
Cuando alguien promete que saldrá el sol mientras a través de la ventana sólo se ve nieve, la primera reacción que genera en su interlocutor suele ser la incredulidad. Esta misma reacción es la que se está dando entre los gestores de fondos de inversión y las retribuciones que prometen los bancos. Las entidades no se han cansado de repetir que mantendrán su dividendo contra viento y, sobre todo, contra la marea financiera.

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