Arima, una nueva taberna de alma vasca que dice no al 'postureo'

Por Ana Marcos | 19/04/2017 - 9:50

Pocas cosas hay más reconfortantes que tomar de aperitivo unas buenas Gildas -buenas de verdad- acompañadas de una cervecita fresca o un vermú. Éste será el prolegómeno obligado si traspasa las puertas de Arima, una pequeña-gran embajada del País Vasco en Madrid. Su propietaria es Nagore Irazuegi quien, tras diversas experiencias en hostelería, ha creado un reducto norteño en su recoleta taberna-restaurante. Son pocas mesas y el espacio no sobra, pero ya en la barra se nota la categoría del lugar. Destacan los escogidos aceites, quesos artesanos, originales cervezas de edición limitada y, sobre todo, sus 30 variedades de vermú en homenaje a los pequeños productores que están surgiendo.

Irazuegi vende autenticidad, recuerdos, familia, tradición... Ella creció en un caserío y en su restaurante quiere reproducir todo aquello que aprendió de pequeña. Y dice con voz clara: "No al postureo. Hay mucho ministro en la gastronomía, pero poco corazón". Asegura que este lugar ha surgido "de mis entrañas, en homenaje a mis antepasados vascos y al talento de mis abuelos y las mujeres de mi casa". No se le caen los anillos: coge el coche y va donde haga falta para seleccionar las mejores anchoas o conocer a un hortelano que le han recomendado.

El comedor, diseñado por ella con materiales como la madera de derribo de las mesas, el hierro o las paredes de arcilla, es su choco particular. Aquí, el producto de temporada es protagonista. Los deliciosos pimientos de piquillo confitados -cocinados sin un gramo de azúcar, ¡herejía!- son servidos en ensalada con piparra y bonito del norte; los puerros, de Mendavia, van acompañados de una mayonesa de trufa aparte -que sobra-, lo mismo que en las croquetas, muy bien fritas pero en las que el hongo anula el sabor a bechamel. Sin embargo, la excelsa calidad de la merluza de anzuelo minimiza cualquier desliz: preparada en salsa verde con almejas es un plato de 10. Como la carrillera con puré de patata agria estilo parmentier, una suave y sabrosa preparación, o la riquísima morcilla de Beasaín. Las patatas fritas deluxe, hechas al momento, efectivamente son de lujo, como el tomate frito, elaborado por ellos mismos. No faltan la chuleta de vaca ni el chipirón relleno en su tinta. Y un delicioso pan, gallego, eso sí. Entre los postres, manzanas de Erregil asadas con crema inglesa, helado de almendras y crumble... buen remate final. En definitiva, un lugar para tener en cuenta y de buena relación calidad-precio, además. Un espacio con arima, alma en euskera.

Restaurante Arima

Calle Ponzano, 51. Teléfono: 911 09 15 99. Cierra los lunes y los domingos por la noche. Parking cercano. Página web: arimabasquegastronomy.com

Primero: Papada ibérica  con habitas y yema de huevo de caserío 

Segundo: Bacalao al horno con piperada

Postre: Tabla de quesos 

Precio medio: 35-45 euros. 

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