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El asunto de las escuchas americanas

Eduardo Olier
11:00 - 25/10/2013
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La noticia saltaba de nuevo este miércoles en el periódico económico francés Les Échos: "Según información de la Casa Blanca, Barack Obama había asegurado a la canciller Merkel que los Servicios de Inteligencia americanos no habían violado las comunicaciones de su teléfono móvil". Sin embargo, la misma información indicaba que desde Alemania se aseguraba que el teléfono de la canciller había sido intervenido por la NSA (National Security Agency); la agencia dependiente del Departamento de Defensa americano responsable de garantizar la seguridad de las comunicaciones del país y, a su vez, de obtener y analizar la información transmitida por los sistemas de telecomunicaciones que transitan por Estados Unidos.

Angela Merkel por su parte realizó unas duras declaraciones sobre un suceso que estimaba inaceptable, especialmente entre países amigos. Indicando, además, que tales prácticas, de existir, debían cesar inmediatamente.

Igualmente, el diario alemán Der Spiegel ha publicado que dichas prácticas podrían haberse llevado a cabo desde hacía varios años. Si bien, según indicaba este periódico, el propio Barack Obama había ordenado a sus servicios de inteligencia detener inmediatamente las escuchas. Unos hechos que han llevado al presidente francés, François Hollande, a reclamar que el asunto sea incluido en el orden del día de la actual cumbre europea. Ya que se trata de un tema que afecta igualmente a Francia, pues se asegura que la NSA podría haber estado espiando las comunicaciones de los servicios diplomáticos franceses, especialmente de la embajada francesa en Washington y de la delegación de este país en la ONU.

A este respecto, una información del pasado martes del diario francés que comentamos, aseguraba que el ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, había presentado una seria reclamación a su homólogo estadounidense, al que habría aportado pruebas contundentes sobre el espionaje de las comunicaciones de su país. En concreto se hablaba de que se había detectado la presencia de ciertos programas informáticos -Genie, Wabash o Blackfoot- capaces de vulnerar a distancia las comunicaciones, además de obtener información de los ordenadores espiados. Unos hechos sobre los que, según aseguran las informaciones anteriores, deberá responder el Secretario de Estado americano John Kerry, actualmente de visita en Roma; ya que algunas de las revelaciones que se van conociendo han sido puestas en circulación por un antiguo analista de la NSA.

El hecho no es, desde luego nuevo. Ya en agosto de 2010 el diario francés Le Monde se hacía eco de estas actividades fraudulentas de la NSA que, al parecer, habría conseguido informaciones confidenciales de las cancillerías involucradas a partir de la cuales había logrado el voto positivo del Consejo de Seguridad de la ONU respecto de las sanciones a Irán por no respetar los acuerdos sobre su programa nuclear.

Una práctica frecuente

Los hechos, sin embargo, no quedan aquí. Este verano, el Washington Post sacaba a la luz un documento de la propia NSA en el que se explicaba con todo detalle el funcionamiento de un programa de alto secreto: el sistema PRISM; mediante el cual la NSA y también el FBI obtenían información de los servidores de las nueve grandes empresas de Internet americanas: Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube and Apple. De las que se podían extraer vídeos, conversaciones, fotografías, e-mails y todo tipo de documentos, incluyendo direcciones de correo que permitían rastrear todo tipo de comunicaciones.

Unas actividades que, de acuerdo con dicho documento de la NSA, vienen desarrollándose desde 2007 cuando empezaron a interceptar los ordenadores de Microsoft. Algo que, dicho sea de paso, denunciaba igualmente el diario The Guardian este verano al asegurar que el GCHQ, organismo británico similar a la NSA, había estado sacando información de estas mismas compañías a partir de una operación establecida por la propia NSA. El PRISM fue puesto en marcha por el anterior presidente George W. Bush en 2007, lo que en su día produjo un serio escándalo, al igual que ha ocurrido este verano con la Administración Obama.

El caso de la violación de las telecomunicaciones y de cualquier tipo de formato electrónico que soporte información privada, representa hoy en día una práctica casi diaria que se lleva a cabo por muchos Gobiernos democráticos en aras de la protección de los intereses nacionales, cuando, en realidad, en muchos casos, no dejan de ser violaciones elementales de los derechos humanos. Es, desgraciadamente, una parte más del conjunto amplio de delitos que se dan en el ciberespacio, donde participan, también, aquellos que deberían velar por su seguridad. Una situación sobre la que la UNODC (United Nations Office on Drugs and Crime) alertaba en un extenso informe de casi 300 páginas (Comprehensive Study on Cybercrime) en febrero de este año.

El problema, sin embargo, no son los miles de delitos que se da en la red en forma de múltiples y variados tipos; el problema que se plantea hoy es que, al parecer, no es el lobo quien roba las gallinas, sino que quien lo hace es el propio granjero.

Eduardo Olier, presidente del Instituto Choiseul España.


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