Viaje al origen de Florencia con el último príncipe de Médici vivo

Por Yago Gantes | 11/10/2017 - 8:51

Viajar a Florencia es transportarse al Renacimiento y no solo porque allí nació. La bella ciudad de la Toscana mantiene el arte, la belleza y los valores que un día puso en marcha la poderosa y rica familia Médici. "Fue nuestra gracia, nosotros creamos el Renacimiento (…) Y hoy en día no se puede repetir", sentencia en esta entrevista Lorenzo de Médici (66 años), uno de los descendientes de esta centenaria saga familiar y poseedor del título de Príncipe de Médici.

Deleitarse con la huella que esta época de la historia ha dejado en Florencia es inevitable. El viajero más perezoso recorre con interés hasta la última sala de la Galería de los Uffizi, el millennial más joven descubre que lo poco que sabe de arte está en esta dichosa ciudad. Y los más entregados corren el peligro de sufrir el síndrome de Stendhal con el David de Miguel Ángel o la ingente cúpula de Santa María del Fiore. Un suma y sigue de bellezas cuya responsabilidad tienen dos nombres propios.

El primero es Cósimo de Médici, el hijo de Giovanni di Bicci de' Médici, banquero e iniciador de la poderosa saga. Lorenzo relata que por el año 1500 Florencia no dejaba de ser una pequeña ciudad de provincias hasta que Cósimo, heredero de la fortuna familiar, tuvo "la visión de que se podría hacer algo con la ciudad para que quedase en el mapa". Entonces, comenzó a financiar a artesanos locales que más tarde se convertirían en algunos de los artistas más importantes de la historia.

Después de Cósimo vinieron otros muchos Médici, como Lorenzo 'El Magnífico', que mantuvieron el poder y la tradición de mecenazgo de la familia. "El mecenazgo de los Médici no es obra de un solo hombre, sino de todos los miembros de la familia eran unos grandes coleccionadores", dice Lorenzo. Sin embargo, el otro nombre propio que marca la historia de esta familia es el de una mujer, Ana María Luisa de Médici, que cedió a la ciudad de Florencia todo el patrimonio artístico que atesoraba en 1737.

Lorenzo de Médici entiende que esta decisión fue el último gran gesto de la familia, "un gesto magnífico" que permitió salvar todo el patrimonio artístico y la decisión gracias a la cual "hoy en día se sigue hablando de nosotros", sentencia Lorenzo. "Fue un gesto muy generoso y muy visionario para una mujer del siglo XVIII. La mano del destino ha sido puesta aquí", añade.

El actual príncipe de Médici entiende que el Renacimiento y esta labor de apoyo a los artistas y creadores que realizó su familia no puede repetirse en nuestros días, pero entiende que el arte, la belleza o la creación es un idioma universal que todo el mundo entiende y por tanto un "vehículo muy importante para la comunicación entre las personas". Lorenzo, aunque rechaza declararse como un hombre renacentista, es un amante del arte en todas sus expresiones que además practica como escritor de varios libros históricos donde cuenta lo que fue su familia.

La familia Médici en el siglo XXI

En la actualidad quedan aproximadamente una veintena de descendientes de esta saga familiar. Y Lorenzo Médici, como príncipe, es el único que se ha preocupado por mantener la nobleza del apellido. Educado severamente como aristócrata en Suiza, el último príncipe de esta familia trabaja para evitar que su apellido sea mal utilizado y para contar la historia real de los Médici. Quizá porque no tiene descendencia y porque su hermano "se ha desentendido completamente".

En estos momentos, Lorenzo vive en Portugal después de una larga estancia en España. Alejado de Italia para evitar la conmoción que en ocasiones sigue causado su apellido, trabaja controlando diferentes productos de lujo que se comercializan bajo el nombre Lorenzo de' Médici como son una edición exclusiva de plumas Montblanc y perfumes. También, a través de su apellido presenta una exclusiva gama de vinos singulares de diferentes países y regiones.

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