El rendimiento medio próximo al 7% que ha tenido que pagar hoy el Tesoro Público español para subastar obligaciones a 10 años es el más alto desde 1997. Es decir, lo mismo que pasó el martes con las letras a 12 y 18 meses. Dos emisiones consecutivas que han devuelto a España a los tiempos de la peseta.
Porque hay que remontarse a una época en la que el euro aún era un proyecto para encontrar unos costes de financiación más altos que los actuales. Pero no sólo eran otros tiempos por este motivo. Otro aspecto que resulta clave para entender la magnitud de los intereses que ha tenido que desembolsar el Tesoro en las dos operaciones de esta semana consiste en los tipos de interés oficiales.
En 1997, el tipo de intervención medio del Banco de España, que por entonces todavía se ocupaba de la política monetaria en España, se situó en el 5,4%. Por el contrario, actualmente los intereses oficiales, dictados ya por el Banco Central Europeo (BCE), se encuentran en el 1,25%. O lo que es lo mismo, España ha cuadruplicado esta referencia para colocar letras y la ha multiplicado por casi seis veces para emitir deuda a largo plazo. Estos extratipos se ven refrendados por otra comparación. En la actualidad, el diferencial entre la rentabilidad de los bonos españoles a 10 años y los tipos oficiales del BCE alcanza los 550 puntos básicos -ó 5,50 puntos porcentuales, una brecha jamás vista.
Estos niveles, complementados de forma clave con una prima de riesgo -el interés adicional que exige el mercado a los bonos españoles a 10 años sobre los alemanes con igual vencimiento- que ronda los 500 puntos básicos, arrojan un panorama crítico para la capacidad de financiación de las arcas públicas españolas. Sobre todo porque, además, la demanda ofrece igualmente síntomas preocupantes. En la emisión de hoy se ha situado en los 5.503 millones de euros, con una tasa de cobertura de 1,54 veces sobre los 3.563 millones colocados, cuando en octubre superó los 7.000 millones.
Esta acumulación de cifras constata que, aunque España se sigue financiando en el mercado, lo hace a un precio demasiado alto. Estos costes serían asumibles si no se mantuvieran, es decir, si en las próximas subastas la tensión se atemperara. Pero si esos altos intereses han venido para quedarse, la situación será insostenible para España ante un año, el de 2012, en el que hay que afrontar y refinanciar unos vencimientos de deuda pública que alcanzan los 135.000 millones.