Política

Casado quiere cercar a Santamaría con su promesa de revolución fiscal

Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría en el Congreso. Foto: Efe.

Pragmatismo frente a la refundación de un proyecto, experiencia frente a ilusión, continuismo a las polítcas de Rajoy frente a renovación. Una mujer frente a un hombre: Soraya Sáenz de Santamaría frente a Pablo Casado. En definitiva, dos modelos rivales para devolver el liderazgo al Partido Popular, con programas distintos y solo contrapuestos en los medios de comunicación y en algunos actos de una campaña, que no ha podido coronarse con el debate cara a cara solicitado por el vicesecretario de Comunicación.

Así que, a expensas de una confrontación de ideas, o de una exposición de intenciones en políticas sectoriales -aunque algunos dirigentes defienden que éste no es un congreso de ideas ni de ponencias- con aderezos de vídeos y bailes, o de fotos con políticos de primera línea dentro del partido y del último gobierno, Pablo Casado ha sido propositivo en los actos públicos y entrevistas, desarrollando en primera instancia un programa económico liberal. El de Palencia ha llegado a cuestionar actuaciones del Ejecutivo popular, y de ganar unas elecciones generales se ha comprometido a edificar una revolución fiscal, uno de los grandes ejes de sus política. El diputado por Ávila viene dispuesto a bajar impuestos para ensanchar las bases imponibles, apuesta por la supresión de sucesiones, donaciones y patrimonio, establece un tramo máximo del IRPF por debajo del 40% y, pretende que el impuesto de Sociedades baje del 25 al 10%. También en el capítulo económico, quiere primar las desgravaciones en sociedades por innovación o emprendimiento, y postula el recorte del gasto administrativo y de las trabas burocráticas. Muy igualada la contienda, el equipo económico de Soraya Sáenz de Santamaría apuesta por la revolución la digital. El programa de la política vallisoletana se centra en hacer más competitivas las empresas por el lado de la eficiencia incentivando al máximo la inversión en tecnología. Pragmática, la exvicepresidenta prefiere anteponer su experiencia al frente del Gobierno de Mariano Rajoy y la estabilidad, a determinadas medidas ideológicas, criticando así los principios que Casado ha ido desgranando a lo largo de la campaña.

Las discrepancias por la oposición de Casado a la lista única encabezada por Santamaría, y las reticencias de ésta por la segunda vuelta han marcado la tónica general de la campaña, la temperatura y las diferencias dialécticas.

Mientras, Santamaría echa mano de las encuestas publicadas. Advierte de que su perfil es el que mejor se lleva con los sondeos para volver a Moncloa. Además, recuerda que es la lista más votada, un argumento al que por cierto se apuntan relevantes dirigentes del partido, aunque Casado mantiene que él es el candidato que peor le viene a la izquierda y a Ciudadanos.

En esa dualidad que los separa, Cataluña ha sido otro de los temas espinosos. Contrario a la Operación Diálogo y a sus resultados, Casado se ha servido de este asunto para remarcar sus principios sobre la unidad de España y su postura frente al independentismo. Los de Soraya, a su vez, han tratado el tema para decirle al vicesecretario que cuando Rajoy estaba en el Gobierno no se atrevió a decir una palabra más alta que otra sobre la cuestión.

Pero es la suma de compromisarios y las promesas y medias falsedades atribuidas a unos y otros lo que más asperezas levanta. Casado, con el equipo de Cospedal, y el viernes con Isabel García Tejerina, cree contar con 2.000 delegados, y Santamaría aconseja a su contrincante que más que multiplicar delegados estudie como sumar al partido.

Uno se muestra a favor de remunerar por objetivos a los funcionarios, o defender la libertad educativa, y otra se erige en la potencial ganadora frente a Pedro Sánchez. Uno pide cabinas, papeletas con nombre y sobres para garantizar el voto libre y secreto, y otra asevera que el PP quiere a una mujer, y por eso el 63% votó por ello.

Claro que el precandidato Joserra García Hernández piensa que la pugna ni siquiera ha empezado. La tensión llegará cuando los compromisarios se pronuncien antes del cónclave y entonces se desequilibre la balanza.

La última mano de mus acaba de empezar y Feijóo sin hablar.

Medidas de Pablo Casado

Revolución fiscal: El eje del programa económico de Pablo Casado se centra en una revolución fiscal: impuestos más bajos para ensanchar las bases imponibles, supresión de sucesiones, donaciones y patrimonio, establecimiento de un tramo máximo del IRPF por debajo del 40% y, que el impuesto de sociedades baje del 25 al 10%.

Desgravaciones: Desgravaciones en sociedades por innovación o el emprendimiento.

Menos gasto: Recorte del gasto administrativo y de las trabas burocráticas, y un avance en la flexibilización laboral y la seguridad jurídica.

Medidas de Sáenz de Santamaría

Revolución digital: Hacer más competitivas las empresas por el lado de la eficiencia incentivando al máximo la inversión en tecnología, concretamente más recursos a la inversión digital, dentro de un programa político global estratégico.

Capital riesgo: Mayor apuesta por el capital riesgo a través de garantías y avales.

Flexibilidad: Flexibilidad a las empresas que quieren invertir en el exterior, apostando por una buena gestión de Recursos Humanos.

Pragmatismo: Anteponer la experiencia de Gobierno y la estabilidad a determinadas medidas ideológicas.

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ANALISTA DE HECES
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LA ENANA ES UNA MIE RDA PINCHADA EN UN PALO

ADEMÁS DE INÚTIL, SOCIALISTA Y ASQUEROSA

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