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La seguridad del suministro de gas en la UE

  • No puede permitirse otro periodo de pérdida de confianza energética

Los ciudadanos de Europa siguen siendo vulnerables a otra crisis del gas, diez años después de que Rusia cortara los suministros de gas a Ucrania y a Europa en los inviernos de 2006 y 2009.

Los sucesos de hace una década desvelaron la vulnerabilidad europea y suscitaron peticiones de aumentar la seguridad energética en Europa. En respuesta a la crisis, los líderes europeos se propusieron reducir la dependencia europea del gas ruso a través de la diversificación del suministro y la reducción de la dependencia de las importaciones. No obstante, esta estrategia resultó cara e insuficiente como respuesta sistémica a la vulnerabilidad de la seguridad energética de Europa. Una década después de la primera crisis del gas, el enfoque europeo de la seguridad del suministro del gas no ha variado mucho pero Europa no se puede permitir otra década perdida para la seguridad energética. De hecho, debido al rápido descenso de la producción doméstica, las necesidades de importación de gas en Europa crecerán en las próximas décadas. Hace falta una nueva estrategia urgente para abordar de forma estructural el desafío de la seguridad del suministro de gas en el continente.

En primer lugar, Rusia (o cualquier otro proveedor importante) no debe considerarse una amenaza para la seguridad del suministro de gas en Europa. El continente puede importar con seguridad gran parte de sus necesidades de gas de Rusia (a bajo coste) siempre y cuando disponga de fuentes alternativas en caso de corte del suministro. Encontrar proveedores alternativos es un desafío a escala nacional pero no tanto a nivel europeo.

La infraestructura de las importaciones de gas en Europa está infrautilizada en su mayoría, con solo un 58% de los gasoductos y el 32% de la capacidad de GNL en uso. Juntos, los estados miembros podrían usar este margen de flexibilidad para crear una especie de sistema de protección para toda la UE, que pueda activarse en caso de interrupción del suministro. Puede lograrse exigiendo legalmente a todos los importadores europeos de gas y productores domésticos que tengan a su disposición una cantidad específica de fuentes alternativas, por ejemplo el 20% de la demanda contratada durante un año, y de ese modo el sistema de gas europeo sería más seguro, flexible e interconectado. Pese a ser técnica y económicamente factible, esta opción supone un reto político. Casi todos los estados miembros consideran actualmente la seguridad del suministro de gas como un asunto exclusivo de los países del centro y el este, que dependen mucho del gas ruso, como Polonia o los países bálticos.

Sin embargo, la seguridad energética es un asunto de todos los estados miembros y no solo de Europa central u oriental. La situación geopolítica, compleja y volátil, del vecindario europeo implica que otros proveedores importantes podrían convertirse en una amenaza imprevista. Por ejemplo, un proveedor tradicionalmente seguro como Noruega podría tener que reducir sus exportaciones de gas en el futuro por la carencia de recursos, o Argelia, otro proveedor también típicamente fiable, podría recortar su suministro en caso de turbulencias políticas regionales repentinas. La seguridad del suministro de gas es una cuestión que concierne a todos los estados miembros. También existe el riesgo de que las condiciones del mercado varíen drásticamente, como ocurrió en el mercado del gas natural licuado tras la catástrofe de Fukushima. En ese caso, un estado miembro que hoy en día podría no percibir la seguridad del suministro de gas como una amenaza directa podría acabar siendo vulnerable en un futuro.

Esta naturaleza imprevisible de la seguridad del suministro del gas exige un nuevo planteamiento de la seguridad del gas en Europa más allá de la habitual obsesión rusa. La seguridad del suministro de gas debe afrontarse a nivel de la UE porque una solución conjunta sería más barata. Las acciones nacionales podrían socavar el mercado energético interno y tener efectos adversos para otros países. Además, el Tratado de la UE aboga explícitamente por la solidaridad energética. La seguridad del suministro de gas en la Unión Europea es crucial para garantizar que el suministro a los hogares no se vea interrumpido durante los inviernos gélidos, que la industria pueda prosperar y que la UE no se deje chantajear en asuntos vitales de política internacional. Si los políticos europeos actúan deprisa para garantizar la seguridad energética, tanto Europa como sus ciudadanos se beneficiarán.

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