Gourmet

Rómola, cocina saludable con grandes resultados

En la mejor línea de lo último en Nueva York o Londres, Rómola representa esa difícil cocina que aúna gastronomía en estado puro con un concepto saludable. Dos principios ancestralmente enfrentados, que aquí se conjugan sabiamente. Y es el futuro.

Una filosofía que incluye prescindir de conservantes, azúcares añadidos o grasas trans. A la vez, apuestan por carnes de animales criados en libertad y pescados salvajes, junto a una cuidadosa selección de frutas y hortalizas. El chef Jorge Reina ha diseñado una carta actual y apetecible en colaboración con Pronaf, empresa para la educación de hábitos saludables. Y sí, en carta aparecen (discreta y elegantemente) las calorías y un código sobre platos ricos en omega 3 o en fibra, entre otros. También hay alimentos poco conocidos para los neófitos en estas lides, como el polen, el bulgur o el bimi. Pero nada más lejos de la corriente vegetariana en modos y maneras de Reina, un chef curtido en grandes casas (Dacosta, Wissler…) y muy viajado.

Su cocina, además de resultar apetitosa, no renuncia en absoluto a los sabores. Tampoco a la sofisticación, lo que es un altísimo valor añadido en este tipo de locales. En definitiva, va mucho más allá de lo que existe en Madrid hasta este momento. También proporcionan una exhaustiva información al cliente de lo que come, algo a valorar.

En líneas generales, una interesante y ecléctica cocina sin fronteras. Desde unas deliciosas navajas con kimchi al suculento all i pebre thai, mousse de anguila ahumada y rape. Perfecto papillote de verduras (crujientes, así debe ser) bañado en un genuino jugo de codorniz asada o un San Pedro al carbón (algo seco) acompañado de curry de cúrcuma. Entre las carnes, preparaciones como el jarrete de ibérico glaseado en cuatro cocciones o el lomo de jabalí embarrado, berenjenas y miso. Muy buenos panes. Carta de vinos con etiquetas nacionales -revisables- y referencias foráneas.

Creatividad y buena ejecución en un comedor en el que, una vez más, el diseño vence a la funcionalidad: mesas muy pequeñas, una bancada poco confortable, falta de manteles… En una palabra, incómodo para el cliente, aunque es algo que prometen solucionar en breve.

Servicio amable pero un poco despistado. Abierto todo el día, dan unos desayunos y meriendas muy especiales a bases de cafés orgánicos, originales zumos, variadísimos tés, tartas y pasteles libres de harinas y azúcares refinados, salados…

Destaca su brunch (21 euros), en el que incluyen los clásicos huevos benedictine o un llamativo roast beef de potro.

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