
Dicen los refraneros que las malas noticias nunca vienen solas. Y Rusia es el ejemplo. Si la economía rusa no tenía ya bastante con la caída del crudo (un 71% desde sus máximos históricos de julio), con el cierre de su parqué cada vez que las acciones de desplomaban en las semanas post Lehman, y con la depreciación del rublo (ha caído un 13% frente al dólar en el año); ahora también tiene que hacer frente a una rebaja en sus ratings.

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