La gran mayoría de la tecnología que viene de serie en los coches ha nacido de la innovación de la Fórmula Uno y demás competiciones de motor, como las cajas de cambio automáticas, neumáticos cada vez más resistentes o la manera en la que arrancamos el coche.

Seguro que muchos de ustedes piensan que las carreras de coches no son más que un divertimento para gente que se gasta mucho dinero sin mucho sentido, con un alto riesgo innecesario y sin ningún beneficio para los demás. Otros ven las carreras como algo más, algo que les llena el corazón y les motiva; pero hoy no vamos a hablar de eso, sino de ver cómo el mundo de las carreras sí que ha tenido un impacto beneficioso para todo el mundo, sea de los primeros o de los segundos.

"Del circuito a la carretera". Seguro que este eslogan, o alguno bastante similar, ha pasado por delante de ustedes ya sea en televisión, prensa, carteles publicitarios, concesionarios de coches, etc. Para muchos es solo marketing, palabras vacías que solo sirven para que chavales jóvenes hagan de las carreteras su circuito y pongan en peligro a los demás.

Para otros es una muestra de la calidad de la marca y de sus coches y un incentivo para comprarlos. Personalmente creo que en muchos casos son palabras vacías, ya que vender una experiencia de conducción es complicado, aunque en este artículo veremos que ese "del circuito a la carretera" tiene mucho de cierto.

Las competiciones de coches y motos al más alto nivel son siempre un buen escaparate para las marcas y un desafío para sus ingenieros. Siempre se busca ser el primero y con ello cualquier ventaja que se pueda tener. Se desarrollan nuevas piezas, nuevas configuraciones, nuevos sistemas que den esa ventaja que te permita ganar. Este ritmo y esta presión por ganar implica un gras desembolso económico para los fabricantes de coches que participan en competiciones, pero a cambio les permite adquirir una valiosa información sobre nuevos diseños, nuevas técnicas de fabricación, nuevas maneras de probar el equipamiento y finalmente, comprobar si funciona tal y como estaba diseñado.

Esto, para un producto que va destinado al día a día y que se va a vender durante años, es imposible de realizar, y tardaría mucho más tiempo en obtener resultados para seguir mejorando con esta estrategia.

Un ejemplo claro lo podemos ver con los nuevos materiales que se están aplicando. El más conocido sería sin duda alguna la fibra de carbono. Un material extremadamente resistente, ligero y maleable, pero que siempre ha pecado de ser difícil de trabajar y caro de fabricar. Antes solo equipos de Fórmula Uno o similar tenían la capacidad de hacerlo, pero ahora encontramos multitud de vehículos deportivos que incorporan fibra de carbono y todo gracias al trabajo en competición, donde se busca cómo fabricar más barato, rápido, de mejor calidad y más grande.

Esto permite a grandes fabricantes de automóviles tomar esa información, mejorar los procesos y hacer el que precio para el usuario final baje, consiguiendo coches más resistentes, seguros y ligeros, algo que nos ayuda a salvar más vidas en carretera. Con coches más ágiles tenemos mayores probabilidades de evitar un accidente, y con coches más resistentes (junto con nuevos materiales deformables y los avances en cálculo de estructuras y deformaciones) conseguimos habitáculos más seguros para los pasajeros, reduciendo los daños personales en accidentes.

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