De nuevo, todo apunta a que Cataluña vivirá hoy otra Diada marcada por el enfrentamiento. Se trata de un síntoma más de cómo, transcurrido casi un año desde el referéndum ilegal del 1-O y la activación del artículo 155, la situación política y económica dista mucho de estar normalizada.

No debe exagerarse la importancia de hechos recientes, como el regreso de la sede social de Agbar a Barcelona o la apertura de oficinas de Facebook y Amazon en la Torre Glòries y en edificios colindantes.

Lo cierto es que todavía son múltiples las anomalías que se detectan en la actividad de cientos de empresas. Una evidencia la ofrece TV3.

La publicidad de firmas privadas en esta televisión autonómica cae este año a ritmos superiores al 20%. Resultaría ingenuo achacar la culpa de esta situación a los apuros que aún atraviesa el mercado publicitario televisivo.

Es cierto que el volumen de anuncios todavía cae a ritmos del 7% a escala nacional, pero se trata de una tasa muy alejada del desplome que sufre TV3.

Hasta el punto de que la supervivencia de la cadena se supedita casi en exclusiva a la publicidad propia de las instituciones catalanas y a las aportaciones extra de la Generalitat.

De hecho, es el propio Govern el responsable de que un canal público se vea abocado a convertirse en altavoz del independentismo. Ante ese uso sectario, ni siquiera su cuota de pantalla del 14%convence a los anunciantes a la hora de posicionar sus productos en la televisión catalana.

Las empresas, por tanto, siguen estando incómodas en la actual situación de anormalidad que el secesionismo se empecina en mantener. Y así, si la inestabilidad permanece, saldrá perjudicada su capacidad de invertir y crear empleo en Cataluña.

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