'Crowdfunding': alternativa inversora

10:20 - 22/02/2016
En profundidad

Hace ya tiempo que la inversión vía crowdfunding ha dejado de ser algo anecdótico para convertirse en una realidad cada día más consolidada en nuestro país. Las cifras lo avalan.

A la espera de conocerse los resultados del año que termina, los últimos datos indican que la financiación participativa movió 62 millones de euros en España en 2014, un salto exponencial respecto a los 29 millones de 2013. Y las perspectivas son aún más optimistas de cara al futuro gracias a la existencia de un marco regulatorio que establece unas reglas del juego como ya ocurre en Reino Unido, líder europeo en esta práctica.

Aunque mejorable, la Ley 5/2015, de 27 de abril de Fomento de la financiación profesional ayuda a transmitir una mayor confianza tanto a inversores como a emprendedores aportando seguridad jurídica a la actividad que desempeñamos. Por ejemplo, estableciendo como requisito que las Plataformas de Financiación Participativa (PFP) cuenten con un capital social mínimo de 60.000 euros o, en su defecto, un seguro de responsabilidad social como salvaguarda.

Pero sobre todo acierta la Ley al exigir el registro de las plataformas en la CNMV, quedando bajo su supervisión, lo que refuerza la idea de profesionalización del sector que The Crowd Angel lidera en España.

Las plataformas no dejamos de ser, no obstante, una base para el despegue de lo verdaderamente importante: las startups. Empresas que ven como inversores ayudan a desarrollar sus proyectos, e inversores que ven una nueva y atractiva alternativa de inversión con un riesgo elevado pero con un potencial de rentabilidad superior a cualquier otro tipo de inversión, oportunidades que tradicionalmente sólo han sido accesibles para grandes patrimonios.

Por eso no es tan relevante el hecho de que el crowdfunding de inversión o equity haya prácticamente multiplicado por 10 el volumen financiado desde 2012 (de 1,2 millones de euros a 10,5) como lo que esa cantidad invertida ha hecho posible. Y a lo que ha contribuido es a sumar dentro de una industria como la que forman las startups españolas, muchas de ellas impulsadas a través de la financiación participativa, que han captado una cifra récord de 500 millones de euros solo en 2015.

Las palabras emprendimiento, startup y TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) cobran cada vez más sentido cuando van acompañadas del término crowdfunding. Por tanto es importante interpretar las cifras en el contexto de una industria mucho mayor en la que jugamos un papel creciente. España es ya el sexto país europeo en financiación colaborativa, pero tomando como referencia los datos de Reino Unido, líder indiscutible con un volumen de negocio de 2.337 millones de euros (el 79% del total en Europa), hemos de asumir que aún queda mucho por hacer.

Las plataformas de crowdfunding reman en la misma dirección que los emprendedores. Y eso implica un compromiso con ellos. Nuestra responsabilidad es facilitar su actividad, tender lazos para conectar las mejores ideas con el capital; en definitiva, hacer posible que sucedan. Para ello nos servimos de Internet, que es a la vez nuestro hábitat natural y herramienta de trabajo. Pero donde todo es inmediato y está al alcance de un click, aún hay veces en las que es mejor tomarse las cosas con calma. Es en ese punto donde más podemos contribuir al crecimiento de esta industria.

Porque no es lo mismo ayudar a financiar una iniciativa de unos cientos de euros que otra de cientos de miles. Por eso, al igual que el Gobierno se esfuerza por fijar una serie de garantías que regulen el sector, el propio sector es también responsable de ofrecer un servicio con las máximas cotas de calidad y viabilidad, y éste es el compromiso de The Crowd Angel.

Cualquiera que esté familiarizado con la práctica del Venture Capital o el Business Angeling es consciente de los riesgos que entraña? y de las rentabilidades que puede esperar. Pero ello no es óbice para que los que impulsamos estos proyectos a través nuestras plataformas nos quedemos de brazos cruzados dejando que inversores y emprendedores se busquen y se encuentren (o no) a tientas. Porque a la larga eso no resulta beneficioso para nadie.

Por tanto, no podemos limitarnos a ser un mero formulario de encuentro. Si queremos que el sector siga prosperando debemos ir un paso más allá y ofrecer las facilidades necesarias para que aquellos dispuestos a arriesgar su dinero lo hagan con las mayores garantías posibles, encontrando los mejores proyectos y los más viables. De esta manera evitaremos que la inversión se diluya entre un mar de ofertas publicadas sin ningún criterio, lo que no llevaría más que a la indecisión y, con ella, a un menor porcentaje de éxito. Debemos apostar por tender puentes entre los inversores y emprendedores más brillantes. Solo así descubriremos el verdadero potencial del emprendimiento español.


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