Ayer se cumplieron 17 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, un ataque que cambió la historia moderna e instigó guerras en Afganistán e Irak, cuyo efecto en las finanzas públicas de EEUU ha sido más que evidente. Según datos del Departamento de Defensa, desde entonces hasta el pasado 31 de marzo, el coste en operaciones bélicas supera los 1,5 billones de dólares. De acuerdo al estudio más reciente del Stimson Center, entre el año fiscal 2002 y 2017, EEUU ha dedicado un 16 por ciento de su presupuesto discrecional a combatir el terrorismo. Incluye no solo el coste de las guerras sino también los esfuerzos del Departamento de Seguridad Nacional y otros programas asociados.

Con una cifra que alcanzó los 2,8 billones de dólares hasta el año pasado, podría decirse que al menos, durante los últimos 15 años, EEUU ha gastado 186.600 millones anuales, lo que representa el coste combinado en defensa de Rusia, la India y Corea del Sur en 2017.

El gasto en contraterrorismo tocó techo en 2008, con 260.000 millones de dólares, una cifra que bajó hasta los 175.000 millones en 2017. Esta cifra representaría casi 2,5 veces más que el presupuesto de Salud y Servicios Humanos sugerida por la Administración Trump para 2019.

Como señala el estudio, las acciones terroristas de extremistas musulmanes desde los ataques del 11-S de 2001 han acabado con la vida de al menos 100 personas en EEUU, lo que equivaldría a alrededor de seis por año. En comparación, las sobredosis de opiáceos provocaron más de 20.000 muertes solo en 2016. En los últimos 15 años, el gasto en seguridad nacional ha ascendido a 979.000 millones de dólares (el 35 por ciento del total del presupuesto contra el terrorismo).

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