
Seamos sinceros, por muy mal que estén las carteras el vicio vende. Entre deshaucios inmobiliarios, reajustes hipotecarios y sangrías de efectivo nadie se priva de sus cigarritos, sus copas y, como no, algún que otro díscolo vídeo pornográfico para el placer personal o en compañía. Determinadas industrias han sorteado con el mejor de los saleros cada recesión o mala racha jugada por la economía mundial.

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