Los Alpes Dolomitas, la zona de esquí más grande del mundo y quizás la más bella

Por Ignacio Vasallo | 14/03/2017 - 10:43
Los Alpes Dolomitas. Imágenes: Ignacio Vasallo

Con más de 1.200 kilómetros de dominio esquiable y 450 remontes, los Alpes Dolomitas son el área de esquí más grande del mundo. El Dolomiti superski pass es válido para todo ese inmenso espacio. Algunas poblaciones como Cortina D'Ampezzo son famosas, pero la mayor parte de ellas son desconocidas para la mayoría del público español. La comunicación desde Barcelona o Madrid es más difícil que a otros destinos competidores.

Verona, el aeropuerto más cercano, no tiene vuelos en invierno; Milán está a casi cuatro horas de las estaciones occidentales como Ortisei o Madonna di Campliglio y el más cercano, Insbruck, carece de conexiones desde España. Venecia, a cerca de tres horas de las orientales, tiene pocos vuelos y a horas incómodas. Los turoperadores especializados en nieve prefieren destinos de mayor demanda y las agencias conocen solamente unos pocos hoteles. Por supuesto siempre se puede ir en coche, pero hay que hacer noche por el camino.

El acceso es más fácil para italianos del nordeste, holandeses, alemanes y belgas, que se desplazan en automóvil. Y para los británicos que vuelan a Insbruck tanto en vuelo regular como en chárter. El resultado es que se está produciendo una masiva afluencia que provoca saturación en las pistas de dificultad mediana y en las más sencillas. La baja innovación de estos dos últimos años, paliada en parte por un eficaz uso de la nieve artificial, limita los espacios esquiables al dificultar el esquí de fuera pista. La popularidad del circuito de la Sella Ronda, de más de 40 kilómetros, de dificultad media, recorriendo cinco valles alrededor del grupo montañoso de La Sella de gran belleza, provoca verdaderas aglomeraciones incentivadas por una caótica gestión de las colas y unos remontes anticuados que impiden la necesaria fluidez.

Sin embargo para los que puedan permitirse un guía y cuenten con el nivel suficiente de esquí existe un mundo de infinitas posibilidades en maravillosos paisajes alejados de las muchedumbres.

Algunos lugares son célebres, como La Marmolada de fama ciclista con remontes que suben hasta los 3.265 metros para iniciar un descenso por el glaciar de 1.850 metros de desnivel, uno de los mayores de los Alpes, en una larga pista de 12 kilómetros. Con buen tiempo no es difícil. Otros, conocidos para los aficionados a las pruebas de los campeonatos del mundo, como las pistas de Selva di Val Gardena, y algunos extremadamente hermosos como La Alta Badia , quizás la zona de esquí más bella del mundo con pueblos como Corvara de renombre internacional y precios acordes.

Gastronomía y cultura, además de esquí

La hotelería de la zona es de gestión familiar. Domina la eficacia austriaca con un pequeño toque de calor italiano. En general los hoteles ofrecen solo media pensión. Abundantes desayunos, con huevos, embutidos de calidad y variedad de tés y panes - algo extraño en Italia-, y magníficas cenas, incluso en los de menor categoría. Para los que opten por cenar en otros lugares hay una buena variedad de restaurantes, olvidémonos de pizza y pasta, e incluso varios con estrellas Michelin como el del famoso hotel La Perla en Corvara, el de la Rosa Alpina en San Cassiano o el Siriola en Armentarola, siempre dentro de la Alta Badia, o incluso L chimpl de Tamion en Vigo de Fassa, zona de menor poder adquisitivo. La comida local, ladina, no es muy popular entre los turistas.

Desgraciadamente los deportes de invierno en esa estación y el senderismo en verano pueden hacernos olvidar el enorme interés cultural de la zona. En cinco valles de los Dolomitas se habla el ladino, una de las lenguas retorrománicas que es oficial en 54 Ayuntamientos de las regiones del Véneto y del Trentino Alto Adigio. Otra variante, el romanche del cantón de los Grisones, es la cuarta lengua de Suiza. Es el idioma vehicular en esas comunas donde también se enseña el alemán y el italiano. Hay emisoras de radio que emiten en ese lenguaje e incluso una de televisión.

El origen, ladino proviene de latino, está en las legiones de Druso y Tiberio enviadas a proteger las fronteras del norte y cuyos soldados siguiendo la costumbre se establecieron como campesinos al jubilarse mezclándose con la población local de habla germánica. Del habla de unos y otros surge la lengua actual con variantes dialectales en cada valle. Una población trilingüe, que en muchos casos habla un aceptable inglés, es una bendición para las actividades turísticas.

La variedad y la necesidad han conseguido que el idioma no sea una fuente de conflicto. La gran autonomía de la que goza el Trentino Alto Adigio parece haber diluido los movimientos anexionistas a Austria que tuvieron sus años de esplendor en los años setenta. Desde luego para un forastero aquello parece Austria y no Italia, la música en la radio, las conversaciones en el bar son en ladino o alemán y solo pasan al italiano cuando la otra parte no conoce ninguno de los otros dos. La región antes austriaca pasó a ser italiana como consecuencia de los tratados al final de la Primera Guerra Mundial, y tras la batalla de Vittorio Véneto, al pie de los Dolomitas camino de Cortina, en octubre de ese año que marco el final del Imperio Austro Húngaro en toda la zona sur, tras el abandono o el amotinamiento de las tropas eslavas. El ejército imperial tuvo 90.000 bajas y se dejó quinientos mil prisioneros. Allí nació una nueva Europa que no sabemos cuánto va a durar.

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