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Sudoku: Juega cada día a uno nuevo
El tiempo: Consulta la previsión para tu ciudad"Pasada una época en la que se veía como algo normal el maltrato físico y psicológico a la propia esposa, los hijos, los compañeros de colegio o los empleados, estos tipos de comportamientos se van haciendo cada vez más inadmisibles y reprensibles a ojos de la mayoría. Incluso desde un punto de vista legal estos problemas reciben cada vez más atención, pues preocupan a la sociedad en su conjunto. El clamor universal contra la violencia es en la sociedad algo incuestionable y aparentemente unánime.
Entonces ¿por qué tanta violencia? Nos sorprendemos cuando observamos cuánta violencia persiste en el seno de nuestros comportamientos más triviales de cada día. ¿Quien no se ha escandalizado ante los grados de violencia que se exhiben en un estadio de fútbol entre las hinchadas, en una acalorada discusión familiar o en una de esas tormentosas juntas de vecinos copropietarios?
Hemos llegado a tener una visión de la violencia que tiende a expulsarla de nosotros mismos. Sin embargo, esta percepción del fenómeno violento por defecto en los otros y nunca en nosotros no lleva a su erradicación, sino a su transformación de facto en formas de violencia psicológica menos evidentes para cada uno y, por lo tanto, más aceptables.
Preferimos la violencia psicológica a la física porque es más invisible y nos permite tener una buena opinión de nosotros mismos y, al mismo tiempo, gozar de los efectos mágicos y trascendentales que todo hecho violento tiene sobre los que usan y abusan de ellos.
Es así como las formas de violencia psicológica basadas en la exclusión, la estigmatización o la violencia verbal contra el adversario son hoy la tónica dominante en las relaciones sociales, desde los modelos de concursos televisivos tipo Gran Hermano u Operación Triunfo hasta los fenómenos del mobbing escolar o laboral.
Somos tan violentos o incluso más que antes, pero nuestras maneras se han vuelto, en apariencia, más sociables o respetables. La era de las guerras y de la violencia física directa ha dado paso a la era de la violencia psicológica, servida a diario por los medios de comunicación de una sociedad transida por la mentira fundamental de su carácter menos violento.
El mobbing es la violencia más respetable en la medida en que es la que pasa más desapercibida y, al mismo tiempo, es la más compartida por toda la población. Se trata de la violencia más clandestina, pues es, a la vez, la más extendida y la menos constatada. Las formas más variadas de violencia psicológica en las relaciones sociales son un fenómeno muy extendido en los vecindarios, las familias, el sistema educativo, los debates televisivos y hasta el parlamento. No podemos extrañarnos de que también las relaciones laborales estén presididas por esa realidad emergente por doquier que es la violencia psicológica.
Nos lanzamos rápidamente a condenar la violencia que a diario vomitan los medios y que nos presentan la vieja noticia de los más variopintos sucesos violentos: crímenes, violencia doméstica, acoso escolar, violencia racista y xenófoba, guerras, terrorismo, etc. Condenamos los programas salsarosizantes -que nadie admite ver- y que exhiben la violencia verbal por defecto, mientras que los productores de televisión reconocen que no hay como una buena bronca para elevar un share alicaído.
Sin embargo, ninguno quiere reparar en lo violento de su propio comportamiento contra otros en una riña de tráfico, una bronca de vecindario o la crítica demoledora de aquellos con los que rivalizamos en el trabajo, en medio de la competitividad profesional más despiadada. Somos los más fariseos de entre todos los seres humanos que han poblado la Tierra a lo largo de la historia cuando creemos radicalmente en nuestra propia inocencia respecto a la violencia porque nos fijamos en las violencias más extremas y aparentes de los demás.
La explicación de la violencia y de sus mecanismos enmascaradores choca una y otra vez con un síndrome de negación generalizado. Nadie negará que vivimos en una sociedad violenta, incluso más violenta que antes, pero nadie aceptará incluirse entre los partícipes en ella. Siempre son los demás los que empiezan las guerras. Son "ellos" quienes provocan nuestra justificable respuesta, si cabe, violenta.
La violencia que usamos contra otros es percibida siempre como justa, medida y sobre todo reactiva a las provocaciones de que somos objeto.
Las víctimas de nuestra violencia de cada día son merecedoras del castigo violento que ellas mismas se han granjeado y del que nosotros tan sólo ejecutamos un dignísimo rol en el limpio restablecimiento de la justicia, de la que nos erigimos en garantes, dando así a cada uno "su merecido". Nunca se ha visto un violento que no creyera sincera y honradamente en la culpabilidad y, por lo tanto, en el merecimiento del castigo que recibe su víctima.
De ahí viene el paradójico fenómeno de la extensión de una violencia que crece sin límites, sobre todo en su modalidad psicológica y social, mientras a su lado aumenta la sensibilidad social más profunda contra ella. Como siempre, son los demás quienes son los violentos [...]"
Iñaki Piñuel es autor del libro Mobbing: estado de la cuestión.
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España es el paraíso del mobbing. Durante mi vida laboral he trabajado tanto en empresas extranjeras como españolas. En las únicas donde superiores me han gritado e insultado han sido españolas.
Pedro el problema del mobing no está en que tus superiores te insulten sino en el escaso apoyo de tus compañeros. Me hace gracia toda esta historia del mobing, pero es imposible el mobing sin indeferencia de tus compañeros de trabajo.
Pero bueno que vas a hacer si según Milgram`s el 60% de las personas son capaces de matar por obediencia al poder.
Me ha gustado muchísimo este artículo. No cesen en este apartado. Como buen ser humano quiero más y de esto hay que dar más. Si pueden!
¿Este autor podría abordar el tema envidia?
Trabajo como "Kommunikationstrainer" en Düsseldorf. Los participantes se beneficiarían mucho.
Totalmente de acuerdo con Pedro.Mi experiencia es la misma, y es que, a pesar de todo lo que parece que ha avanzado España, en cuanto a formación personal y social nos quedan alguna que otra década que recorrer. Este tipo de comportamiento es de individuos con un mismo perfil, débiles, cobardes, vulnerables a la manipulación y en general mediocres en todo el contexto de ser y actuar.Lo grave del tema es que a la par de una personalidad pusilame, tb.exhiben títulos universitarios y masteres de todo tipo, con los que, en términos laborales y sociales, camuflan su verdadero yo y les hace además,creer que están por encima de otros. Aquí podríamos decir, una vez más, ¡qué atrevida es la ignorancia! pues así es cómo su propio comportamiento los define, a pesar de tener una formación académica,-el dinero sirve para algo, sin duda- que su pobre mentalidad nunca dejará brillar en el campo correspondiente.
Me congratulo con todos aquellos que dais la cara por vuestros compañeros lastimados en este sentido; desafortunadamente no son muchos y sí más los que "bailan el agua" a estos miserables sociales, con el objetivo de ascender posiciones por ser de su misma calaña.
Nunca pagarán por el sufrimiento gratuito que generan. Es, el único “rendimiento” que aportan a la sociedad!
Llevo sufriendo acoso desde hace varios años; por donde paso alguien se ocupa de crear rumores sobre mi, lo que hace que la gente se aleje o me hable mal;hoy, casi estoy aislada; personas que no conoces, se te cruzan una y otra vez y te miran para intimidarte. No se a quien dirigirme para solucionar estopara solucionar esto; ¿que puedo hacer?
http://www.forosdelmobbing.info/
Desgraciadamente lo mejor es un psicólogo, por lo menos para mi fué crucial. Terminas dandote cuenta de que los que realmente necesitan tratamiento son los "psicópatas encubiertos" que pululan por ahí.
La lucha es dura pero al final saldrás fortalecida
Iñaki Piñuel es uno de los mejores profesionales que hay en materia de acoso psicológico y psicoterrorismo laboral (por no decir el mejor).
Todo lo que escribe (tanto libros como artículos, etc), de una manera tan descriptiva y contundente, da en la diana de los sentimientos y experiencias de las personas que lo padecemos o hemos padecido. No sólo realiza una labor de mejora social, realiza una labor de mejora individual humana.
Gracias Iñaki.
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Atacar es de cobardes, defenderse de valientes.

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