El precio que paga el consumidor por una clementina es nueve veces superior al que cobra el agricultor por ella y por un filete, ocho veces su precio inicial. Así lo indica un estudio que señala que este tipo de productos se encarece una media del 420 por ciento en la cadena de intermediarios y que lo que cobró originalmente el agricultor o el ganadero sólo representa el 27 por ciento del precio final.
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