Hace sólo un año, el barril de crudo Brent, el de referencia en Europa, cotizaba en el entorno de los 48 dólares. Hoy -y a pesar de haber frenado su escalada- está un 52% más caro, en el entorno de los 73 dólares. El rally bursátil que ha experimentado llevó a la materia prima a rozar los 80 dólares -y a tocar máximos de cuatro años- el pasado mes de mayo.

El principal motivo que explica este espectacular avance no es otro que la ley de la oferta y la demanda. Mientras que las reservas de oro negro han decrecido en el último año y medio por el aumento de la demanda mundial, los principales productores -la Opep y Rusia- han pactado estrangular el mercado recortando la oferta. El efecto de este acuerdo sólo se ha visto paliado, en el último mes, por la cruzada comercial del presidente de EEUU, Donald Trump, que en varias ocasiones ha señalado que no quiere que el recurso energético esté tan caro. 

Quien estuviese invertido en petróleo ha podido embolsarse una suculenta rentabilidad: en el último año y medio, desde los mínimos de 12 años que tocó en enero de 2016, el Brent se anota un 162%. Aquel que apostase por las petroleras europeas ha visto cómo, por ejemplo, la británica BP subía un 30% en los últimos doce meses, Repsol un 25%, Galp un 23% y Eni y Total sendos 20%. 

Pero, más allá de todas estas buenas noticias para los inversores, el alza del crudo repercute directamente sobre el precio de la gasolina; y aquí el efecto no es tan positivo. Según los datos de un estudio de Bloomberg, España no sólo sufre la subida de la materia prima como cualquier otro país, sino que, además, los españoles están entre los europeos que más porción del sueldo destinan a comprar un litro de gasolina (ver gráfico). Dedican, de media, el 1,75% de su salario diario a este fin, por encima del porcentaje que emplean los franceses (1,5%), británicos (1,4%) o alemanes (1,2%). Alimentar a sus vehículos les cuesta aún más caro a los italianos (2%), portugueses (2,8%) y griegos (3,4% del sueldo de un día). Todo esto, con datos a cierre del primer trimestre, momento desde el cual la cotización del crudo sube un 4%. 

De entre los 61 países que Bloomberg ha analizado, los estadounidenses están entre los ciudadanos que más barato pagan el carburante: la porción de su sueldo cae al 0,5%. Por debajo del 1% encontramos también a los suizos, irlandeses y noruegos. En el otro extremo se sitúan India y a Pakistán, con abrumadores datos del 18 y del 20%, respectivamente, mientras que los brasileños, también entre los que más desembolsan, abonan un 4,6% de su salario diario a cambio de un litro de gasolina. 

 ¿Qué senda seguirá el petróleo? 

El recorrido alcista del crudo parece dar muestras de agotamiento, frenado por factores como la guerra comercial, la publicación de datos de inventarios inesperadamente altos o el repunte del dólar. 

Según explican desde Andbank, la cotización del oro negro tenderá a bajar, entre otras razones, "porque las energías alternativas están tomando el testigo", de modo que a los productores les interesar mantener el precio del petróleo bajo el mayor tiempo posible "para que el coste de oportunidad de las energías alternativas sea más alto".

Desde la entidad también apuntan a que los crecientes problemas medioambientales motivarán un endurecimiento de la legislación y, por tanto, del control de los niveles de producción; por ello, "los productores tienen un potente incentivo para monetizar sus reservas, antes de que la legislación internacional no les permita hacerlo a los ritmos deseados", explican. Y sitúan el precio objetivo del barril en los 45 dólares. 

Más optimista es Tomás García-Purriños, de Morabanc Asset Management, que lo ve en los 75 dólares, aunque no descarta una corrección hasta los 68 dólares, "que había que aprovechar para comprar". Entre los factores que impulsarán su cotización menciona la regulación IMO 2020, que obligará a reducir, de aquí a dos años, el contenido de sulfuro de un determinado tipo de combustible que utilizan fundamentalmente los barcos.

Se prevé que muchas naves cambien su carburante actual por un nuevo combustible para cuya producción se precisa una mayor proporción de crudo, lo que elevará la demanda. 

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