Economía

El desplome del peso presagia una recesión en Argentina y una crisis política

Cincuenta años de crisis monetarias en países emergentes que van desde Chile hasta Indonesia son una clara señal de un panorama desalentador para Argentina y su presidente Mauricio Macri. Todo hace indicar que se acerca una profunda recesión seguida de inestabilidad política.

Los países que han experimentado una caída de su moneda de más del 40% en un año generalmente han sufrido recesiones de más del 6% al año siguiente. El peso argentino ha caído un 53% en los últimos 12 meses. Este descenso sin duda incrementará aún más la inflación que ya se encuentra en el 35%. La fortaleza del dólar y las debilidades de algunos países emergentes son un clásico que se viene reproduciendo en las últimas décadas de forma sistemática.

El rápido incremento de los precios tienen un coste para la economía y, sobre todo, para las partes que tienen más dificultad para mantener sus ventas tras elevar los precios, o para los trabajadores que tienen menor poder de negociación. El consumo y la inversión se pueden ver seriamente castigados.

Mientras el Gobierno argentino se enfrenta a grandes dificultades para restaurar la confianza de los inversores, la financiación externa se ha cortado en seco y los costes de endeudamiento se han disparado, estancando la inversión y socavando lo que ya era una economía frágil. La única pregunta es cómo de grande será la recesión. Moody's proyecta una contracción de un 2% en cada uno de los próximos dos años, mientras que Fitch Ratings estima una recesión de un 2,5% para este año, con serias posibilidades de que sea mayor.

"La liquidación de divisas ya ha tenido un gran impacto negativo en la confianza", señala Todd Martínez, analista de Fitch en Nueva York. "Significa una mayor inflación de cara al futuro, lo que deteriora las pensiones y los salarios reales, y afectará el consumo".

La contracción ya comenzó. La producción industrial se desplomó un 5,7% en julio respecto al mismo mes del año anterior, después de haber caído un 8,1% en junio.

Consecuencias políticas

Las recesiones brutales tienen consecuencias políticas inevitables. La crisis de 1982 en Chile significó el comienzo del fin para el dictador Augusto Pinochet, la crisis de México en 1994 debilitó el control del poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y el colapso de Indonesia en 1997 provocó la caída del presidente Suharto un año después.

Las protestas en Argentina en 2001 obligaron al presidente Fernando de la Rúa a huir del palacio presidencial en un helicóptero. El presidente Macri tendrá elecciones el próximo año.

Sin embargo, es poco probable que esta vez la recesión sea tan profunda como la crisis de 2002, cuando Argentina incumplió su deuda, los bancos colapsaron y el PIB se contrajo un 10,8%. Por un lado, gran parte de la deuda corporativa denominada en dólares en Argentina fue emitida por compañías con importantes beneficios en la moneda estadounidense.

"El elemento positivo de esto en comparación con otras crisis monetarias anteriores es que no hay un alto grado de desajuste en términos de crédito para el sector privado", sostiene Martínez en una entrevista. "Esta es una crisis monetaria que no muestra señales de contaminar el sector financiero".

Respuesta de política

Sergi Lanau, economista jefe adjunto del Instituto de Finanzas Internacionales, incluso piensa que Argentina podría salir de la recesión ya el próximo año después de acordar una línea de crédito de 50.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional.

"Esta crisis es muy diferente, porque en 2002 Argentina tenía un tipo de cambio fijo y una relación muy difícil con el FMI", explica Lanau. "Ahora, no existe el mismo tipo de riesgo". La rapidez con que Argentina se recupere dependerá de la respuesta de Macri en términos de política. Los fuertes recortes de gastos ahora llevarán a la economía a una recesión profunda, pero también pueden restablecer la confianza de los inversores más rápidamente, permitiendo que la inversión privada vuelva a la economía.

Sin embargo, dado que se avecina unas elecciones a finales del próximo año, es posible que los fuertes recortes fiscales no sean aceptables desde el punto de vista político. Estudiantes que protestaban por los recortes del presupuesto universitario cerraron el miércoles la principal avenida de Buenos Aires, mientras que camioneros en huelga bloquearon el lunes el acceso a un importante puerto de cereales en el norte de Argentina.

"Hay dudas de que el gobierno tenga la capacidad de implementar un ajuste en un año electoral", comenta Lanau en una entrevista realizada en Ciudad de México. "El riesgo político ha aumentado y han debido tomar medidas difíciles que no se habían previsto originalmente".

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