Política

El independentismo utiliza la Diada para exigir a Sánchez la liberación de los presos

  • La Guardia Urbana cifra en un millón de personas los asistentes
Diada 2018. Foto: Efe

El independentismo volvió a exhibir ayer su fuerza en las calles con motivo de la conmemoración de la Diada del Once de Septiembre y logró sacar a la calle a centenares de miles de persones para "Hacer la república catalana", según rezaba el lema de la manifestación convocada por la ANC. Como cada año, cada parte ofreció una estimación muy dispar del número de manifestantes que se concentraron a lo largo de los seis kilómetros de la avenida Diagonal de Barcelona que unen el Palacio Real y la plaza de las Glorias, ya que mientras la Guardia Urbana de Barcelona estimó en aproximadamente un millón de personas el número de participantes, la entidad Sociedad Civil Catalana rebajó esta cifra a 200.000.

La ANC volvió a repetir uno de sus espectáculos habituales de otras conmemoraciones del Once de Septiembre, colocando en la cabecera de la manifestación varios muros que representaban el 155, la monarquía española o el llamado procesismo (la permanencia en el poder de los partidos soberanistas a base de prometer la independencia, pero sin avanzar hacia su materialización), y que fueron simbólicamente derribados por el clamor de los participantes. La manifestación transcurrió en un ambiente festivo, aunque una concentración paralela de Arran (el brazo juvenil de la CUP) terminó con el lanzamiento de pintura y de botes de humo frente a la Jefatura de la Policía en la Via Laietana, que se encontraba en aquel momento protegida por agentes de los Mossos d'Esquadra.

Resaca del 1-O

La manifestación de la Diada estuvo marcada este año por la resaca del 1-O y por la declaración unilateral de independencia, que terminó con la aplicación del 155 y con la intervención del autogobierno por parte del Estado. Los hechos de octubre terminaron con la apertura de un proceso penal contra los líderes independentistas, que provocó el encarcelamiento de la mitad del Govern y la huida de la otra mitad, incluyendo al expresidente catalán Carles Puigdemont. En este contexto, además de la independencia, la reclamación de la liberación de los políticos presos fue ayer una de las principales consignas que repitieron tanto los participantes en la concentración como los líderes de los partidos y de las entidades soberanistas y del propio Ejecutivo catalán.

En su discurso de clausura de la marcha, el vicepresidente de Òm-nium, Marcel Mauri, advirtió de que el independentismo no confía en las "falsas promesas" del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y reclamó que los políticos soberanistas encarcelados salgan de prisión, recordando que la Justicia alemana rechazó la extradición de Puigdemont al no apreciar que hubiera cometido un delito de rebelión durante los hechos de octubre. Por su parte, la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, destacó que el independentismo volvió ayer a "sentirse poderoso", tras haber asumido que lograr sus objetivos será más difícil de lo que se había planteado en un primer momento. Paluzie llamó a utilizar el juicio contra los líderes soberanistas como "un bumerán que se vuelva contra el Estado", ya que la imagen que va a dar la Justicia española "va a reforzar la causa a favor de la independencia de Cataluña".

Después de la manifestación, el presidente del Govern, Joaquim Torra, señaló que la manifestación de la Diada había marcado el inicio de "la marcha por los derechos civiles, sociales y nacionales" con el juicio a los líderes soberanistas presos en el horizonte, y aseguró que "ni el miedo ni las amenazas han hecho hueco entre la gente".

Ausencias destacadas

Antes de la manifestación, el centro de Barcelona acogió la tradicional ofrenda floral al monumento de Rafael Casanova, que recibió el homenaje de todos los partidos con representación en el Parlament, a excepción de Cs, PP y la CUP. El partido naranja organizó un acto en la plaza del Rei bajo el lema El amor es más fuerte que el odio, en el que su presidente, Albert Rivera, denunció que la Diada "es un día triste para mucha parte de la población, a la que le gustaría celebrar el día de Cataluña", pero que se siente excluida por el Govern, y prometió que el Once de Septiembre será una fiesta que apele a todos los catalanes si su partido llega a la Generalitat, según Ep.

Por su parte, la líder del partido en Cataluña, Inés Arrimadas, subrayó que más de la mitad de catalanes no puede celebrar los actos de la Diada, ya que actualmente sirven para secundar "las tesis del separatismo". Arrimadas también pidió al Govern que "no se olvide de los millones de catalanes" que no salieron ayer a la calle y defendió que "incluir es siempre mejor que excluir y que la convivencia es siempre mejor que la fractura social".

En esta misma línea, la portavoz del PP en el Congreso, Dolors Montserrat, lamentó que los independentistas hayan "secuestrado" la Diada y afirmó que el Once de Septiembre "debería ser una fiesta de todos los catalanes, ser una fiesta de convivencia, concordia y de orgullo de pertenecer a Cataluña". En este sentido, Montserrat calificó la conmemoración de ayer de "aquelarre sectario del independentismo donde se segrega a la sociedad en catalanes de primera -los independentistas- y a los que nos consideran catalanes de segunda".

Por su parte, el líder del PSC, Miquel Iceta, llamó a aprovechar la Diada para "superar las divisiones" y a encontrar un camino que permita avanzar en el autogobierno y la financiación de Cataluña. Iceta hizo "una llamada al respeto de todas las ideas y al espíritu unitario de una Diada que es de todos, pero que sobre todo, hay que hacerla de todos". Por último, la alcaldesa de Barcelona y líder de Catalunya en Comú, Ada Colau, admitió sus "discrepancias con los independentistas", pero defendió la liberación de los presos soberanistas e incluso lució un lazo amarillo durante los actos institucionales.

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