a tener un impacto muy fuerte en toda la estructura productiva. Y no hablo solo de la industria, hablo de todo. La robótica, el Internet de las cosas, la inteligencia artificial, los nuevos materiales, la nanotecnología, la realidad virtual y la realidad aumentada... todo esto ya es un hecho. Nosotros tenemos sectores potentes en nuestra Comunitat, como, por ejemplo, el agroalimentario, somos buenos constructores, tenemos bienes de consumo importante, como el calzado o el textil, y tenemos un área de salud que hay que desarrollar sí o sí. Entre otras cosas, porque más del 30 por ciento de toda nuestra investigación está orientada al área de salud y medicina y conexos y, sin embargo, no tenemos el sector productivo. Con el conocimiento que tenemos ahora no es suficiente. Son los científicos los que nos pueden ayudar en esta nueva fase a que el impacto inicial de esa oleada de tecnología que se avecina, desde el coche eléctrico a la inteligencia artificial, no solamente impacten en los sectores tradicionales de manera controlada, sino que se saquen ventajas competitivas.

¿Cómo se articularán las unidades científicas de investigación?

Partimos de la constatación de que no se dedican suficientes recursos financieros ni humanos a la vertiente de investigación aplicada a la industria, que es la que nos interesa desarrollar desde el punto de vista del crecimiento económico en nuestra zona. Nosotros insertaremos en los centros de investigación una unidad científica cuyo único objetivo sea innovar y desarrollar tecnologías, sin que el centro detraiga recursos humanos ni financieros de sus líneas, y, además, conectada con institutos tecnológicos y con el tejido empresarial de nuestra Comunitat. Eso puede generar alternativas tecnológicas y de innovación que hasta ahora ni soñábamos. El Instituto de Ciencia Molecular o el de Física Corpuscular, ¿pueden hacer algo por el textil? ¿Por nuestro automóvil? ¿Por la alimentación? La respuesta es en todos los casos sí, pero nadie había hecho nunca este ejercicio. Se hicieron unas 90 reuniones con representantes de las tres partes. Todos lo entendieron y lo apoyaron. Era un clamor general, pero nadie sabía cómo afrontarlo. Queremos que la decisión de lo que se va a trabajar en cada UCI no sea solo del centro de investigación, sino que haya un seguimiento por parte de los institutos tecnológicos colaterales y que haya representantes de las organizaciones empresariales implicadas en una comisión de seguimiento, para opinar y proponer. Las decisiones se adoptarán con participación de las tres partes. Al final, junto a la red de universidades, de centros tecnológicos y del CSIC, tendremos otra red de instituciones en el sistema de innovación. Habremos introducido un nuevo agente en el sistema. Los costes se cubrirán en un porcentaje elevado desde la AVI, pero con indicadores, con resultados. No vamos a financiar cosas que no funcionen. Si alguna no funciona, se eliminará.

¿Qué otros programas plantea la AVI para sentar las bases de ese futuro sistema de innovación a tres bandas?

Otro tipo de actuaciones piloto que reflejan bien lo que quiere la agencia son los diálogos tecnológicos, entre profesionales de un determinado centro o actividad, tecnólogos y empresas. En el seno de las empresas y en el de la Administración Pública hay una gran capacidad de demandar innovación. Por ejemplo, en el Hospital General de Valencia nos hemos encontrado con la posibilidad de hacer mejoras y de generar innovaciones que no están desarrolladas y que se pueden abordar con los centros científicos y tecnológicos y con las empresas. Se han identificado cinco proyectos, entre ellos, un centro de simulación de operaciones quirúrgicas. En una segunda fase, se verá si es necesario generar, mediante un programa de Compra Pública Innovadora (CPI), una respuesta del mercado para desarrollar esa innovación. Con este sistema, garantizamos que aquello que se vaya a producir tenga una necesidad previa detrás, por organismos que están dispuestos a incorporarlo. La AVI los ha sentado a dialogar, los ha conectado, y, una vez hecho eso, financiará los proyectos. Una tercera línea estratégica es el programa de agentes de innovación, un grupo de profesionales que se pondrá a disposición de las asociaciones empresariales, parques, clústeres, cámaras... con la función principal de reforzar el nexo con el conocimiento disponible. Serán formados por la AVI y contratados por las asociaciones, pero con financiación elevada por nuestra parte. Tener gente especializada, formada, que conozca la oferta de conocimiento disponible en la Comunitat y la base empresarial existente. Hay una experiencia previa de la patronal valenciana, la CEV, con la UPV, que funciona muy bien. Las experiencias que han dado resultados razonables hay que replicarlas. Vamos a extenderla, con una red bien formada. Hay necesidad y demanda y, cuando empiece, será mucho mayor. También vamos a financiar doctorados empresariales.

Otro de los objetivos es impulsar la compra pública innovadora. ¿Cuál es la estrategia en esta línea?

Existen sistemas o innovaciones no desarrollados o con un precio que dificulta el acceso, bien se trate de innovaciones sustanciales o que mejoren lo que hay. Vamos a ofrecer los servicios técnicos y de consultoría de la AVI a las Administraciones Públicas para definir el inventario de innovaciones que pueden acogerse a este tipo de programa, coordinando y promoviendo inventarios y sistemas de CPI, junto con investigadores y tecnólogos. También habrá ayudas financieras para esa finalidad.

¿Cómo se va a articular la financiación de proyectos y las ayudas a empresas en estas materias?

Por un lado, se articularán fondos colateralizados con el Instituto Valenciano de Finanzas (IVF), para financiar proyectos que pensamos que se deben desarrollar. En cuanto a la financiación de tecnólogos contratados por las empresas y doctorados empresariales, la financiación puede rondar el 50 por ciento. En el caso de los agentes de innovación, como están orientados a entidades sin ánimo de lucro, puede llegar al 80 por ciento. Siempre dependerá de las circunstancias, necesidades y capacidad.

Dado su papel estratégico para el desarrollo económico y social,  ¿cree que es posible un gran pacto político por la innovación?

Lo que quieren los científicos y los empresarios es una estrategia de innovación a largo plazo. Un cambio de Gobierno puede conllevar cambios, pero el mensaje no sería el correcto. La AVI depende directamente de Presidencia y en el consejo están presentes todos los agentes, empresarios, sindicatos, universidades, centros de investigación, institutos tecnológicos y la Administración. Se ha alcanzado un alto grado de consenso.

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