Tras las huellas, aún frescas, de Axel Weber y Jürgen Stark

P. C. madrid.
31/08/2012 - 6:00


La posible renuncia de Weidmann no sería la primera que se produciría en el seno del BCE por las discrepancias con respecto a la compra de deuda pública por parte de la entidad.

Es más, tampoco sería el primer alemán que deja su cargo y sale de la institución monetaria por esa misma cuestión. En 2011, los que entonces eran los representantes germanos en el BCE, Axel Weber y Jürgen Stark, presentaron su dimisión por el mismo motivo.

El primero ocupaba la presidencia del influyente Bundesbank y estaba llamado a convertirse en el sucesor de Jean-Claude Trichet al frente del BCE cuando expirara el mandato del banquero francés. Pero prefirió ser fiel a sus principios y en febrero del año pasado presentó su renuncia como presidente del Buba y, por extensión, se apeó de la carrera sucesoria en el BCE.

Weber siempre se había opuesto al programa de compras de bonos que la entidad monetaria puso en marcha en mayo de 2010, con el respaldo de los líderes políticos europeos, entre los que figuraba la canciller Angela Merkel. Su dureza terminó generando una tensión insostenible en la institución, en particular con Trichet. Finalmente, Weber arrojó la toalla, con una controvertida renuncia que también afectó a Merkel, puesto que torpedeó su pretensión de situar a un alemán en la presidencia del BCE, algo que aún no ha ocurrido.

Siguiendo la estela de Weber, Stark, que era el economista jefe del Banco Central Europeo, también hizo las maletas. Fiel a la ortodoxia alemana, Stark tampoco comulgaba con las compras de deuda pública, porque entendía que era una injerencia del BCE en un terreno, el fiscal, que no le correspondía. Esa oposición desembocó en una dimisión que evidenció las grietas abiertas en la entidad. La presentó el 9 de septiembre. En la víspera, Trichet propinó a Alemania un histórico rapapolvo al término de su reunión mensual de política monetaria. El banquero galo criticó la ingratitud y la falta de memoria procedente de suelo germano. Fue la gota que colmó el vaso para Stark.

Un año después, las huellas de Weber y Stark siguen frescas. Y Weidmann podría seguirlas.



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