Economía/IPC.- CEOE alerta de las consecuencias negativas de un IPC elevado en términos de competitividad y crecimiento
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El tiempo: Consulta la previsión para tu ciudadWWF reconoce que "hasta que no haya un desastre" es difícil que la gente sea "consciente" y cambie sus hábitos de consumo
MADRID, 22 (EUROPA PRESS)
El consumo compulsivo tiene consecuencias ecológicas "nefastas" sobre los pueblos del Sur, según se desprende de un Informe de la organización mundial conservacionista WWF que señala a los estadounidenses, los canadienses y, en menor medida, a los europeos como los consumidores que "derrochan de forma irresponsable".
De continuar estos hábitos, se necesitarían cinco planetas para abastecer a toda la población ya que, solamente en América del Norte, las ventas durante las pasadas Navidades alcanzaron cifras récords.
Por esta razón, los expertos se han propuesto concienciar a la sociedad ante la "relación existente" entre sus compras y las consecuencias de éstas sobre el deterioro ambiental y el calentamiento global.
Según WWF, la humanidad "superó la capacidad del planeta para autoregularse en 1984". En estos 22 años, los niveles de consumo de recursos se aceleraron no sólo en América del Norte y Europa sino también en China e India, además de algunas zonas de Asia y América Latina, tradicionalmente menos consumistas.
Este ritmo de consumo, que para los economistas es un signo del "saludable estado" de la economía mundial, provocó el llamado cambio climático, entre otros problemas sociales y ambientales, según los expertos naturalistas. Sin embargo, el público sigue sin ser consciente de las consecuencias directas de sus actos.
ACCIONES INDIVIDUALES
Según declaró Monique Tilford, directora ejecutiva del Centro para un Nuevo Sueño Americano --organización que aboga por un consumo responsable-- a la agencia de noticias 'IPS News' "la gente no cree que sus acciones individuales hagan la diferencia".
Por ejemplo, un ordenador de fabricación asiática que en Estados Unidos o Europa se compra por 40 ó 50 dólares, "puede ser producto de la tala ilegal de las selvas de Indonesia", indicó Tilford. Esta acción ilícita fomenta las organizaciones criminales, la pérdida de la biodiversidad, libera grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera y provoca la pérdida de tierras a los pueblos indígenas, recoge el Informe.
Por todo esto, "es necesario que la gente se transforme en consumidores con conciencia ambiental y social", añadió Tilfod. O lo que es lo mismo, comprar menos cosas que no son imprescindibles para su subsistencia, pero que estén dispuestos a gastar más en productos que no dañan el Medio Ambiente ni a los pueblos de otras naciones.
El problema es, según Tilfod, que "quienes están dispuestos a ser más conscientes suelen no disponer del conocimiento ni la información acerca de qué es mejor, y ese es el papel de organizaciones como la nuestra".
"Es muy complicado para la gente saber de dónde vienen y cómo se fabrican los productos que ven en los comercios", señaló por su parte el responsable del Earth Policy Institute de Estados Unidos, Lester Brown.
Brown recordó que China fabrica un tercio de los muebles del mundo y, sin embargo, posee una normativa que protege sus selvas. La importación de madera se disparó en los últimos años en el país asiático, superando ampliamente los 40 millones de metros cúbicos por año. Además, los datos demuestran que la reexportación de productos forestales de China a Estados Unidos y Europa aumentó cerca del 900% desde 1998.
"La escasez cruza las fronteras con rapidez", señaló Brown. "Si los fabricantes de muebles chinos no consiguen árboles en su país, los consiguen en Siberia, Myanmar, Papúa Nueva Guinea o Indonesia", añadió.
MIRAR HACIA OTRO LADO
Tilford recuerda que, a nivel del consumidor individual, "la gente suele estar tan ocupada que no quiere saber, o ignora, que su comportamiento conlleva impactos ambientales como el recalentamiento global, y no haga el más mínimo esfuerzo para cambiar".
"El cambio social que se necesitaría para poder vivir de manera sostenible no sucederá sin que haya algún tipo de desastre que provoque el tipo de sufrimiento que impulse a la gente a cambiar", añadió Tilford.
Brown y Tilford defienden que la población estadounidense debe elegir personas que desarrollen políticas dirigidas a asegurar que los productos que se venden en los comercios sean sostenibles, sin importar el país de procedencia.
"La gente de otros países se juega la vida para que podamos comprar nuestros productos gourmet", indicó Tilford, pero hasta que no haya respaldo popular "no sucederá nada", concluyó.
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