El regalo

20/05/2017 - 0:17
Foto: Archivo
En profundidad

Como en la intrigante película de Joel Edgerton El regalo (2015), el ministro Luis de Guindos está a punto de hacer un presente a Pablo Iglesias: la creación de una gran banca pública que nacería tras la fusión Bankia-Popular. Esto es lo que parece estar detrás de la operación de salvamento del antiguo banco de los hermanos Valls.

Si por cualquier razón, nuevos casos de corrupción o sabe Dios qué, Podemos alcanzase el poder, se le entregaría en bandeja de plata una gran banca estatal. Solamente tendrían que sustituir a José Ignacio Goirigolzarri al frente de la nueva Bankia y poner alguien de su entorno.

Para los expertos, una banca pública potente en manos de Podemos tendría más peligro que un mono con pistola. No es lo que desea el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ni Guindos, ni el presidente de la AEB, José María Roldán, ni Goirigolzarri. Sin embargo, actuaciones con falta de miras podrían conducir al peor de los escenarios. No podemos olvidar que en este mundo actual todo es posible, por muy poco probable que parezca, como el Brexit o Trump.

Una banca pública no es mala necesariamente, aunque la experiencia no es para tirar cohetes. El problema es que una entidad estatal en manos del nacionalpopulismo puede dislocar todo el sistema financiero. Por eso nadie se plantea en serio que Bankia se quede con el Popular.

Tal vez estemos ante una maniobra para forzar al Santander a que mejore el precio. Se trataría de repetir la misma jugada de 1994, cuando se privatizó Banesto. Se presentaron el Santander y BBV, pero el Gobierno de Felipe González forzó a Argentaria a que pujase también y animara el cotarro.

El problema es que a veces la historia se repite. Cuando Josep Borrell dirigía el PSOE se opuso a rematar la privatización de las empresas públicas. Vendió una parte pequeña y dejó pasar la oportunidad de hacer las cosas bien. Contra todo pronóstico, llegó el PP, y lo vendió todo, y puso al frente a sus amigos. Hubo socialistas que calificaron tal operación como el primer golpe de Estado del siglo XXI. Pero lo grave es que seguimos sufriendo las consecuencias de privatizar sin liberalizar antes, porque tenemos una de las economías más cartelizadas del mundo. ¿No aprendemos? Volveremos a preguntarnos quién le dio la pistola al mono.


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