La ambición de la familia Salazar, propietaria todavía del 20% del grupo SOS, parece no tener límites. Al margen de los 230 millones de euros que desviaron presuntamente a sociedades particulares, la empresa ha detectado también la existencia de letras de cambio avaladas por el propio grupo y emitidas a su nombre desde Ginebra (Suiza) por un importe que podría alcanzar los 40 millones de euros.

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