Economía

Bruselas certifica la ineficacia del plan británico para desbloquear el 'Brexit'

  • La UE ve posible un pacto comercial, pero Londres aspira a más

El reinicio de las negociaciones del Brexit ha demostrado que la demandada presentación de un plan de futuro por parte de Reino Unido no ha supuesto la panacea necesaria para desbloquear el proceso.

Aunque la ronda finalizada ayer fue más a nivel técnico, sin la presencia de los jefes de las respectivas delegaciones, los dos días de reunión fueron suficientes para confirmar que las partes están divididas por algo más que el Canal de la Mancha: el sudoku de cómo evitar una frontera con Irlanda permanece y la solución de Theresa May para la salida de la unión aduanera, que propone que Londres recaude los aranceles en nombre de Bruselas, ha sido ya descartada por el continente.

Con todo, la primera ministra británica tiene un filón por explorar, ya que la UE no ha desechado completamente el acuerdo alcanzado por su Gobierno tras el maratoniano retiro en la residencia oficial de Chequers a principios de julio. El mismo documento que había provocado dimisiones de perfil alto, como la del ministro del Brexit, o el de Exteriores, está considerado por las autoridades comunitarias como un punto de partida. Aunque no abiertamente, todos los implicados asumen la necesidad de aceptar concesiones y la UE cree que las sugerencias contenidas en el Libro Blanco del Brexit pueden suponer el germen de un acuerdo.

El problema es que Reino Unido no parece haber entendido todavía que abandonar el bloque acarrea consecuencias significativas. Su aspiración de mantener lazos lo más estrechos posibles se parece demasiado a la plena pertenencia al club, la misma a la que había decidido poner fin en el referéndum de junio de 2016. Además, Bruselas tampoco está dispuesto a arriesgar una integración que ha llevado décadas construir y su prioridad es defender las cuatro libertades que sustentan el mercado común: bienes, capital, servicios y personas.

De ahí que planteamientos británicos como la interacción en materia de bienes, pero no de servicios, genere una perjudicial cacofonía cuando se escucha en Europa. Ayer mismo, durante el debate de la futura relación post-Brexit, la falta de sincronía resultó evidente, si bien nada realmente queda fuera de la mesa hasta que los respectivos responsables de la negociación lo den por perdido.

Campaña de persuasión

Esta influencia potencial es precisamente es lo que ha llevado a Reino Unido a organizar una campaña de persuasión directa en las diferentes plazas que integran los Veintisiete. Desde el titular de Exteriores, quien goza de un margen de maniobra mayor que su antecesor, al de Negocios, los ministros de May se han recorrido el continente con un objetivo fundamental: alinear a la Comisión y vender el plan de Chequers. Su capacidad de convicción será puesta a prueba en un mes en la cumbre de inmigración.

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