Inversion a Fondo

Gestión discrecional: pros y contras del nuevo producto favorito de los bancos

Las gestoras de inversión cada vez ingresan más por las comisiones que reciben de sus servicios de gestión discrecional de carteras. Una modalidad que con Mifid II no hará otra cosa que seguir creciendo.

La entrada en vigor de la Directiva europea Mifid II no se producirá hasta enero de 2018, pero en los últimos meses, e incluso años, han sido varias las entidades financieras que han empezado a modificar parte de sus modelos de negocio para ir adaptándose a la nueva normativa comunitaria. A este respecto, dentro de la gestión de activos una de las ramas de negocio que más se han impulsado es la de gestión discrecional de carteras y eso se ve en que en un contexto de bajadas generalizadas de las comisiones en fondos, ante el boom de la gestión pasiva, los ingresos de las gestoras por ese concepto no ha dejado de crecer a tasas de dos dígitos en los últimos cinco años -ver gráfico-.

Pero, ¿en qué consiste ese servicio de gestión discrecional de una cartera y por qué están teniendo tanto éxito? Según explica Miguel Ángel García, CIO de Diaphanum, "con la gestión discrecional el cliente firma una especie de mandato de gestión para que el asesor le mueva su dinero y delega así en el asesor cualquier movimiento de su cartera". La composición de la cartera, que suele incluir en gran medida fondos de inversión por la ventaja fiscal que tienen con respecto a otros productos -los traspasos están exentos de tributar a Hacienda- se decide en función del perfil de riesgo del cliente y su objetivo de inversión aunque, sobre todo para los patrimonios más bajos, no se trata de una solución a medida ya que las entidades trabajan con modelos de carteras estandarizadas. "Lo que se consigue con este modelo es que el gestor pueda implementar en cada momento de una manera rápida las decisiones que adopte, a diferencia de lo que ocurre con el asesoramiento, donde cada decisión requiere de una autorización del cliente", continúa García. Es por ello, que los expertos coinciden en que no debe ser un servicio idóneo para cualquier tipo de cliente ya que la relación de basa en la confianza casi plena que hay entre gestor y cliente. "Implica que estás dando al banco una gran confianza porque al final va a ser la entidad la que haga lo que quiera en función de cada perfil, pero es vital que esa entidad demuestre que lo está haciendo bien", afirma Ignacio Perea, director de inversiones de Tressis Gestión.

Tener confianza con el banco no es, sin embargo, el único requisito para contratar un servicio de este tipo. También es importante contar con un patrimonio suficiente con el que la entidad pueda operar sin incurrir en grandes costes. Esa cantidad no es fija y depende de cada entidad o empresa de asesoramiento financiero pero, según explica Raquel Blázquez, responsable de Gestión Inversiones de Banca Privada de Ibercaja, "las carteras más estándar, que serían las equivalentes a los fondos perfilados de la banca comercial, estarían en torno a los 20.000 euros de mínimo mientras que en banca privada se puede acceder desde 300.000 euros a un millón". En cuanto al coste, también varía en función tanto del patrimonio como de la vinculación que tenga el inversor con su entidad financiera pero suele ser inferior al 1 por ciento del patrimonio. De hecho, en Diaphanum cobran un coste fijo del 0,4 por ciento aunque, según explica Miguel Ángel García "el coste medio suele estar entre el 0,4 por ciento y el 1 por ciento del patrimonio". Un precio al que algunas entidades suman una especie de comisiones variables en función de los resultados obtenidos pero que es muy similar al que cobran por ejemplo los fondos de fondos, sus equivalentes para los pequeños patrimonios, aunque con dos grandes diferencias. La primera es que el servicio discrecional de carteras, al implicar asesoramiento, está sujeto al pago de un IVA del 21 por ciento, que deberá de abonar el cliente, lo que a priori haría que estos productos tengan menos atractivo que los tradicionales fondos de fondos o incluso que aquel inversor que se construye él mismo la cartera. Sin embargo, parte de esta desventaja podría verse cubierta por una de las grandes ventajas que presenta la gestión discrecional de carteras: siempre dan acceso a las clases de fondos más baratas. No en vano, la CNMV lleva tiempo insistiendo en que tanto en ese servicio como en el asesoramiento independiente se dé siempre acceso a las clases de fondos más baratas y libres de retrocesiones -comisiones que las gestoras ceden a las redes de distribución-, máxime teniendo en cuenta que con la entrada en vigor de Mifid II en enero del año que viene estará prohibido el cobro de retrocesiones en ambos servicios y está por ver cómo quedará en lo referente al asesoramiento no independiente.

Precisamente la entrada en vigor de esta directiva europea es una de las causas que explican el furor que está teniendo el servicio de gestión discrecional de carteras entre las entidades. El otro es que con ellos se consigue simplificar mucho la operativa, lo que les permite reducir costes. "A los bancos estos servicios les facilita mucho la operatividad porque al fin y al cabo, el cliente da un mandato a la entidad para que hagan cualquier operación en su nombre. De ahí que el crecimiento esté siendo tan brutal", apunta Sergio Míguez, de EFPA.

¿Con qué se compara?

Precisamente ese carácter de mandato en la gestión puede ser una gran ventaja para aquellos inversores que quieren olvidarse de tener que estar pendientes de sus finanzas pero la desventaja es que el inversor pierde cualquier capacidad de maniobra con respecto a la decisión de en qué activos quiere o no invertir. "No se sabe cuáles son los fondos por ejemplo que te van a meter en cartera y de hecho lo normal es te coloquen fondos de su misma entidad, ya que se está hablando ahora de que la prohibición de recibir retros se quede solo cuando compran fondos de gestoras extranjeras y no para fondos propios", avisa Fernando Luque, editor en España de Morningstar. Sin embargo, según explica Míguez, algunas entidades financieras sí permiten que sean los clientes los que especifiquen particulares propias en las carteras estandarizadas. "Te pueden pedir por ejemplo un servicio de cartera agresiva pero sin incluir inversiones en China", afirma este experto. Otro problema está en que será difícil que alguien que tiene delegada la gestión de su cartera tenga algo con lo que comparar si la rentabilidad de la misma es inferior, igual o superior a otras carteras similares ya que, a diferencia de lo que sucede con fondos o planes de pensiones, no hay ránking de este tipo de servicios. En esos casos el grado de conformidad o disconformidad con lo que hace el gestor de su cartera se basará simplemente en que la rentabilidad que obtenga cumpla con la expectativa de rentabilidad que tenga individualmente cada cliente.

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