Diez actores secundarios convertidos en protagonistas para la obra de Cataluña

El Rey, la izquierda, los medios, el deporte, la cultura o Europa

Si hay dos obras complicadas en la literatura en castellano bien podrían ser La colmena y Rayuela. No es que sus historias sean complejas en sí, sino más bien sus estructuras. La novela de Camilo José Cela es una suerte de historia coral que sólo se entiende uniendo los fragmentos de tramas aparentemente independientes, como celdas que forman el panal completo. La de Julio Cortázar es célebre por contar historias diferentes según el orden de lectura de sus capítulos, como quien recorre a saltos las casillas del popular juego infantil que le da nombre hacia un lado y hacia el otro. Independentismo en Cataluña: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

El relato de lo que sucede en Cataluña se ha vuelto tan complejo que bien podría tener una estructura trenzada entre ambas obras. Y no es sólo por lo complicado de lo que está en juego, y la peligrosa deriva de la situación, sino también porque es ya una situación enquistada que no tiene solución sencilla.

Así, como en Rayuela, no hay sólo un problema político, económico, de sentimiento, cultural o de relato, sino todo ello combinado, en orden diferente y con protagonistas distintos, según a qué parte preguntes. En la escalada de tensión entre el Gobierno y el Govern hay de todo, y por ambas partes: necesidades por la crisis económica, corrupción, nacionalismo, errores de gestión, excesos verbales y mayorías parlamentarias vulnerables.

Y, como sucede en La colmena, la situación se ha complicado tanto que ya es una historia coral, donde tiene cabida una pléyade de protagonistas de distintos pesos específicos. Así, los principales protagonistas, Mariano Rajoy y Carles Puigdemont, actúan de cabeza simbólica de un conflicto que en realidad lidian otros. No son siquiera sus segundos, Soraya Sáenz de Santamaría y Oriol Junqueras, sino gente de todo ámbito que, en órbitas más o menos cercanas, que se han visto envueltas en mitad de la pelea de relatos.

El desembarco del Rey

No se puede decir que el Rey sea un personaje secundario por su peso específico, pero en términos políticos efectivos lo es. Su poder no es el de hacer cosas, sino el de influir en cosas. En ese sentido su comparecencia, muy esperada por la situación, fue coherente con lo que se podía esperar de un monarca cuya función principal es la de cohesionar al Estado y mantener la Constitución. Sin embargo, en lugar de mostrarse conciliador o tender algún puente, contribuyó a azuzar los ánimos entre los independentistas y parte de la izquierda.

La izquierda fascista

Algunos representantes de la izquierda catalana con mayor arraigo se han visto envueltos en la vorágine de polarización de la sociedad catalana: ha bastado con mostrarse críticos con el proceso para ser señalados. Es el caso del diputado de ICV Joan Coscubiela, que cuestionó la forma en la que se tramitó la legislación que abrigaba el referéndum y se grajeó las críticas de gran parte del independentismo, o de Joan Manuel Serrat, que criticó la falta de representatividad del referéndum y fue insultado por ello entre los independentistas más radicales. Cuarenta años atrás Serrat se había convertido en un símbolo por cantar en catalán en la televisión pública franquista.

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Los medios: matar al mensajero

En toda contienda que se precie se acaba acusando al mensajero. Es cierto que algunos medios a ambos lados del espectro han hecho flaco favor a la conciliación, inflamando los ánimos de ambas partes. Pero el resultado final ha sido el de que se empiece a trabajar bajo presión. Por poner dos ejemplos, varios reporteros de La Sexta han sufrido incidentes en Cataluña -a Hilario Pino le arrancaron el micrófono, Antonio García Ferreras tuvo que ser escoltado por los Mossos-; de igual manera, un hombre escupió a una reportera de TV3 a las puertas del Tribunal Constitucional.

El poder bajo el poder: ANC y Òmnium

Si hay dos nombres a los que se señala como quienes mueven los hilos en la sombra esos son los de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, presidentes de ANC y de Òmnium Cultural. Se trata de los dos grandes colectivos que, junto a CDC y ERC conformaron la candidatura de unidad que gobierna en Cataluña. Según la Fiscalía, ellos fueron los encargados de coordinar toda la logística del referéndum, incluyendo la impresión de papeletas y la ocultación y traslado de las urnas, así como las concentraciones públicas que impidieron a las fuerzas de seguridad bloquear el voto.

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El frente deportivo

Una de las muletillas más repetidas en estas cuestiones es la de que los deportistas no deben meterse en cuestiones políticas. Sin embargo, lo hacen. En ocasiones no solivianta a casi nadie, como cuando Rafa Nadal habla para mostrarse contrario al referéndum y llamar a la conciliación; pero en otras solivianta a casi todos, como cuando quien lo hace es Gerard Piqué para llamar a que se vote en el referéndum o a participar en las movilizaciones. Uno se lleva el aplauso de la gente fuera de Cataluña, y el otro los silbidos de los aficionados cuando defiende la camiseta de la selección española. Sin embargo, uno y otro –junto con otros recién incorporados al debate, como Andrés Iniesta- han ejercido papeles importantes en la generación de opinión de gente normalmente poco interesada en política.

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Los héroes villanos (o los villanos héroes)

Los mismos que hace unos meses eran aplaudidos por su gestión de los atentados de Barcelona y Cambrils, ahora son criticados y acusados de colaborar con los independentistas en el desarrollo del referéndum. Se trata de los Mossos d'Esquadra, que en algunos de los vídeos de estos días aparecen mediando entre las fuerzas de seguridad y la población, en otros supuestamente ayudando con las urnas y en otros cerrando colegios electorales. Su 'major', Josep Lluís Trapero, al que la prensa en Madrid llegó a buscar un supuesto familiar legionario, ha pasado de verse como un icono fuera de Cataluña -su campechana despedida se hizo viral en redes- a considerarle un villano. La Audiencia Nacional le ha citado a declarar por un posible delito de sedición.

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La cohorte de los 'ex'

Felipe González se describió a sí mismo -a los ex en general, pero lo decía por él- como un jarrón chino: algo a lo que se le supone valor que nadie sabe dónde colocar y que, en el fondo, se desea que se rompa para quitarlo de en medio. En el fondo, los jarrones son molestos, fundamentalmente para los suyos. Por eso González y Guerra no han pestañeado en pedir abiertamente la anulación de la autonomía catalana o el despliegue del Ejército, mientras que Aznar ha insinuado la incapacidad de Rajoy y le ha pedido, a través de FAES -que desvinculó del PP-, que convoque elecciones. El único 'ex' que no ha supuesto -de momento- un dolor de cabeza es Alfredo Pérez Rubalcaba, que ha pedido diálogo y reformas a través de un artículo en El País.

Los mediadores (todos ellos)

Ante la incapacidad de los protagonistas para dialogar, personalidades de diverso pelaje han ido apareciendo como posibles mediadores. Los más llamativos, los obispos: Rajoy se reunió en Moncloa con Carlos Osoro y Juan José Omella, mientras que Junqueras se ha visto con éste último y con Josep Maria Solé. También se ha ofrecido para mediar Pablo Iglesias -que a su vez también ha hablado con Osoro, una conversación cuanto menos sorprendente-. Mientras, Puigdemont y los independentistas se inclinan por pedir mediación europea. Ni en eso se ponen de acuerdo.

El otro nacionalismo

Mención aparte merece el nacionalismo vasco, dividido en tres mundos -PNV, EH Bildu y parte de Podemos-, que aguarda el desarrollo de los acontecimientos. Mientras, el lehendakari Íñigo Urkullu también se ha ofrecido como intermediario, y no es una opción descabellada: es el líder de un partido nacionalista clásico, hermano de PDCat y cercano ahora mismo al PP por la aprobación de los Presupuestos. En PNV, de hecho, se juega mucho en Cataluña: si se pone del lado del Gobierno sus enemigos por el relato podrían descabalgarle de la

lehendakaritza a medio plazo; si se pone del lado del independentismo, sus enemigos le acabarán por exigir que inicie un proceso similar.

La presión internacional: políticos y medios

Los días después del referéndum han estado marcados por una guerra de propaganda: el eco de los hechos en la prensa internacional y la cascada de reacciones que se han ido sucediendo han servido de artillería a los bandos. Cada cual, claro, mostraba los editoriales, columnas y nombres que les convenía, ocultando lo demás. Así, nombres como Theresa May, Guy Verhofstadt, Bruno Le Maire, Nicola Sturgeon o Charles Michel han ido desfilando como parte del reparto.

En esta batalla, no obstante, los protagonistas principales también han querido tomar parte: Rajoy se ha limitado a una declaración sin preguntas, mientras que Puigdemont ha concedido entrevistas a The New York Times, la BBC, Reuters, Bild o Le Figaro.