Viaje al alma de Portugal

Por Ignacio Vasallo | 7/05/2018 - 11:10

Este viaje al centro, no solo geográfico, sino también emocional, de Portugal debería formar parte de los estudios de los niños españoles ahora que ya hemos dejado de pelearnos por la herencia -con una humilde excepción- para ver si las líneas paralelas se cruzan más frecuentemente por el buen motivo.

Los lugares se encuentran a distancia aceptable, unos 500 kilómetros desde Madrid, o unos 300 desde Salamanca, y ofrecen suficientes atractivos para algo más que el clásico fin de semana o para un par de viajes.

Todo empieza en Coímbra, ciudad de origen romano, desde donde Alfonso Enríquez, hijo del primer Conde de Portugal, el borgoñón Enrique y de una hija de Alfonso VI de León amplia la herencia de su padre y crea un verdadero condado desde 1131, que cincuenta años después se convertiría en reino, liberándose de León, tras la correspondiente bula papal. Coímbra se convierte así en la primera capital de Portugal, cuna de seis reyes, sede de una de las primera Universidades europeas y de un poderoso obispado. El centro medieval conserva interesantes edificios.

El mismo Alfonso, todavía en busca de su reconociento papal, obtiene el apoyo de Bernardo de Claraval tras otorgar al Cister grandes extensiones de terreno en los que se construye, al sur, y ya cerca del Atlantico, Santa Maria de Alcobasa la mayor Abadia Gótica del país muy unida en su origen a la independencia, magníficamente restaurada, en la que se encuentra un Panteón Real y los túmulos del matrimonio real galaico-portugués D. Pedro y Doña Ines de Castro.

De regreso hacia el nordeste hay que visitar Batalha con el magnífico Monasterio de Santa Maria da Vitoria de estilo gótico tardío y que constituye un verdadero orgullo nacional porque se construyó para celebrar la gran victoria portuguesa frente a las tropas castellanas y francesas cinco veces superiores, en el vecino lugar de Aljubarrota, con ayuda de la Providencia y de los afamados arqueros ingleses en 1385, un episodio periférico de la Guerra de los Cien Años, en la que el Juan portugués, venció al Juan castellano que reclamaba, como no, la herencia de su mujer portuguesa, e instauro la dinastía de los Avis de la que era Gran Maestre. Los restos de los monarcas de esa estirpe reposan allí.

Ya de regreso, el viaje termina en Tomar, donde en tiempos del ínclito Alfonso (1.162) los caballeros templarios fundaron el Convento de Cristo, uno de los principales monumentos de Portugal circundado por las murallas del imponente castillo. 

En el interior la fascinante Charola o Girola, una rotonda octogonal a imitación de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, construida al inicio de la fundación. Los templarios circulaban en sus caballos por el deambulatorio sin tener que poner pie a tierra.

Tomar, una de las páginas más importantes de nuestra historia común

En 1.581 se reúnen allí las Cortes de Tomar, tras la victoria del Gran Duque de Alba sobre el pretendiente, el Prior de Crato, para reclamar los derechos de su patrón Felipe II por herencia, una vez más, de su madre. Los Estados portugueses reconocen al Monarca, en una unión personal, que no de los países y este acepta el mantenimiento de las instituciones locales y de la capitalidad de Lisboa.

Es el momento álgido de la monarquía española que dura hasta la independencia final de 1.640. Después las líneas se cruzaron con menor frecuencia para las bodas pero ya no hubo más peleas por las herencias.

Todas estas abadías, conventos, basílicas fueron desacralizadas a mediados del XIX con la supresión allí de las ordenes monásticas y recuperadas tras su abandono inicial. En los años ochenta han sido reconocidas como Patrimonio Universal por la Unesco, al igual que los edificios históricos del centro de Coimbra.

El Viaje a Portugal de Saramago puede ser un buen compañero de este viaje. Fue un escritor que entendió y practico que las líneas paralelas de nuestros dos países se deben cruzar para casarse y no para pelearse.

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