Internacional

China, la única ayuda para Estambul si prescinde del apoyo del FMI

Foto: Reuters.
Nueva York

Con la lira completamente dinamitada y la economía turca al borde del abismo, el raciocinio apunta al Fondo Monetario Internacional (FMI) como colchón que podría frenar una situación que bien puede contagiarse a otros mercados emergentes. Sin embargo, la institución liderada por Christine Lagarde, que desde comienzos del año pasado ha tirado salvavidas en 16 ocasiones a países con un apalancamiento descontrolado o una divisa en caída libre, entre ellos Argentina y su paquete de 50.000 millones de dólares, no ha recibido petición alguna de Ankara.

"La lógica indica que se debería acudir al FMI pero la pregunta es si Recep Tayyip Erdogan aceptará las condiciones que imponga la institución", reconoce a este periódico Gabriela Santos, estratega de J.P. Morgan Asset Management. Su lógica coincide con el sentimiento generalizado entre otras mesas de inversión, donde la actitud del presidente turco hace presagiar que, de momento, el Fondo queda descontado como cobijo para salvar esta situación.

Desde el FMI aseguran que no existe señal alguna de que las autoridades turcas estén planteando pedir ayuda financiera a la entidad internacional. Aún así, en su última radiografía sobre la economía del país, los funcionarios recomendaron al Gobierno de Erdogan endurecer sus políticas económicas para corregir los desequilibrios externos e internos de la economía turca. Las últimas estimaciones del Fondo ponen de manifiesto como la deuda externa del país supera con creces el 50% del producto interior bruto (PIB) del país.

Con el desplome de la lira y una deuda denominada en dólares, el encarecimiento del apalancamiento turco se ha convertido en importante traspiés. Con una inflación del 16% en julio, la independencia del Banco Central turco quedó en evidencia cuando mantuvo los tipos de interés en el 17,75% el pasado mes. Erdogan no sólo cuenta con el derecho de nombrar al gobernador de dicha institución, sino que su ministro de finanzas, Berat Albayrak, es también su yerno.

La última vez que la divisa turca enfrentó tensiones como la actual fue en el 2000 y el FMI rescató al país

"El hundimiento de la lira, que comenzó en mayo, empujará a la economía turca a una recesión y bien puede desencadenar una crisis bancaria", considera Andrew Kenningham, economista global de Capital Economics. Kenningham determina que este podría ser otro vaivén para los mercados emergentes, pero determina que un contagio económico a nivel global "debería ser bastante modesto, incluso para la zona del euro".

La última vez que la divisa turca enfrentó tensiones como la actual fue en el 2000 y, por aquel entonces, el FMI tuvo que rescatar al país que un año después sufrió una contracción del 6%. Dicho esto, con Erdogan poco dispuesto a acatar las condiciones de austeridad que llegarían acompañadas de una línea de financiación, las alternativas miran ahora a China y Rusia. De hecho, a comienzos de semana, el mandatario habló incluso de la emisión de "bonos panda" emitidos en yuanes chinos.

"Algunos especulan con que China rescatará a Turquía", reconoce Marc Chandler, estratega de divisas de Brown Brothers Harriman. "Esto podría ser una buena inversión, pero no basada en querer enviar un mensaje político a Washington", avisa, haciendo alusión a las tensiones comerciales que enfrenta actualmente la Administración Trump y el Gobierno de Xi Jinping.

El economista turco, Emre Alkin, apoyaba esta tesis en una intervención en el canal chino CGTN, en la que indicó que "la estabilidad de la lira turca vendrá de la cooperación con países valiosos como China". "Está claro que necesitamos la sabiduría, las ideas y las sugerencias de países como China", recalcó a medida que descartaba completamente que el Gobierno de Erdogan recurra a instituciones internacionales como el Fondo.

Erdogan y Putin hablaron de proyectos conjuntos, especialmente en el sector energético

Paralelamente, dada la situación desatada en las últimas horas, Erdogan mantuvo una conversación telefónica durante la jornada del viernes con su homólogo ruso, Vladimir Putin. En dicha llamada ambos abordaron la delicada situación económica de Turquía y la reacción de los mercados internacionales. También se habló de proyectos conjuntos, sobre todo dentro del sector energético.

Tanto Erdogan como Putin comparten, además, una nueva ronda de sanciones procedentes de la Casa Blanca. El pulso diplomático con Ankara se recrudeció después de que el Gobierno turco haya liberado al pastor estadounidense, Andrew Brunson, encarcelado durante casi dos años acusado de terrorismo relacionado con el frustrado golpe de estado en julio de 2016.

La Casa Blanca cumple con sus amenazas de sanción

El mes pasado, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ya amenazó con imponer "grandes sanciones" a Turquía, antiguo aliado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), si se negaba a liberar a Andrew Brunson, arrestado por su relación con el golpe de estado de 2016. De hecho, su Gobierno anunció el 1 de agosto sanciones a los ministros de Justicia e Interior de Turquía, que prohíben a los ciudadanos estadounidenses hacer negocios con cualquiera de los dos. Pero los castigos y ataques de la Casa Blanca a otras naciones no se quedan solo en Turquía: Washington anunció esta semana nuevas represalias a Rusia por el ataque contra el exagente doble ruso Serguéi Skripal y su hija Yulia. Esta decisión, que entrará en vigor el próximo 22 de agosto, también ha generado estragos en el rublo ruso, que cae más de un 14,6% en su cruce con el dólar desde que comenzase el año.

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