Las demoras no son algo bueno para los políticos que buscan impulsar leyes, por lo que la posibilidad de que el Congreso no finalice sus debates sobre la reforma de salud este año es otra frustración para el presidente Barack Obama y sus aliados.
Incluso si eso no hunde la reforma, una demora pudiera crear nuevas incertidumbres y retrasar otras prioridades en la agenda nacional. Además, daría a los oponentes la oportunidad de derrotar a los nerviosos legisladores demócratas en los comicios del 2010.
Incluso a algunos representantes demócratas con escaños seguros no les gusta la idea de votar sobre una propuesta de ley tan controvertida hasta estar seguros de que el Senado hará lo mismo.
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