Londres se pliega a los términos de Bruselas para la negociación

  • Reino Unido acepta no hablar todavía de los acuerdos de la asociación futura
Imagen: Reuters.

La UE y Reino Unido arrancaron ayer oficialmente las negociaciones para acordar una salida ordenada del país del bloque comunitario. Tras la dureza de las semanas previas, el cruce de advertencias y veladas acusaciones, los negociadores jefe, Michel Barnier por el lado de la Unión y David Davis por la parte británica, expresaron gestos de proximidad y buenas intenciones en la apertura de lo que se espera que sea un tortuoso y difícil divorcio. Las seis claves para entender el adiós británico a la Unión Europea

Como en toda negociación, la lectura se reducirá a quién gana y quién pierde. Ayer, los 27 socios que quedarán pueden darse por satisfechos. Londres aparcó su demanda de negociar al mismo tiempo su salida y el nuevo marco de asociación, y aceptaron las tesis europeas.

Esto es, ambas partes hablarán primero de los derechos de los ciudadanos de cada parte en el territorio de la otra, la frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda y la factura que tendrá que liquidar el Gobierno británico. Solo una vez que haya acuerdo en estos puntos, Bruselas y Londres negociarán la nueva asociación.

Davis indicó que la frontera con Irlanda fue el tema que más tiempo consumió en esta primera ronda. Aunque ambos lados coinciden en querer lograr una solución, resulta complicado técnica e incluso políticamente implantar una frontera porosa con un futuro país tercero.

A pesar de que el mal resultado de Theresa May en las pasadas elecciones británicas había resucitado la posibilidad de una salida blanda de la UE, Davis confirmó ayer que abandonarán el mercado común y la unión aduanera.

A pesar de su firmeza, el encuentro reflejó las pocas bazas que las islas tienen en la negociación. Una de las escasas cartas con las que cuentan es levantarse de la mesa sin acuerdo, pero los más damnificados serían los británicos al perder el acceso al mayor bloque comercial del mundo en buenos términos. Manteniendo un tono conciliador, Barnier dijo ayer que "un acuerdo justo es posible y, de lejos, mejor que la falta de acuerdo". Pero advirtió que no habrá espacio para las concesiones. "Son ellos los que decidieron irse, no lo contrario", por lo que Londres tiene que asumir su "responsabilidad".

Debilidad confirmada

Para Reino Unido, la primera toma de contacto ha sido una bocanada de realidad. Tras meses asegurando que las conversaciones del divorcio discurrirían en paralelo a las del nuevo encaje comercial, no ha tenido más remedio que aceptar lo que la Unión Europea le ha impuesto como única secuencia para la negociación. El ministro del Brexit intentó retorcer las ambigüedades retóricas, pero las hemerotecas le han recordado las palabras con las que anticipaba la "batalla del verano", de no aceptar Bruselas la simultaneidad planteada.

La disparidad no pasó de la reunión inicial, lo que al norte del Canal de la Mancha se ha interpretado como la evidencia de la debilidad que le confiere el papel de quien abandona el club, como recordó ayer Barnier. El paso más significativo de Londres a corto plazo será el lunes, cuando presente su plan para garantizar los derechos de los ciudadanos comunitarios


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