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Sudoku: Juega cada día a uno nuevo
El tiempo: Consulta la previsión para tu ciudadBarack Obama ha instado al Congreso a que apruebe la reforma del sistema financiero, pero la oposición ha dejado claro que, al igual que la batalla por la reforma de salud, ésta tampoco será un camino de rosas.
La aprobación de la reforma sanitaria el mes pasado, difícil como fue, insufló bríos a la Administración Obama y revitalizó a la base demócrata, pero ahora la pregunta en boca de muchos es si esa victoria ayudará a la Casa Blanca a sacar adelante la reforma financiera.
"Mi esperanza es que demócratas y republicanos encuentren un terreno común y avancen juntos. El costo de la inacción será demasiado grande", manifestó Obama en su discurso radiofónico de los sábados.
La reforma financiera, a debatirse en el pleno del Senado la próxima semana, es la siguiente prioridad política de Obama, quien reiteró que la crisis económica tuvo, entre otros, origen en el sector financiero.
Según Obama, la reforma protegerá como nunca antes al consumidor y obligará a los grandes bancos y compañías de tarjetas de crédito a suministrar información clara sobre sus productos y servicios.
Al enarbolar la causa de la reforma del sistema regulador de Wall Street, Obama ha tenido buen "olfato": la mayoría de las encuestas demuestra un gran apoyo a tal reforma.
Ante los débiles indicios de una reactivación económica, esas encuestas reflejan un desdén por Wall Street -en particular por las jugosas bonificaciones de sus ejecutivos- y cualquier repetición de los millonarios rescates bancarios a costas de los contribuyentes.
Sin embargo, los republicanos, que ofrecieron un muro de resistencia a la reforma de salud, han adoptado el eslogan de "rescates perpetuos" para desvirtuar la legislación del senador demócrata Christopher Dodd, aprobada sin ningún voto republicano en el Comité de la Banca.
Obama ha dicho que vetará cualquier medida que no imponga límites al mercado de derivados, que contribuyeron a la crisis económica cuando sus valores sufrieron una estrepitosa caída durante la crisis hipotecaria.
Los derivados son sofisticados instrumentos financieros ideados como un seguro contra los altibajos en los precios o las cotizaciones pero, por su naturaleza, estos contratos puedan generar gigantescas pérdidas o ganancias.
Se llaman "derivados" porque su rendimiento se deriva a su vez del rendimiento de otros bienes que se negocian en el mercado, por ejemplo, bonos del Gobierno, materias primas, hipotecas y acciones.
Estos derivados, que alimentan el capitalismo global, se popularizaron en la última década como mercados no regulados de apuestas y especulación, lo que les situó en el epicentro de la crisis en Estados Unidos.
La legislación ante el Senado prevé que el Gobierno, por primera vez, regule el mercado de derivados; establece un consejo para detectar amenazas al sistema financiero, y pone en marcha una agencia de protección al consumidor de cara a las instituciones financieras, entre otros elementos.
Los 41 republicanos en el Senado, en una cámara de cien escaños, han prometido mantener un bloque unido en contra de la reforma.
El líder de la oposición republicana en la Cámara Alta, Mitch McConnell, cree que la legislación institucionaliza "los perpetuos rescates de los bancos de Wall Street con fondos de los contribuyentes".
Los republicanos, que por ideología se oponen a la injerencia del Gobierno en el libre mercado, se quejan de que las mayores regulaciones terminarán asfixiando "a los pequeños negocios y bancos comunitarios", según indicaron el viernes en una carta al líder de los demócratas en el Senado, Harry Reid.
Uno de los puntos de discordia es la creación de un fondo privado de 50.000 millones de dólares, a financiarse por los grandes bancos, para paliar cualquier fracaso bancario en el futuro.
La Cámara de Representantes ya aprobó su propia versión de la reforma financiera, que tendrá que ser homologada con la que salga del Senado.
El debate sobre la reforma y sus componentes también ha causado divisiones entre los economistas de todo el espectro político en EEUU, pero si en algo coinciden es en que, como están las cosas, si llegase a ocurrir un colapso financiero, otros rescates serían inevitables.
La Casa Blanca, cuya estrategia con cada legislación ha sido ablandar a la oposición aunque no logre arañarle un sólo voto, se prepara para esta batalla y, en clara alusión al desastre provocado por Wall Street, Obama dijo hoy que "no podemos dejar que se repita la historia".
Con o sin apoyo republicano, "de una u otra manera saldremos adelante. Este asunto es demasiado importante", sentenció Obama.
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