Mariano Rajoy duda en aplicar el artículo 155. No es un juego. Intervenir una autonomía es algo muy serio sobre todo si hay miles de personas, dispuestas a echarse a la calle. Hay que pensar que se trataría de detener, encarcelar e inhabilitar al presidente Carles Puigdemont, a su vicepresidente, Oriol Junqueras, y al resto de consellers. Habría que disolver el Parlament y detener a su presidenta, Carme Forcadell. Habría que juzgar al mando de los Mossos y expulsar a los que incumplieron la ley, y de ahí para adelante. Demasiado arroz para tan poca gallina.

Un hombre como Rajoy, que se piensa todo muchísimo, no va a intervenir Cataluña por mucho que lo exija Albert Rivera. El dirigente de Ciudadanos fue quien lo empujó a cometer el mayor error de su carrera política. Le exigió que no permitiese un nuevo 9-N aunque hubiese que enviar la caballería y la lió.

Una vez que el Constitucional declaró ilegal el 1-O, el resto daba un poco igual. Si la policía se hubiese limitado a evitar la consulta por vías pacíficas hubiesen ganado. La clave no estaba tanto en el número de urnas o de personas votando. Lo fundamental era ganar la batalla en la opinión pública. Si en vez de botes de humo y cargas hubiésemos visto el gran pucherazo que se estaba produciendo, otro gallo nos cantaría.

Ahora se puede repetir el error, pero esta vez con mayúsculas. Intentar aplicar el 155 por la fuerza nos podría llevar a una nueva Semana Trágica en Barcelona. Evidentemente, no sería como la de 1909, que se saldó con 78 muertos, medio millar de heridos y 112 edificios quemados. Pero con que solo se produjesen un par de muertos, muchos heridos y algunas unidades del Ejército entrando en el Parlament, el Estado no lo podría soportar.

Es cierto que la España de hoy no es la de principios del siglo XX. Es verdad, pero cuando el diablo enreda puede suceder cualquier cosa. Solo hay que ver la película de Antoni Ribas La ciudad quemada (1976) para ver cómo se liaron las cosas durante la Semana Trágica. El conservador Antonio Maura dudaba con razón de mandar al Ejército a una ciudad sublevada. Rajoy duda y tiene razón, porque Cataluña es un país sublevado. Tal vez aceptar una mediación como propone el socialista Miquel Iceta no sea tan mala idea.

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