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Entre el otoño de 2008 y el invierno de 2009, la economía y los mercados se vinieron abajo. Cuando se habla de riesgo sistémico, ésas son las consecuencias. Los riesgos que condujeron a la crisis -es decir, grandes entidades con demasiado apalancamiento, demasiado poco capital y demasiadas garantías estatales implícitas y explícitas- no eran imposibles de prever (algunos advertimos de la pandemia). Ahora, la pregunta es: ¿cómo evitamos que vuelva a suceder?
Para crear un sistema financiero seguro, debemos centrarnos en dos objetivos. Lo primero es acabar con la filosofía del demasiado grande para quebrar, que no hace más que engordar a nuestras bestias financieras. Lo segundo es dejar de centrarnos en los problemas de bancos individuales y fijarnos en el riesgo más amplio que plantean las entidades financieras más grandes y complejas.
Podemos lograr ambos objetivos cobrando a esas instituciones una cuota anual o impuesto. Las propuestas actuales de reforma del Congreso estadounidense defienden algo parecido, pero no llegan lo suficientemente lejos. El importe de la cuota variaría según el banco o empresa financiera, con dos elementos principales: una prima de seguro basada en si las deudas de la entidad comportan una garantía estatal real o implícita (semejante al sistema de la agencia estatal para garantizar la estabilidad financiera FDIC ya en curso) y una cuota que refleje la contribución de la entidad a una potencial crisis sistémica y de gran escala.
Todas las empresas grandes e interconectadas querrán reducir la cuota que deben pagar, por lo que tendrán un incentivo para decantarse por actividades menos arriesgadas y contraer menos deudas, lo que conllevará un sistema financiero más seguro y sólido. Al contrario que las leyes que propone el Congreso de EEUU, el dinero recaudado no debería ir a un fondo de resolución para contribuir al cese gradual de las entidades en quiebra, sino a resarcir a quienes sufren los daños colaterales de las crisis financieras sistémicas: las entidades solventes y negocios de la economía real que se ven perjudicados cuando estalla el pánico en los mercados de créditos.
Para entender la necesidad de esta iniciativa, recordemos qué condujo realmente a la crisis. El riesgo sistémico surge cuando las entidades financieras no disponen de capital suficiente para cubrir sus apuestas y deudas. Como resultado, cuando esas apuestas se desploman, las entidades quiebran o se congelan los mercados del crédito -y sin crédito, el comercio se hunde y las economías caen en recesión-. Eso es, precisamente, lo que ocurrió con algunas de nuestras mayores entidades: Fannie Mae y Freddie Mac, Lehman Brothers, AIG, Merrill Lynch, Washington Mutual, Wachovia y Citigroup, entre otras.
En el meollo del problema se encontraban los incentivos que tenían esas entidades para asumir unos riesgos tremendos. No estamos hablando de banqueros lerdos ni derrochadores, sino que, sencillamente, tenían acceso a la financiación barata de los mercados de capital gracias a un respaldo estatal implícito (por la mentalidad del demasiado grande para quebrar) o apoyo explícito, como en el caso de las entidades depositarias u organizaciones como Fannie y Freddie. Por esa razón, explotaron las lagunas normativas para asumir billones de dólares en apuestas de un único sentido en instrumentos financieros del sector inmobiliario residencial y comercial, y otros créditos al consumo. Eran unas inversiones seguras en su mayor parte, salvo que se materializara una recesión económica grave. Los banqueros sabían que todos los beneficios de esas actividades corresponderían a sus accionistas, mientras que todos los costes -en caso de colapso- los soportaría la sociedad.
Pensemos en la manida analogía de Ben Bernanke sobre por qué los rescates, por muy desagradables que sean, son a veces necesarios. El presidente de la Fed describe a un hipotético vecino que fuma en la cama y, por un descuido, provoca un incendio que le quema la casa. Podríamos enseñarle una lección, dice Bernanke, negándonos a llamar a los bomberos y dejar que la casa se haga cenizas, pero correríamos el riesgo de que el incendio se propagara a las demás viviendas. Por eso, lo primero es apagar el fuego y, sólo después, nos ocuparemos de las reformas y el justo castigo.
Modifiquemos el relato ligeramente. Si la casa del vecino arde en llamas, apagar el fuego podría costar la vida a los bomberos. Podríamos llamarlos, pero en lugar de salvar la casa de ese vecino, los bomberos se quedarían protegiendo nuestra casa y la de los demás. Si el fuego se propaga, estarían listos para extinguirlo. Este enfoque podría salvar vidas y posee la ventaja añadida de escarmentar al vecino culpable para que se abstenga de fumar en la cama o cambie su alarma contra incendios.
Ése es el objetivo de la cuota de riesgo sistémico para las grandes entidades financieras.
¿Cómo funcionaría en la práctica? En cuanto a la primera parte de la cuota, el Gobierno tendría que decidir qué pasivo bancario -depósitos extranjeros, préstamos interbancarios, deuda privada, deuda a largo plazo, etc.- tiene garantías implícitas o explícitas. Después, como en el seguro FDIC de depósitos domésticos, el Gobierno cobraría a los bancos una prima por esas garantías. Y, cuando una entidad financiera entrara en bancarrota, se sometería a un proceso de resolución creíble y preestablecido -una especie de declaración de últimas voluntades- según el cual no se rescata a la empresa, pero el pasivo que no está garantizado por el Gobierno se convierte en acciones de capital. Así, los acreedores, y no los contribuyentes, son quienes soportan los costes del fracaso.
La segunda parte de la cuota es más crítica. Los bancos y sus grupos de presión dirán que es imposible medir la contribución particular de una compañía en los costes sistémicos de una crisis financiera, pero no les crean. No es tan complicado. Hay evidencia y estudios de sobra sobre la magnitud de los costes de muchas crisis a lo largo de los años. Son costes enormes porque no sólo incluyen el precio de los rescates estatales, sino las pérdidas globales que sufre la economía en una crisis bancaria. Basándonos en pruebas históricas de crisis por todo el mundo, es razonable prever una crisis financiera cada 50 años, con un coste cercano al 5 por ciento del Producto Interior Bruto. Hoy, eso implicaría un impuesto anual de 14.000 millones de dólares al sector financiero estadounidense -no exactamente calderilla-. Para determinar la contribución de una empresa en concreto al riesgo financiero sistémico, hay que poder calcular el tamaño de su pasivo, apalancamiento, cómo sus pérdidas reflejan las del sector financiero global en una crisis y hasta qué punto está interconectada con el resto del sistema financiero. Salvo por ese último factor, todo puede calcularse a partir de datos disponibles. Eso es, exactamente, lo que hicimos con nuestros colegas de la escuela de negocios Stern en un informe que analizaba el riesgo de grandes empresas financieras en junio de 2007, antes de la erupción de la crisis. Las seis compañías con el mayor riesgo sistémico le sonarán familiares: Bear Stearns, Freddie Mac, Fannie Mae, Lehman Brothers, Merrill Lynch y Countrywide Financial.
Reducir o, por lo menos, controlar el riesgo sistémico debería ser prioritario para los legisladores. De los miles de bancos que hay en EEUU, casi todos los activos están en manos de 50 grandes holdings bancarios que, en conjunto, representan alrededor de 14 billones de dólares. Curiosamente, dos tercios de todo eso lo controlan sólo seis entidades financieras, en este orden: Bank of America, JPMorgan Chase, Citigroup, Wells Fargo, Goldman Sachs y Morgan Stanley. Si a eso le añadimos las entidades patrocinadas por el Gobierno, como Fannie y Freddie, y las grandes compañías de seguros, estaremos abarcando prácticamente todo el sistema financiero de EEUU.
Irónicamente, esta crisis sólo ha empeorado, y no reducido, el riesgo sistémico, al conducir a la creación de más entidades con el tamaño suficiente como para plantear una amenaza al sistema global: Bank of America se fusiona con Countrywide y Merrill Lynch, JPMorgan con Bear Stearns y Washington Mutual, y Wells Fargo con Wachovia. MetLife, la mayor compañía de seguros de vida de EEUU, comprará la parte internacional de AIG, aumentando sus activos en casi el 15 por ciento.
No será fácil volver a meter al genio en la botella, pero creemos que nuestra proposición de una cuota animaría a las empresas a hacerse más pequeñas, modificar su asunción de riesgos y reducir su apalancamiento. Hay esperanza. Algunos gobiernos ya se están moviendo en esa dirección. En la recta final hacia las elecciones del mes que viene, los dos grandes partidos de Reino Unido están de acuerdo en la necesidad de un impuesto bancario. Alemania y Francia también lo apoyan.
Por desgracia, estas propuestas, junto con las del Congreso americano, siguen centrándose en las compañías y no en los costes que su asunción de riesgos impone al resto de la sociedad. A menos que los bancos se enfrenten al panorama de pagar por adelantado los daños, seguirán contaminando el sistema financiero con riesgos innecesarios y aumentando las probabilidades de otra crisis.
Matthew Richardson y Nouriel Roubini, profesores de la Universidad de Nueva York.
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TODO ESO ESTA MUY BIEN PERO MIENTRAS SE SIGA UTILIZANDO EXCEPTIONS D Y S EMITIDAS POR LA PROPIA SEC CON EL AMPARO DE LA FED Y LA SEXTA ENMIENDA DE LOS USA NO HAY NADA QUE HACER
Es curioso si alguien puede responder porque las teorias de Rubini, Siglitz y Krugman, por decir algunos de los más significativos criticos, con los erroes sucesivos de los rescates y de la orientación ante la crisis financier aglobal, y además el tiempo hasta ahora siempre les dá la razón de forma muy clara, y no les hacen ni puñetero caso los gobiernos, ¿podria alguien dar su opinión, me parece sorprendente lo que está ocurriendo como el simil del incendio comentado?.
#2
La respuesta está en el título del libro "Mercaderes y banqueros en la edad media". Nadie les hace caso porque poder financiero=politica de alto nivel. Si no recuerda que Suiza fue un pais neutral cuando la II guerra mundial!!! estaba el oro de los nazis y de los aliados (que mueran los jovenes pero no el dinero!)
¡Glass-Steagall o muerte!: El disparate de Trichet
Increase Decrease¡Glass-Steagall o muerte!:
EL DISPARATE DE TRICHET
Por Lyndon H. LaRouche, Jr.
9 de abril de 2010 (LPAC) La introducción de la legislación Glass-Steagall en Estados Unidos, bajo la Presidencia de Franklin D. Roosevelt, salvo a la civilización de la amenaza que se asomaba de los efectos globales de un derrumbe de Estados Unidos, y prosiguió para blindar a Estados Unidos y a muchas naciones de Europa y otras partes precisamente de la catástrofe general mundial como la que se le vino encima ahora a todo el mundo considerado en su conjunto.
La abolición de la Glass-Steagall, bajo el Presidente Richard Nixon, debida al consejo incompetente de Arthur Burns y otros a mediados de agosto de 1971, que desató la secuencia de reacción en cadena de catástrofes económicas que condujeron hasta la presente situación prácticamente desahuciada bajo cualquier esfuerzo de continuar el actual sistema monetarista en el mundo hoy día.
Esta reforma Glass-Steagall fue la que rescató a la Europa de la época de la Guerra de los 1940, y por más de una década después, en contra de la ruina que hubiera sido inevitable sin los beneficios del sistema de tipos de cambio fijos que se desprenden de las implicaciones de la reforma original Glass-Steagall.
Jean-Claude Trichet debería reconocer las implicaciones de estos hechos y los relacionados. En su respuesta a una pregunta, en la que alegó que la Glass-Steagall era un asunto estadounidense y no pertinente para otras naciones hoy día, parece mostrar una rara indiferencia a los hechos históricos más esenciales de los 80 años de la historia mundial precedente. Puesto que, con seguridad, hoy día, a menos que se introduzca una reforma tipo Glass-Steagall de tipos de cambio fijos, no habrá nunca una recuperación económica en ninguna parte de Europa en algunas generaciones por venir.
Aunque las peores medidas se introdujeron en los mismos Estados Unidos bajo la presidencia de Alan Greespan en la Reserva Federal, mediante la legalización de lo que habían sido las prácticas delictivas del uso de los "derivados financieros", la base para la monstruosamente trágica reforma perpetrada por Greenspan se debe entender como una amenaza que asomaba desde los acontecimientos pertinentes de agosto de 1971.
Yo sugeriría por ende, que la Glass-Steagall constituye una cuestión urgentemente atinente de política para todas y cada una de las naciones de Europa hoy día. Dado que yo soy el pronosticador económico más exitoso de éstas décadas recientes, una habilidad que Allan Greenspan acaba de admitir recientemente de la cual carece, los europeos inteligentes deben revisar de manera consecuente las cuestiones decisivas de trascendencia.
¿Qué parte de la reorganización por quiebra no entienden?
Increase Decrease12 de abril de 2010 (LPAC) — El pasado 10 de abril, el presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss-Kahn agregó su voz a la del presidente del Banco de Ajustes Internacionales, la del presidente de la Reserva Federal Bernanke, Peter Peterson y otros, cuando dijo en una conferencia sobre economía en Cambridge, Inglaterra, que las deudas públicas masivas amenazan a las economías "avanzadas", y que la principal prioridad debería ser detener este crecimiento. A lo que se reduce esta receta es a pedir genocidio, mediante presupuestos de austeridad, clamor que el gobierno de Obama ha suscrito también de todo corazón.
Si estos dizque economistas fuesen competentes, podrían entender que existe una alternativa muy simple a matar gente. Se llama reorganización por quiebra y podría despejar el camino de deuda impagable e ilegítima, sentando las bases para embarcarse en un programa masivo de emisión de crédito estatal para grandes proyectos de infraestructura que necesita la economía física.
Los anglovenecianos detrás del Santander
Increase Decrease11 de febrero de 2010 (LPAC).— El siguiente artículo se publicará en la edición del 12 de febrero de Executive Intelligence Review.
Los anglovenecianos detrás del Santander
por John Hoefle
Mucha gente, cuando piensan en bancos como el Banco Santander, tienden a pensar sobre estos como instituciones individuales, cuando, en verdad, el mundo de las finanzas está dominado por redes de instituciones cuyas conexiones son muchas veces solo parcialmente reveladas, y muy a menudo ocultas para que no las vean. Cuando de las "altas" finanzas se trata, el mundo es mucha más pequeño de lo que puedes sospechar.
El Banco Santander es un buen ejemplo de cómo funciona el sistema oligárquico. Por encima, parece que fuera un banco regional español cuya experiencia lo catapultó hacia una operación de la elite internacional; pero cuando miras debajo de esa fachada, te encuentras muy rápidamente en las negras entrañas del imperio angloveneciano. Detrás del Banco Santander se encuentran algunas de las fuerzas internacionales más poderosas y criminales.
Mientras pelamos la cebolla del Santander, encontraremos a la monarquía británica, el núcleo de las finanzas venecianas, y una horda de otros elementos desabridos. Enseguida, actualizamos y ampliamos algunos de los hallazgos presentados en el número de la EIR del 2004 sobre el Banco Santander.
Nexos ocultos
El Banco Santander es miembro de un consorcio bancario europeo, el Grupo Inter-Alpha. Este grupo formado en 1971 consiste de 11 bancos. Además del Santander, también forman parte el Royal Bank of Scotland (Banco Real de Escocia), el banco italiano Intesa Sanpaolo, el banco francés Societe Generale, el banco alemán Commerzbank, el banco ING de los Países Bajos, el KBC de Bélgica, el Nordea de Suecia, el Banco Nacional de Grecia, el Banco Espirito Santo de Portugal y el AIB de Irlanda. Sus operaciones combinadas cubren gran parte de Europa, incluyendo una penetración significativa en el antiguo bloque soviético, los Estados Unidos e Iberoamérica.
El Grupo Inter-Alpha como tal es solo parte del cuadro, puesto que el poder real reside en lo que controla a las instituciones mismas, y en el uso que le da a estas instituciones.
El poder detrás del Royal Bank of Scotland (RBS) es la monarquía británica. Una de las posesiones del RBS es Coutts & Co., que es tal vez el primer banco privado en el mundo. Coutts, cuyo logotipo consiste en tres coronas, provee de servicios bancarios muy discretos a los miembros de la familia real británica, a familias reales extranjeras, y a muchos prominentes agentes imperiales en todo el mundo.
El RBS es una de las dos firmas que hizo una alianza estratégica con el Banco Santander. La otra es la Assicuracioni Generali ("Generali"), la aseguradora veneciana gigante que se posa como una araña al centro de la red de las finanzas venecianas. El presidente de la Generali, Antoine Bernheim, hizo la mayor parte de su carrera con Lazard, el poderoso banco de inversiones. Bernheim es además director de otros dos miembros del Grupo Inter-Alpha, el Banco Santander y el Intesa Sanpaolo, del cual es vicepresidente. Ana Patricia Botín, quien aprendió sobre la actividad bancaria en el banco JP Morgan y ahora forma parte del directorio del Banco Santander y preside su subsidiaria Banesto, es también directora de la Generali. José María Amusategui, antiguo copresidente del Santander, forma parte del consejo directivo de la Generali, y las dos firmas entrecruzan propiedades.
La relación estratégica entre el RBS y el Banco Santander se mostró también en la oferta conjunta, al lado del banco holandésbelga Fortis, para apoderarse del gigante bancario holandés el ABN Amro en el 2007. Con la asociación de varios fondos especulativos, Los tres bancos rompieron un contrato entre el Barclays y el ABN Amor, y se quedaron con el banco para ellos.
El Banco Santander, y el Grupo Inter-Alpha en su conjunto, se debe ver como un instrumento de la monarquía británica y de los venecianos. Tales redes bien acopladas son un componente clave de cómo dirigen el mundo. El número de países en que operan estos bancos es demasiado grande como para darlas a conocer aquí, pero incluye a todas las naciones importantes del planeta, desde Europa Occidental y Oriental, hasta las naciones BRIC -Brasil, Rusia, India y China- hasta Norte y Sur América, Asia y África. Desde centros financieros hasta paraísos fiscales extraterritoriales, desde naciones que ellos controlan hasta naciones que les gustaría manejar, estos bancos y otros como ellos tienen actividades.
El RBS es un actor principal en Estados Unidos, propietario del Citizens Financial Group -una de las 20 compañias bancarias más grandes- y del Greenwich Capital Markets. Pero RBS también tiene una conexión directa con Goldman Sachs. Antes de que el Gobierno británico comprara el RBS en 2008, uno de los directores del banco era Peter Sutherland, el presidente de la rama londinense de Goldman (Goldman Sachs International). Sutherland también es presidente de la British Petroleum (BP), la gigante petrolera de los británicos; presidente del Consejo de la London School of Economics (Escuela de Economía de Londres); miembro del comité directivo del Grupo Bilderberg del Príncipe Felipe; y el presidente europeo de la Comisión Trilateral. Sutherland hizo su carrera impulsando la globalización, como director general del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y su sucesor la Organización Mundial de Comercio (OMC). Tales nexos arrojan una luz interesante en las actividades financieras y políticas de Goldman Sucks, el calamara vampiro cuyo director ejecutivo dice estar haciendo el trabajo de Dios.
El Intesa Sanpaolo cuenta entre sus predecesores al banco Banca Commerciale Italiana (BCI), el banco donde se formó la infame logia masónica Propaganda-2. En los años 70, el BCI también era dueño de una parte significativa de Lehman Brothers. Lehman también tenía posiciones de propiedad entrecruzadas con la Generali, desde los años 50, así como Lazard. El Intesa Sanpaolo afirma que es el banco número uno en Serbia; el número dos en Albania, Croacia, Hungría y Eslovaquia; quinto en Bosnia y Herzegovina; y sexto en Egipto.
Cuando el BCI hizo su inversión en Lehman Brothers, el presidente de Lehman Brothers era Peter Peterson, el hombre que fundaría después el gigante de los fondos piratas Blackstone Group, y uno de los principales financistas del movimiento de austeridad fascista en Estados Unidos. Blackstone es propietario del poco menos del 3% de Generali, una conexión que presentamos para indicar donde Blackstone consigue parte significante de su financiamiento. Además nos sugiere de dónde es que Peterson saca su programa político, en vista de que Generali fue uno de los creadores del fascismo corporativista de Benito Mussolini.
La lama mohosa
Lord Benjamin Disraeli, primer ministro británico de finales de los 1800, una vez comentó que El mundo está gobernado por personajes muy diferentes de cómo se los imaginan los que no están tras las bambalinas.
Disraeli estaba en posición de saberlo. Los Santanderes, Goldman Sachses, y Blackstones del mundo son, a pesar de su poder aparente, solo piezas de un tablero de ajedrez controlado por manos invisibles. Este es el método por medio del cual el imperio anglo-veneciano dirige el mundo, y el sistema para derrotar el cual se fundó Estados Unidos.
Lyndon LaRouche ha caracterizado este sistema oligárquico como lama mohosa, un organismo que sobrevive adaptándose a los cambios en las circunstancias, despojándose de los componentes que ya no son necesarios y absorbiendo los que si lo son, en una batalla constante por preservar su existencia. Su único imperativo real es el de mantener y expandir su poder, inexorable e implacablemente.
La clave para entender a este enemigo es verlo como a un sistema, desde arriba a abajo, en vez de abajo hacia arriba, como una colección de instituciones individuales. Las instituciones son meramente contenedores de capacidades, que pueden ser reorganizadas o desechadas si es necesario.
El Coutts fue fundado en 1692, y ha pasado por varias encarnaciones. Hoy, es propiedad del BRS, pero vendieron sus operaciones iberoamericanas al Banco Santander.
La Generali fue fundada en 1831, a partir de una colección de pequeñas compañías de seguro venecianas. Es el poder financiero dominante en Italia, pero su influencia se extiende por todo el mundo.
Pareciera que esas instituciones fueran eternas, pero eso es una ilusión. Que hayan sobrevivido hasta ahora, no las hace permanentes.
Quienes confíen su futuro a bancos como el Banco Santander, harían muy bien en reflexionar sobre la suerte del Barings, el banco británico que otrora fuera llamado "la sexta gran potencia de Europa". El Barings, fundado en 1762, fue una potencia por más de 2 siglos, hasta que se colapsó en 1995. Le vendieron su esqueleto al ING, otro miembro del Grupo Inter-Alplha, por 1 libra esterlina nada más.
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