
El presidente del Gobierno, en su balance de fin de año, aportó un dato muy revelador relacionado con el tráfico: el cómputo de la siniestralidad vial de 2009, un 10% menor que la de 2008, ha registrado menos de 2.000 muertos por primera vez desde la década de los sesenta. Si se piensa que entonces había en España menos de dos millones de vehículos unos cuatro millones de conductores y ahora hay 31 millones de vehículos y unos 25,2 millones de conductores, se entenderá que algunos hablen de milagro.
A este paso, España cumplirá con creces el objetivo marcado en 2001 por la comisaria de Transportes de la UE, la malograda Loyola de Palacio, que consistía en reducir a la mitad las muertes provocadas por el tráfico en una década. En el 2000, murieron en las carreteras españolas 4.295 personas.
Es justo reconocer que el portento ha sido conseguido por el equipo encabezado por un profano en la materia, el catalán Pere Navarro, ingeniero industrial e inspector de Trabajo, ex gobernador civil de Gerona, en la Dirección General de Tráfico, autor de una estrategia caracterizada por una vigilancia inclemente, soviética, sobre los conductores en materia de velocidad e ingesta de alcohol, complementada con el carné por puntos y con la reforma del código penal para otorgar relevancia criminal a las infracciones más graves y peligrosas. Estas actuaciones han generado tal presión sobre los conductores que se ha ido produciendo un ostensible cambio de mentalidad. Si en otro tiempo, la velocidad había adquirido prestigio social y la gente alardeaba de ella, hoy lo políticamente correcto es la sujeción a la normativa, el respeto a los límites, la evitación del consumo de alcohol al volante.
Los frutos de semejante política son evidentes, por lo que no tendría sentido ponerla en cuestión. Sin embargo, la perduración de la actual tendencia a la baja hasta alcanzar la mínima siniestralidad posible requiere un enfoque ideológico del asunto, ya que la seguridad vial es un concepto multidisciplinar que depende de numerosas variables. Las más importantes son, además de la normativa y el control del tráfico, el estado de las vías y su conservación, la calidad de la señalización vertical y horizontal, la formación de los conductores y la edad y el estado de conservación de los vehículos.
Lo razonable hubiera sido plantear desde el principio la seguridad vial como una empresa cooperativa entre los usuarios de la red vial y el Estado en la cual los conductores habían de disciplinarse mientras el Estado acometía las actuaciones que le corresponden. Y, sin embargo, el exorbitante control del tráfico mediante toda clase de artilugios y amenazas no se ha completado con las necesarias inversiones en las carreteras y en su señalización, ni con una mejora significativa en la formación de los conductores, ni con medidas más drásticas para promover la modernización del parque móvil.
Que se haya reducido la siniestralidad a la mitad en menos de una década no significa que el saldo resultante -los poco más de 1.900 muertos de este año- sea aceptable. Ni que la reducción paulatina del número de víctimas pueda conseguirse atornillando todavía más los controles a que está sometido el conductor. Antes al contrario, cabe temer un inminente repunte si el ciudadano se da cuenta de que sus esfuerzos por conseguir la seguridad propia y ajena no se ven correspondidos por iniciativas públicas también encaminadas a la conquista de la seguridad.
Para Pepe, nº 7
Estimado Pepe, agradezco la sinceridad que por otra parte no me sorprende en absoluto.
En primer lugar, este que escribe siempre va bien sujeto con cinturon y pide amablemente a los pasajeros que hagan los propio. No se confundas yo si aprecio mi integridad y de los que me rodean.
Lo que yo pido, es la libertad, de decidir sobre mi propio cuerpo y sobre mi vida, cuando no perjudico a nadie, y si el pago de la rehabilitacion y la pensión es la causa de que una persona no quiera que otra se quede inválida, apaga y vamonos.
No estoy promoviendo acciones peligrosas u suicidas, nada mas lejos, cada persona debe saber y valorar la importancia de su propia integridad, pero no tolero que el Estado me imponga.
Deseo, como todo ciudadano, que el Estado nos tutele y proteja, pero no que sancione y pene, cuando no hacemos daño a tercero.
Lo dicho estamos ante un Estado que impone normas, que lejos de dirigirse a la protección, fin último al que deben dirigirse las normas, se dirigen a la limitación de las libertades humanas, una tras otra.
No deseo seguir con esta reflexión pues está más bien relacionada con la forma y contenido del Estado que con la seguridad Vial.
Señores, ciudadanos, cumplamos las normas, Legisladores, hagan normas protectoras no restrictivas.
PD: El artículo me ha parecido demasiado político, olvida el drama humano ( no solo económico como defiende usted, Pepe) que hay tras cada uno de esos números.
En algo tambien han conseguido el milabro, en recaudación y expolio descarado al pueblo con el beneplacito y pelotilleo de los medios de comunicación afines al regimen.
Ah, y otra cosa, ese supuesto milagro no lo ha conseguido Pere ni su equipo, lo han conseguido entre una mejora sustancial de las carreteras, una renovación del parque automovilístico hacia vehículos no solo mas nuevo sino mas seguros y una mejora (aunque mas bien poca) de la asistencia sanitaria en carretera.
Menos cuento,lo único que interesa a esta"gente"es nuestro dinero.Si lo que importara fuera la seguridad,arreglarían las carreteras primero,empezando por ahí.
http://img252.imageshack.us/img252/7838/consumo.jpg
Esta es la razón de la disminución de los muertos.
O sea, que si una política es eficaz y se evitan muchas muertes se la desprestigia como "soviética". La ideología aturde el sentido común de unos cuantos que por aquí escriben. Es lamentable, pero muy esclarecedor.
La política también podría haber sido prohibir los coches excepto para los políticos y creo que también estaríamos en nuestro derecho de quejarnos. ¿El fin justifica los medios? Podemos llamar a Stalin si quieres...
nazismo puro y duro, y de paso llenan las arcas, les importa nuestra seguridad, un higo, pero les va bien para sacarnos dinero y encima sembrar el terror para controlar a la sociedad por medio del miedo, y que no se echen a las calles con 5 millones de parados y esto ni ha empezado.
Cualquier dia con la excusa de la 'seguridad' cuando nos vean conduciendo un coche, como segun ellos 'es peligroso', nos dispararan con balas,,, todo sea por 'la seguridad', lo dicho, puro nazismo y nada mas
Es cierto que la disminución de víctimas no siempre es buena. Si no se hubiera reducido quizás alguno de los que ha escrito pendejadas sin sentido estaría descansando sin molestar a nadie bajo tierra.
A todo se la vuelta negativa: que si merma de libertades, que si les sólo interesa recaudar,... En un país como el nuestro... tras consejos, anuncios de concienciación, etc. se ve lo que lo único que funciona es el control y la mano dura: ej. ¿cuándo han bajado realmente los accidentes?¿cuándo la gente ha dejado de fumar en el metro de Madrid?
En países más civilizados la gente es más honrada y paga el transporte público sin que haya vigilancia constante. Eso sí, como te pillen sin billete la multas no son tan ridículas como aquí (y la gente encima discute) sino cientos de euros.
Es triste pero esa es la realidad.
Esto parece la oposición: críticas a todos. Aportad soluciones viables, y no me vale solo con que "mejoren las carreteras"
Dejaos ya de tantas mejoras en la carretera y tanto cambio de mentalidad, la unica razon por la que han bajao los accidentes es que si son los imbeciles los que se accidentan y se matan, cada vez quedan menos imbeciles, y aunque parecian inagotables poco a poco se agotan xD
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