La Feria de San Isidro está en marcha y, después de Valencia y Sevilla, es el empujón defintivo a todo un engranaje económico que se genera cada año en torno al mundo del toro . Si nos atenemos a las grandes cifras, en España hay unos 1.200 ganaderos de toros de lidia, que generan al año unos 37.000 toros para ser lidiados en más de 3.300 plazas (fijas y eventuales) y generan un negocio anual estimado en unos 2.500 millones de euros, del que se mantienen unas 15.000 familias.
De esa cantidad, unos 1.350 millones de euros proceden de la actividad directa relacionada con la fiesta (entradas, toros, almohadillas, derechos de imagen, carne, etc.), mientras que el resto se debe a toda la actividad adicional: bares, transporte, taxidermia, etc. En total, el 70 por ciento de los municipios que existen en España (unos 5.600) celebran cada año 17.000 festejos taurinos de todo tipo, tamaño y color.
Ésas son las grandes cifras. La realidad dice que la situación no es tan beneficiosa como pudiera parecer. El negocio es deficitario en la mitad de las plazas y los millones de más que se llevan medio centenar de figuras y los hierros de moda es dinero de menos para cientos de ganaderos, apoderados y matadores que viven como pueden a la espera de una oportunidad, en manos de la suerte.
¿Cuánto vale un toro ? El precio de un astado es volatil y depende no sólo de factores objetivos, sino también de los pasionales que genera esta práctica.
Siempre depende del hierro, la categoría, la edad, el tipo, el trapío, etc... contando con que la bravura, más o menos, se le supone. Incluso los ganaderos más prestigiosos no dan nunca el precio de un toro hasta que no se lo enseñan al cliente: si ve los fallos o no le gusta, tendrá un precio; si no los ve y se emociona con la presencia y los cuernos, tendrá otro.
Un hierro de primera puede permitirse cobrar por un toro sin defectos una media de entre 5.000 y 6.000 euros, aunque los hierros más afamados pueden duplicar y triplicar ese precio con facilidad en una plaza de primera o en cualquier otra que esté dispuesta a pagarlo.
Pero no nos engañemos, por más renombre que tengan, los que ganan de verdad dinero con sus toros de primera se cuentan con los dedos de las manos.
Tras ellos está la que puede ser la segunda división del negocio de la ganadería, normalmente ubicada en la Asociación de Ganaderías de Lidia. Los precios cambian y se colocan prácticamente en la mitad que los anteriores como media, y muy por debajo cuando se trata de vender toros de capea a los pueblos, intermediar con corridas o novilladas de otros hierros o simplemente vender toros para que los toreros entrenen y "toquen pelo" antes de temporada.
Eduardo Martín-Peñato, presidente de la Asociación, se queja amargamente de la falta de poder que en la fiesta han sufrido los ganaderos.
Hace cuarenta años, el ganadero decidía los toros que llevaba a una plaza y el orden en que se toreaban. "Por eso se decía lo de no hay quinto malo, porque era en el que más confiaba el criador; por si acaso, siempre le quedaba el sexto", explica.
Ahora, las figuras y sus apoderados son los que marcan los toros que más le convienen a su arte. La elección es comercial.
El reflejo económico de esa pérdida de poder histórica es brutal y explica la difícil situación de las explotaciones ganaderas de lidia: sólo 60 de los 1.350 millones de euros que mueve la fiesta llegan a manos de los ganaderos.
Además, mantener este negocio en caída libre es costoso. La cría del toro de lidia se enfrenta a unos costes nada desdeñables y difíciles de aguantar si no se maneja un buen volumen de reses bravas (toros y vacas). El pienso se ha disparado y la sequía no permite buenos pastos en invierno.
Con un buen regateo, una fiesta de pueblo con seis toros y tres vacas puede sacar el lote (de segunda) en poco más de 12.000 euros, más los portes.
Si en esos precios tenemos en cuenta que criar un toro tres o cuatro años tiene un coste de unos 1.000 euros al año, cada vaquero u operario sale por un salario bruto anual de 20.000 euros (1.500 al mes), veterinarios, caballos, mantenimiento de instalaciones, tranportes, conservación de 540.000 hectáreas de dehesas, etc... , el comido por servido es muy habitual en este negocio.
La mayor parte de los profesionales de este negocio sabe que sólo se gana dinero si se compra barato y venden muchos animales, aprovechando el precio de los mejores ejemplares para sacar el margen que no permiten los de peor estampa.
Resulta paradójico comprobar como la mayor parte de las figuras del toreo, aunque saben muy bien lo que cobran por matar dos toros en una corrida, no han firmado nunca un contrato más allá de su hipote. Lo hacen sus apoderados, pero, como al comprar toros, los datos nunca trascienden.
En términos aproximados, los diez primeros del escalafón del toreo se pueden llevar entre 120.000 y 240.000 euros por una corrida de toros en una plaza de primera, de media. Los número uno más todavía y, si se pretende entrar en la leyenda de los toros, como José Tomás, cualquier cifra que se diga es creíble.
Todo en el toreo se revela entre la gloria y la tragedia. Fuera de ese medio centenar de privilegiados matadores de toros que viven de su arte, los aspirantes a la primera línea del escalafón (que no siempre por ello rspeores toreros) tienen que conformarse con otras cantidades. Cobrar 3.000 euros en una plaza portátil de una feria de un pueblo grande es un logro para muchos de ellos. En eso, los subalternos se quedan en los billetes morados de 500 euros y el resto son propinas. Eso sin llegar todavía al nivel de la capea de pueblo, donde darle capotazos a un toro tremendo entre voces y talanqueras se cotiza en poco más de 1.000 euros, para todo.
Y entre la gloria y la tragedia, el negocio de los toros es tan versátil que existen cada día más en España los llamados ponedores, inversores que apuestan por un muchacho que tiene buenas maneras, le pagan un traje vaquero nuevo y otro de luces de segunda mano y le llevan por las plazas de segunda, pagando por que los pongan en los carteles y tenga la oportunidad de demostrar lo que vale.
Es el camino más moderno que se ha creado ahora hacia la gloria, o hacia la ruina, según se mire. Es fácil ver novilleros nuevos con una furgoneta recién comprada de pueblo en pueblo, a la espera de que alguien les ponga en una plaza más importante.
Lo que tienen que hacer es arrimarse y manejar con arte la muñeca izquierda, la del toreo al natural, también llamada la de los millones. Otra cosa es que, aunque ellos y sus ponedores se empeñen, el arte no llegue, los toros no embistan y las deudas afloren.
Empresario llaman en este mundo de los toros al gran promotor del negocio taurino, el que lleva las reses, contrata a los toreros y abre las taquillas de la plaza. Claro que no es lo mismo ganar dinero con una plaza portátil de 4.000 localidades alquilada por los pueblos de España que ser el empresario de una de las ocho plazas de primera que funcionan en el país.
La mayoría de las plazas son propiedad de los ayuntamientos,y se dan por concurso a quien organiza el evento, sin mayores controles que los de seguridad, y no siempre.
Las mezclas entre empresarios, apoderados y ganaderos para sacar más tajada del negocio son muy habituales, tanto en plazas grandes como en las medianas y pequeñas.
Es lo que Eduardo Martín-Peñato llama con términos económicos "el oligopolio de la demanda", lo que hace que la cría de toros y toda la fiesta que se genera a su alrededor no se fundamente en los principios de la calidad y el arte, sino con parámetros comerciales de búsqueda de la máxima eficiencia con el menor coste.
Ese vicio lo pagamos todos los españolitos, y entre ellos abundamos los que no queremos divertirnos maltratando animales.
Si ponemos en relacion las subvenciones recibidas con lo que genera este mundo al estado, veremos como eso de que lo pagamos todos no es mas que una tonteria. Podria ser un articulo interesante para este periodico, estudiar seriamente los flujos monetarios del mundo de los toros.
Joselee...., viva Ejjjjjjjpaña....moderna.¿Vas al trabajo (si trabajahhhh...) vestido de torerito.., como creen algunohhh guirihhh...?
Así es, sería muy interesante saber cuanto de este dinero es subvencionado directamente por nuestros impuestos, aunque lo cierto es que si no estuviera subvencionado sería la misma barbaridad salvaje y cruel.
De acuerdo con lo que dices Alberto "seria la misma barbaridad salvaje y cruel" lo que pasa es que si no hubieran subvenciones las corridas de toros ya habrian desaparecido.Los ganaferos lo sabe bien que tienen dos subvenciones europeas : una por ganado bovino y la segunda por toro de lidia...mientras pequeños ganaderos de carne de vaca quiebran o a penas se aguantan porque a ellos solo les dan una unica subvencion!. Has visto los millones que se gastan los ayuntamientos en reparar o construir plaza de toros? Sabiendo que la aficion disminuye entre los jovenes, que la oposicion aumenta y siguen dilapidando, haciendo pasar estas sangrias (de euros y de sangre de toros inocentes) por delante de las docenas de prioridades que todo ayuntamiento tiene de orden social, economico, sanitario o artistico. Una vez desaparecida la generacion de los del 39 las plazas se vaciaran y si se cierra el grifo de las subvenciones las corridas de toros iran antes a la basura de donde no debieron salir porque es INDECENTE que en pleno siglo XXI hayan semejantes atrocidades publicas y delante de criaturas , como es el caso, excepto en Cataluña que protege a su infancia con razon. En Francia también lo vamos a conseguir, mientras se espera el llegar a la abolicion, ni un niño francés sera llevado a ver como se tortura a un animal hasta matarlo. A los 21 años vi una corrida de toros y me traumatizo durante meses, me imagino lo que puede sentir un
peque de 7 o 10 años a quien dijeron "no le tires la cola al gato, ni pegues al perro pero mira como salta la sangre del toro que gime de dolor, mira como las banderillas aguantan hundidas en la carne, mira como le hunden la espada que no le mata aunque lo atraviesa, mira como con un puñal le hunden los sesos... eso es arte"Y todo esto para los "parametros comerciales a menos coste" Y aun los hay que nos insultan diciendo que es la fiesta nacional...La vergüenza nacional eso es lo que es la tauromaquia.
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