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El nuevo Gobierno y el 'equilibrio de Nash'

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Foto: Efe.

La sorpresa generalizada por la victoria de la moción de censura ha motivado un aluvión de artículos de prensa, algunos de ellos realmente interesantes, como el de Santos Julia en El País. En general señalaban que con una exigua minoría de menos de un cuarto del Parlamento el presidente se vería obligado a convocar elecciones rápidamente por la dificultad en aprobar proyectos y, en algunos casos, por la necesidad de que las urnas legitimen al Gobierno que ejerce las funciones. Sánchez habría llegado como resultado de una "coalición de rechazo" que carece de motivos para mantenerse, o de una moción destructiva y no constructiva como dice la Constitución por lo que el país exigirá pronto un paso por las urnas. La oposición de derechas dice muchas más cosas que en nada cambian el fondo del asunto.

Mi opinión es que se trata de análisis ideológicos que tienen poco en cuenta la realidad matemática. Sánchez ha llegado al poder aplicando los principios de la teoría de juegos que siguió también en la formación del Gobierno y que lógicamente le llevará a extender la legislatura hasta el final o hasta que encuentre una posición favorable que le permita romper el equilibrio de Nash.

La teoría de juegos es una rama de las matemáticas aplicadas que estudia interacciones entre diferentes jugadores en la toma de decisiones. Primero sirvió para entender el funcionamiento de la economía pero hoy se usa también en la política.

Aunque el matemático húngaro-americano John Von Neumann ya hizo aportaciones a la teoría desde 1928 , se puede decir que su nacimiento tiene lugar en 1944 con la publicación de su libro con Oskar Morgenstar Theory of Games and economic behaviour -teoría de juegos y comportamiento económico-. Inmediatamente fue estudiada por los militares y utilizada como estrategia durante la guerra fría con el concepto de "Destrucción mutua asegurada".

Quizás el juego más conocido es el del Dilema de los prisioneros en el que si ambos se muestran egoístas los dos salen perjudicados, pero si son generosos no culpando al otro ambos se benefician. Estudia un fenómeno de relaciones entre seres racionales que recelan el uno del otro y que son capaces de traicionarse. La decisión correcta debería resultar de un análisis matemático, aunque no siempre lo hace. El resultado final del conflicto se determinará a partir de las decisiones de todos los participantes.

John Nash, conocido por la personificación que de él hizo Russel Crowe en Una mente maravillosa y discípulo de Von Neumann, pensó que debería haber una forma racional de jugar a cualquier juego y, con solo 21 años, publica en 1949 Puntos de equilibrio en juegos entre personas, en donde define lo que pasaría a llamarse equilibrio de Nash que se da cuando la elección de cada jugador no cambia al conocer la de los otros.

En 1994 obtuvo el Premio Nobel con otros dos economistas por su aportación a la teoría de los juegos y procesos de negociación. Destroza la posición histórica de Adam Smith de la mano invisible, que conduce a los seres humanos hacia el bien común a través del interés individual, al defender que, al contrario, el egoísmo y la racionalidad conducen a una situación no óptima porque deberán tenerse en cuenta las posiciones de todos los agentes involucrados.

Parece que todo esto lo conocían los estrategas de Pedro Sánchez y por supuesto Borrell y Duque y lo ignoraron los demás, algo raro en Pablo Iglesias, admirador de Juego de Tronos, que posiblemente entendió que debía aplicar esta vez el llamado por Von Neumann minimax, es decir, la minimización de la pérdida máxima, que también se podría aplicar a los independentistas catalanes que terminaron arrastrando al PNV.

Siguiendo con la teoría, los estrategas del actual Gobierno saben que mantener la cooperación es muy difícil, por eso han roto con sus aliados originales buscando el premio en la opinión pública. Pero también saben que una vez que gobiernan, lo que les importa es la cooperación entre los partidos de la oposición y esa de momento es imposible. Una vez en la silla para descabalgar al presidente son necesarias las elecciones, pero él es el único que puede convocarlas y mientras tanto cuenta con el Boletín Oficial del Estado entre otras armas.

El Gobierno estelar que ha formado- y no va solo por el astronauta- indica que quiere agotar la legislatura o aprovechar otra vez el momento oportuno y a esos efectos es indiferente el número de escaños que controle, mientras los demás no logren conformar una nueva coalición de rechazo.

Las declaraciones del presidente en televisión han confirmado esta teoría.

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