Energia

Los bancos financian proyectos fósiles por 115.000 millones

Los proyectos de exploración de petróleo y de gas natural, así como los relacionados con las centrales térmicas y la minería de carbón que se están ejecutando a nivel mundial, son económicamente muy costosos y las empresas que deciden embarcarse en su desarrollo dependen de la financiación de los bancos para llevarlos a efecto. No te pierdas la nueva edición de elEconomista Energía. Suscríbete gratis

El respaldo que las entidades bancarias ofrecen a este tipo de proyectos, no solo supone un riesgo económico para ellas debido a las grandes cantidades invertidas. En los últimos tiempos, y sobre todo a raíz de la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, la decisión de algunos de los bancos más importantes del mundo de apoyar diferentes iniciativas relacionadas con el uso de combustibles fósiles se está poniendo en tela de juicio y su imagen se está viendo seriamente cuestionada.

Un informe reciente patrocinado por una coalición ambiental, revela que los 36 principales bancos del mundo, destinaron 115.000 millones de dólares en financiar diferentes proyectos de combustibles fósiles en 2017, lo que supone un aumento del 11 por ciento respecto al año anterior, cuando se destinaron 104.000 millones. Entre 2015 y 2017, la cantidad total dirigida a este tipo de proyectos supera los 345.000 millones de dólares.

Royal Bank of Canada (RBC) ha sido la entidad bancaria que más dinero invirtió en proyectos fósiles en 2017, superando ligeramente los 13.000 millones de dólares (8.800 millones más respecto al año anterior), alcanzando los 26.485 millones de dólares en los últimos tres años. Esta cifra le coloca en el segundo puesto del ranking en este tipo de inversiones por detrás de China Construction Bank que, si bien redujo en unos 2.400 millones su inversión en proyectos fósiles en 2017, se coloca en primera posición en el ranking con un total de 26.600 millones de dólares invertidos en el último trienio.

El segundo banco que más préstamos destinó a este tipo de proyectos el pasado año fue JPMorgan Chase, con 11.645 millones de dólares invertidos (4.000 millones más que en 2016) y 26.118 millones en total en los últimos tres años, pasando a ocupar la tercera posición del ranking. Por su parte, el banco canadiense Toronto-Dominion Bank (TD), con 9.097 millones invertidos en 2017 (4.800 millones más que el año anterior), se coloca en sexta posición en el ranking con más de 17.500 millones en el último trienio.

Más dinero para las arenas bituminosas

Según el informe, gran parte de este aumento se ha visto impulsado, principalmente, por el incremento en el número de nuevos préstamos para la extracción de petróleo mediante arenas bituminosas en el Estado canadiense de Alberta, así como para la financiación de proyectos relacionados con el carbón. En el caso de las arenas bituminosas, los datos indican un crecimiento del 111 por ciento en 2017, lo que se traduce en cerca de 48.000 millones de dólares invertidos, de los que cerca del 60 por ciento (unos 27.000 millones) salieron de las arcas de RBC, TD y JPMorgan Chase.

Las arenas bituminosas de Alberta son la tercera mayor reserva de petróleo crudo recuperable. A diferencia de otros proyectos petroleros, su inversión inicial es elevada, pero sus costes de operación son relativamente bajos, de modo que los precios del petróleo tendrían que caer de forma importante para que las empresas decidieran reducir la producción de los proyectos existentes; algo que, desde luego, no va a suceder a día de hoy, habida cuenta del incremento experimentado en su cotización. El informe señala que la producción de arenas bituminosas crecerá de manera gradual hasta 2030.

Por lo que respecta al carbón, mientras que los bancos chinos han disminuido su apoyo financiero en los últimos tres años (aunque siguen ocupando los primeros puestos del ranking), algunos bancos europeos y norteamericanos han tomado el camino contrario y han decidido aumentar la cantidad destinada a la minería de carbón y la energía del carbón. Aunque la financiación en ambos sectores se ha estabilizado en los últimos tres años, la energía del carbón sigue siendo uno de los más financiados, con un total de 94.000 millones invertidos entre 2015 y 2017.

Las tres entidades bancarias fuera de China que más dinero destinaron en 2017 a este tipo de proyectos fueron Goldman Sachs, que invirtió 1.200 millones de dólares más respecto a 2016; seguida muy de cerca de Credit Suisse y JPMorgan Chase, que aumentaron su inversión en 1.000 millones cada una.

El resto de los 115.000 millones en proyectos fósiles en 2017 se destinaron a financiar el petróleo del Ártico y el obtenido en aguas ultra profundas, con cerca de 13.000 millones invertidos (53.000 millones en total en el último trienio), con CIBC, RBC y BNP Paribas como las entidades que más incrementaron el dinero invertido en el primer caso y con HSBC, JPMorgan Chase y Citi, en el segundo. Los bancos también financiaron con casi 8.700 millones de dólares actividades de empresas con enormes terminales de exportación de Gas Natural Licuado (GNL) en América del Norte, superando los 45.000 millones en los tres últimos años, con Société Générale, Morgan Stanley y MUFG como los principales bancos inversores.

El Banco Mundial, un ejemplo a seguir

La falta de políticas integrales de la mayoría de entidades bancarias sobre combustibles fósiles, podría llevar a un aumento progresivo de la financiación en los próximos años e, incluso, acelerarse. El sector financiero, señala el informe, juega un papel importante para poner fin a la expansión de este tipo de proyectos.

La decisión tomada por el Banco Mundial durante la Cumbre de París, celebrada en diciembre pasado, de dejar de financiar cualquier proyecto relacionado con el petróleo y el gas -a excepción de los países más pobres por los beneficios en términos de acceso a la energía-, podría animar al resto de entidades financieras a cambiar su línea de financiación, tal y como sucedió en 2013 cuando la entidad bancaria estableció una política para restringir os créditos al carbón. A partir de ese momento, docenas de instituciones públicas y privadas han seguido su ejemplo.

Pero el Banco Mundial no es la única institución financiera que ha decidido evitar la inversión en combustibles fósiles. Unos meses antes, concretamente en junio del año pasado, el banco holandés ING descartó la financiación de proyectos para la producción y transporte de arenas bituminosas, excluyendo explícitamente proyectos como el de Keystone XL. Unas semanas después, el banco holandés anunció que reduciría progresivamente sus préstamos a cualquier empresa con más del 5 por ciento de su energía proveniente del carbón.

Algunos bancos europeos como BNP_Paribas, BPCE/Natixis, Crédit Agricole y Société Générale y la aseguradora gala Axa, han decidido restringir su financiación a proyectos de arenas bituminosas. En el caso de Axa -la segunda compañía de servicios financieros más grande del mundo por ingresos- la decisión también la ha hecho extensiva al negocio del carbón. Por otra parte, el banco central de Noruega ha propuesto que el Fondo Global de Pensiones del Gobierno venda sus acciones en petróleo y gas, tal y como se está haciendo en Estados Unidos e Irlanda.

En febrero de este año, la Universidad de Edimburgo anunció que el fondo destinado a educación -el tercero mayor en el Reino Unido- se desharía de sus acciones en compañías de petróleo y gas. La dotación ya se había desprendido de las procedentes de arenas bituminosas y del carbón, al igual que habían hecho las otras dos dotaciones universitarias más importantes, Oxford y Cambridge.

El Santander, en el puesto 27 del ranking

Aunque el Banco Santander ha acumulado en los últimos tres años una inversión de 4.241 millones de dólares en proyectos fósiles, lo cierto es que la empresa española ha reducido significativamente dicha inversión en el último año. Solo en 2016, la entidad bancaria presidida por Ana Botín, destinó cerca de 2.600 millones de dólares, es decir, el 60 por ciento de la cantidad total invertida en el último trienio. En 2017, la cifra se redujo hasta los 816.000 millones, en línea con la inversión en 2015.

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