
Ante el aparente fracaso de la oleada de medidas sin precedentes lanzadas en octubre y noviembre para tratar de salvar el sistema financiero de EEUU y Europa, ahora aparece en el horizonte la que puede ser la solución más dolorosa, pero también la definitiva: el banco malo. Una solución que los políticos no quieren ver ni en pintura hasta ahora pero que Obama podría adoptar si de verdad quiere ser tan radical en sus políticas anticrisis como ha prometido.

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