¿Sobrevivirá la UE al populismo?

14/01/2017 - 6:00 Actualizado: 18:00 - 14/01/17

Otro año, otra amenaza a la supervivencia de la UE. La buena noticia es que la mayor ruptura de 2016, el voto de Reino Unido para abandonar la UE, parece manejable. La mala noticia es que tanto Francia como Italia enfrentan la perspectiva de que los populistas lleguen al poder en 2017. Lo que suceda en cualquiera de estos países podría decretar el fin de la Unión.

La UE recientemente se ha convertido en el blanco principal de los populistas. El fenómeno prosperó en primer lugar en Grecia, cuando el partido de izquierda Syriza llegó al poder en enero de 2015. Pero Syriza no pretendía retirar a Grecia de la UE; más bien, quería un mejor acuerdo con los acreedores del país, que habían impuesto medidas de austeridad devastadoras a los ciudadanos griegos.

La estrategia de Syriza en gran medida reflejaba la voluntad del pueblo. En un referendo de junio de 2015, los votantes rechazaron abrumadoramente un acuerdo propuesto por los acreedores de Grecia que habría significado una austeridad aún mayor. Sin embargo, la aceptación por parte del gobierno de un acuerdo esencialmente inalterado recibió un amplio apoyo pocos días después. Los votantes griegos entendieron que no valía la pena dejar de ser miembro de la eurozona a cambio de conseguir términos mejores.

Sin duda, no todos consideraban que pertenecer a la UE merecía el sacrificio. Pero había un aire de pragmatismo en la crítica popular hacia el club, que en gran medida se centraba en lo que hacía la UE, especialmente en el ámbito económico. Es por ese motivo que tales críticas han sido más sonoras en los países afectados por la crisis del euro, o que soportaron la austeridad o, más recientemente, que sintieron que los acuerdos comerciales los dejaron afuera.

Ese ya no es el caso. El populismo de derecha ha ganado tracción en economías fuertes (Austria) y en países donde los beneficios de la pertenencia a la UE son palpables (Hungría y Polonia). En Francia, nunca hubo una austeridad impuesta por la UE; hasta el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, admitió que las reglas presupuestarias de la UE en verdad no pueden ser impuestas por Francia, "porque es Francia".

Ahora los populistas no se centran en lo que hace la UE, sino en lo que ésta representa. En lugar de preguntar si la UE enriquece o empobrece a la gente, los populistas se centran en un interrogante más fundamental y poderoso: "¿Quiénes somos?" En un momento de inmigración a gran escala, este cambio no resulta sorprendente. Las sociedades que durante mucho tiempo se definieron según un entorno y una cultura compartidos ahora deben lidiar con las implicancias del multiculturalismo. Es por eso que la mayoría de los observadores de los partidos populistas, especialmente de los partidos de derecha, se han centrado en las actitudes hacia los extranjeros y las minorías.

Junto con el cambio hacia una política de identidades -un terreno que no es particularmente afín a las concesiones- ha llegado un cambio en la actitud hacia las instituciones democráticas. Los líderes populistas operan en base a la presunción de que la voluntad del "pueblo" (como lo define el populista) no debería estar limitada institucionalmente. Esto se contrapone a la premisa fundamental de la democracia liberal: que el poder de la mayoría debe ser limitado, en particular para proteger a las minorías, entre otros ámbitos, a escala electoral.

Los límites al poder de la mayoría del momento suelen conseguirse a través de lo que los norteamericanos llaman el "equilibrio de poderes" que incluye, por ejemplo, un sistema judicial independiente y requerimientos de una súper mayoría para alterar elementos fundamentales del sistema político. Y esos límites, por lo general, funcionan, al menos en su gran mayoría. En el Reino Unido, por ejemplo, tres jueces de la Corte Suprema dictaminaron que sólo el Parlamento -no el gobierno- puede recurrir al Artículo 50 del Tratado de Lisboa, el proceso formal para abandonar la UE.

Pero los políticos populistas se incomodan con esas limitaciones. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no sólo manifestó abiertamente su preferencia por una democracia "iliberal"; también se esforzó por desmantelar los controles al poder de su gobierno. Lo mismo es válido para el gobierno populista de Polonia, cuyo líder de facto, Jarosław Kaczynski, ni siquiera ocupa un cargo formal en la administración.

Dado su desprecio por las instituciones independientes, no es difícil entender por qué los populistas se oponen a la UE que es, en un sentido, la democracia liberal por excelencia: gobernada por reglas impersonales, en lugar de por la mayoría del momento, y donde la mayor parte de las decisiones requieren o una súper mayoría o una unanimidad. Para los populistas, la UE representa importantes limitaciones adicionales que son aún más difíciles de sortear que los controles internos. Eso la convierte en un problema.

Sin embargo, en otro sentido, la UE sufre de una democracia insuficiente: como señalan con frecuencia los líderes populistas, sus líderes en Bruselas no son electos. (Los populistas utilizan argumentos similares para negar la legitimidad, por ejemplo, de los tribunales nacionales).

La realidad, por supuesto, es que los gobiernos y parlamentos elegidos democráticamente nombran a los líderes y burócratas de la UE (y a los jueces independientes) precisamente para ponerle límites a la mayoría del momento y a los futuros gobiernos. Pero los populistas reformulan la manera en que sus seguidores entienden este sistema, declarando que esos funcionarios son parte de la "elite", elegida por otras elites como ellos para frustrar la voluntad del pueblo.

Es poco lo que los políticos convencionales, mucho menos los funcionarios de la UE, puedan hacer para contrarrestar este argumento. Algunos políticos nacionales sucumben a la presión popular y adoptan la retórica -y hasta el programa- de sus adversarios populistas. Pero la UE no puede hacer algo así, sin acelerar efectivamente su propio deceso.

Cuando el problema era lo que hacía la UE, había una solución posible: la Unión podía cambiar de estrategia en cuestiones económicas. Y, por cierto, la Comisión ha abandonado de facto la austeridad. De la misma manera, el nuevo acuerdo comercial de la UE con Canadá, firmado en octubre, concluyó poco después de que se resolvieran algunas concesiones.

Pero la UE no puede cambiar aquello que representa. No puede aceptar, mucho menos fomentar, la noción de que el equilibrio de poderes es un obstáculo para el progreso, o que los extranjeros amenazan el estilo de vida europeo. No puede ofrecer el tipo de soluciones radicales, imposibles o iliberales que utilizan los populistas para ganar respaldo. La UE debe seguir siendo un bastión de democracia liberal, con todas sus reglas y procedimientos poco atractivos pero necesarios.

En el contexto actual, esta representación engorrosa de una democracia de múltiples niveles y de una economía abierta no puede competir con las promesas elevadas de los populistas.

Sin embargo, cuando los populistas no puedan cumplir con sus promesas, la población volverá a recurrir a la UE. Es de esperar que todavía haya una Unión Europea en condiciones de esperarlos.


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Comentarios 7

#1
14-01-2017 / 20:08
Normal
Puntuación 8

Lo que no puede funcionar es meter en la UE y en el euro a países tan diferentes como Alemania y España , uno un país del primer mundo y el otro tercermundista.

#2
14-01-2017 / 20:28
Como?
Puntuación 0

El populismo junto a otros populismos son los que se han cargado la UE.

#3
14-01-2017 / 21:27
Pedro
Puntuación 13

al 1

Hay opiniones de premios Nobel de Economía dónde se dice que es imposible que convivan paises tan diversos en una unión monetaria, sin que hayan unas instituciones comunes que nivelen las disparidades tan enormes con inversiones productivas de los paises con superavit a los deficitarios y todo tipo de transferencias. si no se hace ésto dá tres soluciones, o salirse algunos de la zaona euro, o hacer un euro flexible para paises o grupos de paises cada uno con un valor o lo ya apuntado un fondo de garantia común, un seguro bancario común, con mucho mas solidaridad y menos austeridad a ultranza recortando en derechos sociuales, salarios, sanidad y educación.

Todas ellas no parece que se vayan a aplicar, principalmente por la oposición de Alemania.

Si n o se cambia radicalmente de política la zona euro y la UE entera colapsará mas pronto que tarde.

Lo que estan haciendo con Grecia es una barbaridad y está produciendo un sufrimiento y una miseria inimaginable y detras iran otros.

¿Que clase de UE es esta?

Otro premio Nobel dice que otra solución sería que Alemania abandonara el euro, parece una idea poco brillante pero si se analiza punto por punto es muy razonable.

#4
15-01-2017 / 01:49
Puntuación -7

# Al 3

No hace falta irse a la UE, tenemos CC.AA como Andalucía, Extremadura, etc que después de más de treinta años de ayudas siguen igual, hay cosas que en la vida se podrán igualar, los burros son burros y los cabellos son caballos, y aunque les des la misma comida, nunca van a ser iguales...

#5
15-01-2017 / 11:09
Puntuación 8

Al #4. Prejuicios al poder.

No, las cosas no son siempre así. Andalucía y Extremadura no han cambiado porque básicamente no han querido hacerlas cambiar. Se ha pagado el PER a los jornaleros del campo pero no se ha cambiado la propiedad del mismo, básicamente porque casi toda Andalucía y Extremadura están en manos de cuatro familias de la antigua nobleza (duques de Alba, Medina-Sidonia, etc.) y claro, el problema que sufre el campo andaluz es de propiedad, no de que la gente necesite otras historias.

Luego viene un problema de industrialización pero claro, han desindustrializado España entera. Antes había un montón de pueblos de Toledo que vivían de la confección. Ahora, con la entrada masiva de textiles chinos, esas plantas tuvieron que cerrar. Otro tanto para en Cataluña y en Valencia con los zapatos. ¿Y la metalurgia? Los altos hornos de Vascongadas cerrados. ¿Y los astilleros? España era, por su tradición, una potencia náutica y al morir Franco éramos de los mayores fabricantes de barcos del mundo. ¿Dónde están los astilleros ahora? El tema es que ni Extremadura ni Andalucía saldrán de la pobreza por esos motivos, no porque haya chorras que digan que es que la gente es vaga o enfermedades mentales por el estilo.

Y en España no salimos de la pobreza (sino que nos hundimos cada vez más en ella) por motivos parecidos. A nuestros lumbreras de políticos les pareció bien el abrir las fronteras a la Unión Europea. Pero es que lo fabricado en Alemania es mucho mejor y más barato que lo hecho aquí. Así que en vez de meter dinero a saco para modernizar nuestro tejido productivo y ponerlo al nivel del alemán (que es un proceso que tarda décadas), lo que hicieron fue desarticularlo y vendérselo a extranjeros. Así, España es un país de turismo, camareros y geriátrico de Europa. Pero esto, como digo, viene impuesto tanto por Europa como por los ineptos de nuestros políticos. ¿A qué tanto AVE? ¿Nadie se ha dado cuenta de cómo se multiplica el precio del tren cada vez que ponen un AVE y quitan un Talgo? ¿Y para qué necesito yo un Madrid-Oviedo en dos horas, o un Madrid-Valencia, o un Madrid-Sevilla? Si acaso un Madrid-Barcelona, un Madrid-Lisboa y un Madrid-Bilbao para salir desde Bilbao y Barcelona hacia París. Pues como esas, todas las inversiones, que han ido encaminadas a beneficiar a las grandes constructoras.

Como digo, malísima política por parte de los políticos españoles, tendente a robar y a llenarse los bolsillos, y por parte de esa "democrática" Unión Europea, que realmente es una manera de mantener los oligopolios centroeuropeos (léanse todo lo referente a la Unión del Carbón y del Acero y cómo evolucionó, núcleo de esta tan querida UE).

#6
15-01-2017 / 14:15
Cierto
Puntuación 8

#5 15-01-2017 / 11:09

SERGIO ORTEGA

Has dado en el clavo.

#7
15-01-2017 / 16:36
Javier
Puntuación 0

#5 Muy bueno.






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