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Desaceleración no es recesión

Mario Draghi. Foto: Archivo

La economía europea comienza a sentir un cierto cansancio, no descubro con este anuncio nada nuevo, desde hace tiempo el gobernador del Banco Central Europeo lleva avisando de esta situación. Un buen ejemplo lo ilustra nuestra nación. La economía española figura a la cabeza del crecimiento del bloque, sin embargo los datos de evolución del segundo trimestre de este año han sido ligeramente más bajos que el previo. Concretamente se ha registrado una décima menos de crecimiento, pasando del 0,7 al 0,6%. Insisto que es un dato generalizable al resto del bloque, no solo a nuestro país.

El Banco Central Europeo ya avisó de esta circunstancia. Ciertamente el fin de año pasado las economías europeas pasaron por un fuerte tirón de crecimiento y lo lógico era pasar a una cierta normalidad. Además había "factores temporales", de acuerdo con el término utilizado por Mario Draghi que explicarían el ajuste del ritmo. Factores como el clima o las huelgas en diferentes países, estaban detrás de este ajuste. En aquellos momentos también se refería Draghi al adelanto de la Semana Santa.

Sin embargo con el paso del tiempo las presiones e incertidumbres continúan haciendo mella. En clave interna seguimos teniendo pendiente un Brexit que aún con la proximidad de la fecha límite, no parece que podamos vislumbrar un avance significativo de las negociaciones. Europa continúa metida de hoz y coz en populismos que nada bueno deparan para la economía. El último ejemplo lo hemos visto con el populismo del ministro italiano Salvani acusando a Europa de recortar los fondos para el mantenimiento de puentes, después del terrible suceso de Génova. Esos populismos así como políticas erráticas, sin dirección, sin justificación como es el caso en este momento del precario Gobierno español lastran el crecimiento. Los Gobiernos de los países europeos no han querido realizar las reformas necesarias para modernizar las estructuras económicas de los diferentes países. No solo es Francia, donde Macron de momento en el campo económico poco o nada ha hecho. Tampoco Italia que con el Gobierno que tiene en estos momentos nada va a hacer para avanzar.

El Gobierno Rajoy desperdició una buena mayoría absoluta para realizar una serie de ajustes que el país necesitaba y que hoy con la llegada de Sánchez al poder va a ser imposible. Terminar la reforma laboral, reunificar los diferentes mercados que en España tenemos compartimentados por autonomías, pergeñar una nueva financiación autonómica que resuelva las deficiencias presentes actuales, temas a los que hay que añadir cuestiones que están en la cabeza de todos: modelo educativo, pensiones, sistema impositivo. Fue el Gobierno que más fácil lo tuvo de todos los europeos, dada la mayoría absoluta cosechada por el PP, sin embargo prefirió hacer como el avestruz y nos encasquetó como gran receta una subida fiscal que dejó a la clase media de este país con el bolsillo tiritando.

Pero a esa falta de acciones propias se han unido las presiones exteriores. La subida de la factura de los hidrocarburos para el área euro es siempre un freno a su crecimiento, cuando anteriormente fue este uno de los grandes aliados en la recuperación. Aún cuando quizá lo que más daño esté haciendo en este momento es la situación proteccionista que EEUU está desarrollando.

Hasta el momento se podría hablar de una retórica proteccionista. Ya saben, impongo fuertes aranceles para así negociar desde la fuerza, y forzar a un acuerdo más beneficioso para mis intereses. Sin embargo, la línea de la retórica parece ya sobrepasada y cada vez más las noticias son más preocupantes. La cuestión con China no solo no muestra síntomas de mejorar sino que con el paso del tiempo se está convirtiendo en una guerra de divisas. Devaluación de todas las divisas emergentes, pero no solo de esos países pues hasta el euro acompaña ese movimiento. El último desenlace de toda esa guerra comercial y de divisas ha sido Turquía, donde este fin de semana puede deparar nuevas medidas como por ejemplo un corralito. El préstamo de 15.000 millones de Qatar, el llamamiento a cambiar dólares y oro por liras turcas, no son medidas suficientes para el país que se enfrenta a unas terribles perspectivas de inflación. Veremos si al final Erdogan no se ve obligado a un corralito al más puro estilo argentino. Son como vemos demasiadas presiones, tanto internas como externas. No es de extrañar que las exportaciones en muchos países del área euro se resientan, que la propia creación de puestos de trabajo tienda a desacelerarse, que haya una caída de las ventas minoristas. Incluso los datos de venta de casas que tan bien marchaban en este país se haya ralentizado considerablemente.

Ante ese aluvión de presiones señaladas, donde como he comentado con algún ejemplo de indicadores que ya sienten la ralentización, la pregunta que muchos se hacen es si nos encontramos ante un cambio de ciclo económico. En mi opinión no, ahora lo que si vamos a notar es un menor dinamismo, una rebaja del ritmo de crecimiento económico. Todas estas señales no muestran un cambio hacia la recesión, los indicadores adelantados continúan en zonas de crecimiento, pero como comentaba a ritmos más bajos. Pero esa desaceleración puede ser más fuerte si algunos países, como España, continúan con sus intenciones de políticas populistas, engorde de déficits y restando renta disponible a sus ciudadanos con subida de tipos de interés.

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Eso decía también un tal Zp en 2007 que desaceleracion no era recesión.

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