Opinión

El cisne negro que sacude los mercados

En economía se conoce como cisne negro un evento imprevisto que cambia el curso de la actividad. La devaluación de la lira turca y del peso argentino comenzó como algo inesperado, de pequeño alcance, y esta semana contagió a otros mercados como Sudáfrica, Indonesia, Rusia o Filipinas. Hasta el punto de que muchos analistas comienzan a preguntarse si puede ser el detonante de la próxima crisis económica. Es decir, si estamos ante un cisne negro, que no sabemos distinguir de los demás.

¿Por qué economías de países que estaban alcanzando tasas de crecimiento de doble dígito se desploman de repente? El motivo está en su alto endeudamiento en moneda extranjera, sobre todo, en dólares.

Cuando el dólar estaba barato porque la Reserva Federal de Estados Unidos pagaba tipos cercanos a cero, el dinero viajó en busca de mejores climas y, sobre todo, de mayores rendimientos. Pero ahora que el bono americano a diez años se paga casi el 3 por ciento, los capitales vuelan de vuelta a casa y dejan desamparados a sus antiguos socios.

El problema lo tienen los países que se emborracharon por la euforia del dinero barato en dólares, porque ahora se encarece la factura y sus monedas entran en caída libre porque no tienen manera de devolverlo.

Turquía, uno de los más afectados, mantiene una deuda pública por encima de la mitad de su Producto Interior Bruto (PIB), de la que más de la mitad es en dólares. Como la lira turca pierde algo más del 40 por ciento en lo que va de año, el coste se multiplicará casi por ese porcentaje.

El ascenso de dirigentes como Recep Tayyp Erdogan, que desafían las reglas económicas y se niegan a adoptar medidas para prevenir un impago, aumenta la sensación de vértigo de los inversores, que huyen en masa de los destinos calientes.

¿Qué países son los más endeudados en dólares y, por tanto, con riesgo más elevado? Turquía y México, con una exposición por encima del 20 por ciento del PIB. Los siguientes en la tabla, con entre el 15 y el 20 por ciento de su PIB dolarizado, son Argentina, Indonesia, Arabia Saudí, Rusia y Malasia. Todos ellos tienen sus monedas en mínimos y sufren fuertes salidas de capital. Le siguen Sudáfrica, con alrededor del 12 por ciento, y Brasil, con el 10 por ciento.

Para más inri, la perspectiva del dólar es apreciarse aún más, ya que la Reserva Federal tiene previsto subir en otras dos ocasiones los tipos de interés de aquí a finales de año para prevenir un alza de los precios al consumo. Sobre todo, después de que este viernes se conociera que los salarios aumentan a tasas del 3 por ciento anual.

Brasil, el destino favorito de las grandes multinacionales españolas, es un crisol de problemas con una moneda castigada, el real, una deuda elevada y unas elecciones en ciernes, de las que puede salir un presidente populista, Jair Bolsonaro, que esta semana fue agredido con una puñalada en la calle. Lo salva, de momento, que la exposición al dólar es relativamente manejable.

Gran parte de la culpa de la caída de la bolsa española a mínimos anuales la tienen Argentina, México y Brasil. En Argentina, la situación es muy complicada. El Gobierno negocia un adelanto por la vía de urgencia de los 50.000 millones otorgados por el FMI, después de que el peso pierda alrededor de la mitad de todo su valor en lo que va de año. El presidente Macri, que afronta elecciones de medio término en otoño, debe anunciar un ajuste de caballo para contener la inflación superior al 30 por ciento. Además, tiene que ganarse el apoyo de una parte del peronismo para sacar el Presupuesto del próximo año.

En México, la firma del tratado con Estados Unidos, y la llegada de López Obrador a la Presidencia, que mantiene una estrecha relación con Trump, está sirviendo para amortiguar el golpe. Pero la gran incógnita y lo que determinará si la valoración de las grandes firmas españolas desciende a los infiernos, es Brasil, que celebra comicios en octubre.

Por si las cosas no estuvieran complicadas, luego está la amenaza de Trump de imponer aranceles por 200.000 millones a los productos chinos, a los que el viernes sumó otros 257.00 millones, hasta completar el medio billón, junto con los que entraron ya en vigor.

La ronda de conversaciones abierta con las autoridades de Pekín terminó en agosto sin resultados. En realidad, pocos confían en que se logre un compromiso, al contrario de lo ocurrido con México y, muy probablemente, con Canadá, ya que Trump afronta también elecciones de medio término en noviembre y necesita enarbolar la superioridad tecnológica de América frente a a la amenaza china.

Si el presidente anuncia finalmente las tarifas comerciales, Pekín promete contestarle con represalias sobre otros 60.000 millones en importaciones americanas y en otras actuaciones sin determinar. Una de ellas sería bloquear las alianzas entre empresas de los dos países. China es hasta ahora una fábrica barata de muchos componentes para los aparatos que venden las tecnológicas americanas, con lo que será como darse un tiro en el pie.

Un aspecto positivo, por intentar ser optimista, es que tanto las economías de China como de la India, que entre ambas suman más de 2.500 millones de habitantes tienen un deuda muy poco expuesta al dólar. Aunque el índice Shangai Composite pierde alrededor de 18 por ciento en lo que va de año, al igual que el de Honng Kong, por temor a que la economía del gigante amarillo se resfríe como consecuencia del conflicto.

No obstante, a diferencia de lo que ocurrió en 2015, tanto China como India están logrando mantener el atractivo para el capital foráneo y aún lucen datos económicos muy positivos en el ámbito manufacturero.

Se teme una escalada del conflicto comercial, que junto al fortalecimiento del dólar y la subida de los tipos de interés puede dañar no sólo la economía china o americana, sino sobre todo la de estos países emergentes. Un golpe de gracia que llevaría al índice de referencia de los mercados emergentes se sitúe por debajo del 20 por ciento en lo que va de año. Su debilidad se ve agravada por la caída en el precio de las materias primas, que son su principal suministro de divisas.

Argentina y Turquía prevén anunciar en breve medidas para atajar sus problemas, mientras que Trump puede retrasar una semanas las sanciones a China por presiones de la industria americana. Pero las tensiones tardarán aún semanas en desaparecer.

Y con este panorama tan poco halagüeño, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se reúnen para pactar un subida del IRPF a los que ganan más de 140.000 euros al año y bajar algunos impuestos autonómicos, a la par que pactan incrementar el gasto en sanidad y educación. Está bien revertir los recortes, pero de forma paulatina para dar tiempo a que se recuperen los ingresos fiscales.

El Gobierno sigue engrosando la factura del gasto sin explicar cómo va a mantener el déficit a raya. Esta semana aprobó también la sanidad universal y prometió liquidar el copago farmacéutico, mientras que baraja la liberación de más peajes.

Los acuerdos de PSOE-Podemos pueden quedar en agua de borrajas, porque los Presupuestos no lograrán ver la luz en el Congreso, por lo menos, hasta mediados del año próximo. Y eso si logra salvar el obstáculo del PP en el Senado.

Si la economía crece menos, como apuntan los últimos indicadores, la única manera de sostener el ritmo de gasto será echar mano del bolsillo de los españoles. Primero de los más ricos y, después del resto. Que no se engañen Iglesias y Sanchez, si los empresarios pierden competitividad o no ganan dinero, acabarán destruyendo el empleo. La mejor política social es crear las condiciones para que las empresas crezcan y se desarrollen, en lugar de freírlas a cargas sociales e impuestos. Se puede decir más alto, pero no más claro.

PD.-Las dificultades económicas conviven con un cambio de modelo, que cada vez se extiende a más ámbitos. El sector de la distribución es uno de los que está más afectados por los cambios. Si en verano fue Dia la que colocaron los bajistas en su diana ante la falta de un proyecto de crecimiento creíble, esta semana le tocó el turno a Inditex. La firma de moda de Amancio Ortega sufre la competencia de Amazon y del resto de distribuidores online y tendrá muy difícil sostener márgenes brutos del 17 por ciento, como tenía previsto en los próximos años, Su presidente, Pablo Isla, presentó esta semana en Milán la estrategia del grupo, consistente en ampliar su distribución por Internet a todos los países del mundo y en agilizar la ya existente, mediante la conversión en almacenes logísticos de parte de sus centros, ubicados en puntos estratégicos de las grandes ciudades. Si incrementa la facturación, aunque baje el margen, mantendrá la previsión de beneficio. Isla no detalló los tiempos ni el monto de su inversión, pero con una caja próxima a 6.000 millones la textil gallega se prepara para dar un salto cualitativo, que la reafirme como uno de los gigantes de la distribución del futuro.

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