Antonio Villarroel: "Sería claramente perjudicial que la UE dejase en manos de los Estados la legislación sobre la edición genética"

7/05/2018 - 17:42

Antonio Villarroel, secretario general de Anove, defiende el "importante papel" que van a tener las empresas obtentoras en el desarrollo de nuevos productos agroalimentarios "porque la mejora genética es ya el principal valor añadido en muchos cultivos"

-¿Por qué un agricultor debe usar semilla certificada? ¿Qué ventajas obtiene pese a triplicar el precio del grano?

El marco normativo de la UE considera que la semilla es un insumo esencial para la agricultura, y por ello define unos procesos de producción que aseguran el origen, trazabilidad y calidad de toda la semilla, como requisito previo a su comercialización. Es por la existencia de esos procesos de control, que supervisan las administraciones, por lo que la semilla legalmente producida se denomina "certificada". Por ello, su calidad está garantizada en todos los parámetros que inciden en la producción: homogeneidad, pureza, germinación, ausencia de enfermedades, malas hierbas, etc. Las ventajas para el agricultor son evidentes, en términos de seguridad de rendimiento -germinación, pureza- y sanidad -disminución de enfermedades y malas hierbas-, además de la inversión que contribuye al sostenimiento de la mejora genética. Todo ello incide en su coste, que no es en modo alguno comparable con el de un grano cosechado por el agricultor. Si a ese grano se le añaden los costes de selección -con mermas que superan el 20 por ciento-, tratamiento, desplazamientos, almacenamiento, etc., todos ellos incluidos en la semilla certificada, y se consideran las dosis de siembra -menores con la certificada-, la diferencia de coste para el agricultor es mínima.

-¿Cómo responden a las críticas de una parte de los agricultores respecto al convenio marco sobre el reempleo de granos? ¿No podían haber reducido la contribución ante la catastrófica campaña?

La recepción del convenio marco por la gran mayoría de agricultores ha sido positiva, porque entienden que se trata de un acuerdo que facilita y simplifica el cumplimiento de una obligación legal en toda la UE, como es la de remunerar a los obtentores cuando se reemplean variedades protegidas. Es importante recordar que esa obligación existe en la UE desde 1995, y que el convenio no ha añadido ninguna carga, por el contrario, ha simplificado y abaratado para los agricultores su cumplimiento. Además, se trata de un convenio voluntario para los agricultores, como voluntario es también el uso de variedades protegidas. Precisamente en campañas tan duras como la pasada se hace necesario insistir en la importancia de la mejora genética como herramienta para afrontar condiciones tan difíciles y variables como las nuestras. El coste para el agricultor es mínimo, ya que la contribución por reempleo no llega siquiera al 0,2 por ciento de los costes de producción por hectárea del cereal. La inmensa mayoría de agricultores y cooperativas europeas han expresado repetidamente la necesidad de disponer de mejores variedades y su apoyo a la labor de los obtentores, por medio de instrumentos sencillos y equitativos como el convenio marco español.

-¿En qué grado tienen asumido las empresas de semillas el desafío de producir más con menos recursos naturales?

La sostenibilidad constituye desde hace varios años una prioridad absoluta de los programas de mejora genética. Las empresas son conscientes del reto de atender una demanda creciente de alimentos por el aumento imparable de la población, al tiempo que se preservan los ya escasos recursos naturales que disponemos. Se ha avanzado mucho en este camino, y son numerosos los estudios que demuestran la eficiencia de las nuevas variedades, en los principales cultivos como el maíz, trigo, tomate, algodón, etc., en ahorros de agua, energía, suelo, etc., al tiempo que se han incrementado exponencialmente los rendimientos.

-¿Cuánto le cuesta realmente a una compañía de obtención vegetal el desarrollo de una variedad en términos de inversión y tiempo?

-Existen variaciones importantes dependiendo de los cultivos: hay ejemplos como el tomate, donde poner en el mercado una nueva variedad que sea competitiva comercialmente puede costar hoy más de 3 millones de euros a la empresa de semillas. En los cultivos técnicamente más avanzados como el tomate existe una enorme inversión tecnológica, con múltiples especificaciones técnicas como resistencias a enfermedades, productividad, cualidades organolépticas, de presentación, etc. Por eso se ha llegado a decir que hay más tecnología en un tomate moderno que en un iPhone. En otros casos, como los frutales, esas cantidades se reducen bastante, aunque sin embargo el tiempo de selección puede alargarse mucho por los ciclos de cultivo. De forma general, podemos hablar de un coste medio entre 1 y 2 millones de euros, y entre 10-12 años de trabajo para poner en el mercado una nueva variedad.

-¿Cómo se puede comunicar de manera eficiente el valor de innovar en variedades vegetales?

La comunicación es un reto muy importante para nuestro sector, ligado a la imagen y percepción de la agricultura moderna en general. El público en general desconoce el origen de los alimentos que consume, y se ha forjado una imagen idealizada e infantil de la agricultura y la vida en el campo. En ese paradigma, se adoran conceptos tan imprecisos como el de "natural", y se desconfía de la tecnología, cuando nunca en la historia ha dispuesto nuestra sociedad de una oferta semejante de alimentos, tan variada y segura, y a un precio tan reducido. Y ello ha sido posible gracias a la ciencia y la tecnología, lo que al final se traduce en un incremento sin precedentes en las expectativas de vida en países como España.

-Ya es tendencia en el sector hortofrutícola el crear marca de consumidor ("consumer brand") para acrecentar el valor de frutas y verduras en el lineal. ¿Ya no es competitivo producir barato?

En nuestro país, con costes de producción elevados propios de un país del primer mundo, tratar de competir sólo por precio me parece que sería una estrategia suicida. Como vemos en los lineales, el mercado está totalmente globalizado y siempre va a haber alguien que produzca más barato que tú. En mi opinión, la única estrategia posible se basa en la innovación y la calidad, con productos nuevos y distintos. Y en ese entorno, la segmentación y el branding en frutas y verduras es una tendencia que se consolidará en los próximos años. Es necesario además satisfacer las demandas de los consumidores, que muchas veces se consideran defraudados porque el producto no cumple sus expectativas. A granel, sin una marca o referencia clara, es muy difícil para el consumidor identificar y distinguir un producto bueno frente a la competencia. El mercado nos muestra casos de éxito, que han llegado hasta el punto de reinventar completamente productos como las sandías o las uvas sin semilla, y que hoy, gracias a la disponibilidad de referencias comerciales claras e identificables, están provocando un incremento muy notable en el consumo.

-¿Es cierto que las cadenas de distribución están encargando a la carta directamente a las empresas genetistas nuevas variedades vegetales?

Personalmente no me consta, aunque depende de lo que entendamos por "encargos a la carta". Las cadenas de distribución tienen un peso muy grande en el mercado de frutas y hortalizas, y sus requerimientos, explícitos o implícitos, están necesariamente presentes en los objetivos de las empresas de mejora, aunque en la gran mayoría de casos no se trata de "encargos" directos, sino sencillamente de que cada eslabón de la cadena traslada al anterior sus requerimientos y viceversa. Por ello, la distribución expresa sus requerimientos a sus proveedores (exportadores, etc.), y estos a los agricultores, quienes a su vez los trasladan a las empresas de semillas. De todas formas, para las empresas de mejora siempre es un reto lograr variedades que sean amigables al conjunto de la cadena y atiendan los requerimientos distintos de cada eslabón, desde los viveros-semilleros y los productores hasta los supermercados y el consumidor final.

-¿Cree que la estructura actual de la cadena agroalimentaria, con más poder en el eslabón último, que es la distribución, va a tener el contrapeso de las empresas proveedoras de insumos, como los obtentores vegetales?

No creo que el rol de nuestras empresas pueda definirse en términos de contrapeso ningún otro eslabón de la cadena, pero, indudablemente, las empresas obtentoras van a jugar un papel muy importante en el desarrollo de nuevos productos, porque la mejora genética es ya el principal factor de valor añadido en muchos cultivos. La creciente atención que muchos operadores comerciales están prestando ya hoy a las nuevas variedades, con movimientos ascendentes para tratar de capturar ese valor, así lo demuestra a mi juicio.

-En este panorama, ¿va a quedar el agricultor aún más vulnerable que ahora, cuyos precios en origen no cubren, en muchos casos, los costes de producción? ¿Son las empresas de semillas sus aliados naturales?

El agricultor en una economía avanzada como la española está obligado a pensar en términos empresariales, reconociendo sus fortalezas y debilidades y adatándose a los requerimientos de su entorno. Como decía antes, la estrategia de producir barato creo que no tiene futuro, y que las armas para competir serán la innovación, la calidad y los nuevos conceptos. Esto facilitará el establecimiento de alianzas y proporcionará muchas oportunidades de colaboración entre obtentores y agricultores, de lo que ya tenemos varios ejemplos de éxito en el mercado.

-Perdido el tren de los OMG en la Unión Europea, la tecnología disruptiva de edición genómica que es CRISPR es la alternativa en la genética vegetal. ¿Cómo se legislará finalmente por la UE? Desgraciadamente, no tenemos seguridad en esta materia. La UE parece decidida a dejar la decisión a los estados miembros, lo que, además de suponer una división normativa y una ruptura del mercado interno claramente perjudicial, plantea problemas graves de aplicación, porque en muchos casos, los productos desarrollados por medio de estos métodos innovativos simplemente son indistinguibles de los producidos de forma "natural", esto es, sin intervención humana. Nos parece mucho más práctica e inteligente la posición adoptada por los EEUU, definiendo la regulación aplicable por las características del producto obtenido, y no por las técnicas usadas.

-Las grandes empresas obtentoras son compañías multinacionales. ¿Falta iniciativa privada en España o es falta de recursos?: El sector obtentor es mucho más amplio de lo que el público en general imagina: junto a las grandes compañías multinacionales -que están centradas en unos pocos cultivos-, hay centenares de empresas medianas y pequeñas, compañías familiares, cooperativas, etc. Además, están los centros públicos de investigación, cuya labor es fundamental en la investigación básica. Por otra parte, España es uno de los polos más importantes del mundo en obtención vegetal, muy especialmente en el sector hortícola, con 20 centros de investigación Almería y Murcia, donde se hallan presentes prácticamente todas las empresas que innovan a nivel mundial. En otros cultivos como los cereales la situación es muy diferente, con tan sólo un par de programas de investigación en España. Pero en este caso el problema se halla en la falta de rentabilidad, porque los programas de cereales se financian básicamente con royalties, ya que las semillas se producen bajo licencia por empresas productoras locales, o son reutilizadas por los propios agricultores. Si no conseguimos explicar y convencer a todos esos agricultores de la necesidad de invertir en innovación y nuevas variedades, es muy difícil mantener los programas de mejora en cereales.

-Algunas organizaciones agrarias ven excesivas as condenas por uso ilegal de semillas...Se trata de casos graves que llevan aparejadas infracciones tributarias o riesgos fitosanitarios y que ponen en riesgo a los agricultores profesionales e incluso al consumidor. En ningún caso se persigue a "simples agricultores", porque el uso de estas semillas no está castigado por la Ley, sino a operadores, o incluso agricultores, que se enriquecen ilícitamente reproduciendo y vendiendo semillas y plantas ilegales.


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