Estrasburgo, sabor alsaciano

27/12/2017 - 10:53
La Petite France.

La región francesa de Alsacia es un híbrido cultural donde el gusto francés va de la mano con el gusto alemán. El fuagrás y el chucrut se mezclan en la mesa con una jarra de Kronenbourg junto a una copa de pinot noir. Todo este sincretismo en complacencias viene de lejos. Resumiendo: Al término de la Guerra Franco-Prusiana en 1871, la dolida Francia se vio obligada a ceder la Alsacia al káiser. Posteriormente la región fue devuelta a los franceses tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial; pero la Alemania nazi se la anexionó de nuevo en 1940. Tras la Segunda Guerra Mundial, Alsacia volvió a ser francesa.

Hoy en día, Estrasburgo, capital alsaciana, es un símbolo de la reconciliación entre los pueblos de Europa con más de una quincena de instituciones y organismos dedicados a la cooperación internacional, como el Parlamento Europeo o el Tribunal de Derechos Humanos.

Barrio de Neustadt.

Así que, ya todo está olvidado y perdonado. De hecho, este mismo año se ha estrenado el nuevo mobiliario urbano en el distrito de Neustadt rotulado en los dos idiomas (francés y alemán). El epicentro de Neustadt es la Place de la République, que está rodeada por robustos edificios públicos construidos bajo el dominio del Reich... fue el barrio imperial alemán. Estas solemnes construcciones de piedra, inspiradas en los gustos prusianos de finales del s. XIX acaban de ser incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, incrementando así el número de lugares históricos a visitar.

Ineludible el paseo por el barrio antiguo llamado Petite France, surcado por estrechos canales. En este barrio ejercían sus oficios los artesanos en la Edad Media. Ahora, en sus casas con entramado de madera, podemos encontrar todo el surtido de especialidades gastronómicas típicas de Alsacia: el kougelhopf (bizcocho con pasas), el pain d'epices, o la flammekueche -o tarte flambée en francés- (especie de pizza franco-alemana); que en un ambiente de cuento mágico, se venden en su Mercado de Navidad.

El símbolo de la ciudad es la fachada gótica de la Catedral de Notre-Dame. Un derroche de figuras y filigranas esculpidas en piedra. También alberga en su interior un peculiar reloj astronómico que marca el mediodía solar con un desfile de autómatas que representan las etapas de la vida. Cuando el sol penetra por sus vidrieras, sobre todo al atardecer, los momentos dorados son dignos de inmortalizar con la cámara.

Museo de Arte Moderno y Contemporáneo.

Tan diferentes como complementarios son sus museos. El llamativo cubo -de vidrio y acero- del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo es uno los espacios más sobresalientes en 'continente y contenido', ya que al diseño del edificio creado por el arquitecto Adrien Fainsilber se une su magnífica colección de arte, de la que merece la pena destacar al escultor local Jean Arp.

Pero si quiere enriquecer su acervo cultural en un terreno exótico no olvide visitar el Museo Vudú (www.chateau-vodou.com). Se trata de la colección privada de Marc Arbogast (Alsacia, 1942), un personaje apasionado por África que a lo largo de 50 años ha reunido más de mil piezas en torno al vudú africano. "En uno de mis viajes sufrí un dolor horrible en un pie. Un hechicero me aplicó unas hierbas y realizó un rito. A los pocos días el dolor desapareció. Yo no creo en ello, pero algo hay...", recuerda Arbogast, ingeniero, aventurero, cazador... y expresidente de la empresa cervecera Fischer.

Pieza del Museo del Vudú.

La peculiar colección de objetos se exhibe en un depósito de agua construido en 1878, durante uno de los períodos alemanes de la ciudad, un potente edificio diseñado como un torreón.

Lo primero que se encuentra el visitante es a Kélessi, un gran fetiche recubierto de cuerdas, cera y telas de colores, junto a una botella de ginebra. Es el único objeto "activado" del museo, una creación vudú ideada por un brujo togolés para proteger al museo y a sus cuidadores, porque el resto de las figuras expuestas están "desactivadas", es decir, fueron sometidas a ceremonias para quitarles su poder.

Gracias a una cuidada escenografía, descubrimos una cultura desconocida y una filosofía de vida que sigue practicándose en la actualidad. Un museo apasionante al que los africanos vecinos de los alrededores ni se acercan... por aquello de 'por si acaso'.

Un museo único en el mundo, y por lo tanto, merecedor de aparecer en nuestra sección Viajes Únicos.

CÓMO IR
Vuelo directo al aeropuerto de Estrasburgo con Iberia. Un tren lanzadera le conduce hasta el centro de la ciudad en 10 minutos.
Recomendable adquirir la tarjeta Strasbourg Pass (21,50 euros /persona), un bloc de cupones válido para tres días consecutivos que incluye transporte público, alquiler de bicicleta y un paseo en barco por el río.

Más información: www.france.fr; www.tourisme-alsace.com; www.otstrasbourg.fr


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