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Justicia

El presidente del PP, Pablo Casado. Foto: Efe.

El presidente del PP, Pablo Casado, fue rotundo al declarar que "en absoluto ha pensado en dimitir" tras la decisión de la juez de enviar la causa de su máster al Supremo. Es lo que se suele decir antes de dimitir. Si esta hipótesis se confirmase, como ha sucedido en tantas otras, habría que preguntarse si estamos ante el gobierno en la sombra de las togas.

La prevalencia del poder Judicial sobre el Ejecutivo y el Legislativo empieza a ser preocupante. Evidentemente se trata de decisiones individuales de determinados jueces y no un complot perpetrado por el poder Judicial para torcer la soberanía popular.

Pero los hechos son los hechos: la moción de censura contra Rajoy no habría sido posible sin una sentencia en la que se condenaba al PP por corrupción a título lucrativo; Madrid seguiría estando presidida por Cifuentes si no hubiese sido por la imputación a causa de su máster; y el acoso se redirige contra Casado como consecuencia de los indicios de que su máster fue irregular. Evidentemente los jueces tienen que hacer su trabajo, pero como sucede en cualquier otra profesión, sus decisiones tienen que ser proporcionadas. La forma en que se ha trasladado el expediente al Supremo desde una perspectiva política le ha roto las piernas a Casado. En la práctica se deja al Gobierno sin una parte fundamental de la oposición y sin expresión política al centro derecha. Tras esta decisión judicial, ¿qué tendría que hacer el PP? ¿Otras primarias?

Aunque el Supremo le considere inocente, el daño político está hecho. Ante la situación creada no es extraño que haya votantes del PP que piensen que existe una conspiración para neutralizarles políticamente al margen de las urnas. La situación se empieza a comparar con el título de la película dirigida por Ignacio Estaregui, Justi&Cia (2014).

Probablemente lo cierto sea que se trata de un cúmulo de circunstancias que nada tiene que ver con la teoría de la conspiración. Pero el hecho de que la ministra de Defensa y responsable del CNI sea una magistrada como Margarita Robles y que el ministro del Interior, Grande-Marlaska, sea juez alimenta las sospechas. Al fin y al cabo, las cloacas del Estado están en manos de dos jueces progresistas. Muy probablemente su actuación será impecable, pero la mujer del César además de honrada tiene que parecerlo.

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