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Irán y el problema energético de España

Eduardo Olier
10:00 - 21/01/2012

Con las discusiones sobre las medidas económicas ya acordadas por el Gobierno, a las que hay que añadir la reforma del mercado laboral en ciernes, la próxima reestructuración del sector financiero y el inaplazable ajuste del sector eléctrico, parece estar pasando casi inadvertido el serio problema del petróleo en España, que viene a agravarse con la situación en el Golfo Pérsico debido a la amenaza de cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán. Un asunto que podría añadir todavía más penalidades a la maltrecha economía española.

España consume, aproximadamente, un millón y medio de barriles de petróleo diariamente. Un combustible que viene íntegramente del exterior y que representa el 48% del consumo de energía primaria en nuestro país, lo que constituye una dependencia energética enorme. Donde, además, la propia volatilidad de los precios y la muy poco acertada planificación de años pasados ha llevado de manera sistemática a terminar el año fiscal con un precio del barril de petróleo muy superior al presupuestado.

Un par de ejemplos: los Presupuestos Generales del Estado de 2010 estimaban un precio medio de 67,2 dólares para el barril de petróleo. Ese año se llegó a los 80,3 dólares de media. La factura, por tanto, subió unos 7.000 millones más de lo previsto. En 2011, los cálculos se hicieron en base a 81,8 dólares, y el IHS Research avanza que el precio medio del barril de Brent en 2011 fue de 111 dólares, con lo que la factura subió del orden de 16.000 millones respecto del cálculo inicial. Una situación que con un euro a 1,28 dólares, más o menos, supone un peso del petróleo en la economía alrededor del 5% del PIB.

Un año de incertidumbres

En este capítulo tan importante, 2012 se presenta con enormes incertidumbres, no sólo en el precio del crudo, sino en las fuentes de suministro. De llevarse a cabo la amenaza de Irán de bloquear el Estrecho de Ormuz, se paralizaría la salida de petroleros desde el Golfo Pérsico hacia el Índico; lo que supondría, por un lado, una fuente de enormes conflictos geopolíticos, y por otro, una nueva amenaza a economías tan vulnerables en lo energético como la española. Amenaza que viene, fundamentalmente, desde dos lados: uno, la dependencia de España del crudo iraní que, en caso de embargo, obligaría a buscar otras alternativas no siempre fáciles; y, dos, el efecto que tendría sobre nuestra economía un petróleo excesivamente caro.

Vayamos a lo primero. El crudo que sale por el Estrecho de Ormuz representa el 20% del petróleo mundial. Por ahí transitan diariamente unos 15 grandes petroleros que portan en sus bodegas alrededor de 20 millones de barriles. Es una arteria vital para las economías occidentales, por lo que la respuesta no se ha hecho esperar: EEUU ha movilizado a la Quinta Flota y otros portaaviones van hacia ese lugar, con un despliegue militar que muestra la importancia que tiene la zona para los americanos. Y desde varios puntos, particularmente Reino Unido, se ha reclamado con insistencia el embargo del crudo iraní, principal fuente económica de ese país. Veremos qué se decide en la próxima reunión del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea el día 31 de enero en que se discutirá este controvertido asunto.

España, por su parte, depende aproximadamente en un 13% del petróleo iraní, lo que constituye la segunda fuente de suministro en nuestro país, detrás de Rusia y por delante de Arabia Saudita. Junto con Grecia e Italia, seríamos uno de los países más afectados por un embargo. Se trata, en nuestro caso, de unos 190.000 barriles/día. Una enorme cantidad que debería ser sustituida por otras fuentes de suministro. Cosa no siempre fácil por dos motivos. Primero, por los acuerdos que habría que hacer con otros Estados en un momento en que la crisis no facilita el aumento de producción. Y, por otro, porque no todos los crudos tienen las mismas características y habría que reemplazarlo por uno similar, algo que restringe en cierta medida las posibilidades.

El petróleo valdrá más

El otro efecto negativo sobre nuestra economía tiene que ver con el precio. Los mercados spot han empezado ya a descontar el problema iraní, y el precio del crudo tiene una fuerte tendencia al alza. En condiciones normales, sin el efecto del cierre del Estrecho de Ormuz, fuentes solventes pronosticaban un precio medio para 2012 entre 110 y 120 dólares/barril. Una escalada de las tensiones actuales en ese lugar o, peor, un conflicto bélico en la zona del Golfo Pérsico llevaría el petróleo a unos precios imposibles. Se habla de valores superiores a los 150 dólares. Con lo que el efecto en la factura del petróleo de España podría superar los 65.000 millones de dólares, en el mejor de los casos. Algo que tendría sin duda consecuencias en la inflación, y agravaría la muy comprometida situación de la economía española, necesitada de ajustar el gasto de manera drástica para cumplir con los compromisos de déficit. Un escenario que, de producirse, nos llevaría a una situación verdaderamente dramática. Dicen que más vale prevenir que curar.

Eduardo Olier, Director de la Cátedra de Geoeconomía. Universidad CEU San Pablo.


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